Página/12 | Opinión
El Presidente y su entorno continúan fabricando brumas en pos de aprovechar la neblina y recuperar la iniciativa perdida, evitando que el tema central del debate sea la realidad social y económica, a sabiendas que esta situación es generada por su modelo de ajuste sin fin, endeudamiento crónico y destrucción de los ingresos y la industria nacional. Así, manchado por las corrupciones de sus funcionarios más íntimos, con una imagen negativa que enturbia y lo aleja de su afán reeleccionista, ordena un nuevo envío de proyectos de ley que, en el supuesto que avanzaran, seguirán dando forma al reemplazo de normas progresistas por otras regresivas. Tras la humareda, el gobierno se propone asumir el reclamo de las corporaciones, inventando proyectos a granel: desempolva la idea de la ley con nombre engañoso “Hojarasca”, impulsa la inviolabilidad de la propiedad privada que habilita desalojos exprés, fija nuevas reglas de expropiación, levanta restricciones a los capitales extranjeros para la compra de tierras y modifica la Ley de Manejo del Fuego. En otro orden, presentará un proyecto de reforma electoral para modificar la institucionalidad política, alterando las formas de financiamiento, especula con eliminar las PASO imaginando que daña la perspectiva de unidad de la oposición. Vuelve con Ficha Limpia y un proyecto que convalidaría el reclamado Tratado de Patentes con los EEUU. No podría faltar un pago infamante a los fondos Buitre que viene desde el default del 2001. También va por una nueva ley para desfinanciar la atención a la discapacidad y al sistema universitario, a pesar del fuerte reclamo de la comunidad educativa. Finalmente, ya que está, sumarían un proyecto de salud mental en clave oscurantista.
Los efectos del modelo son tan hirientes para la vida de las mayorías que en el establishment crecen las dudas sobre la sustentabilidad del proyecto político anarco libertario. Así, la tradicional “Tribuna de Doctrina” de la oligarquía argentina sintió la obligación de marcar línea política, pontificando en uno de sus clásicos editoriales: “preservar el rumbo, proteger Milei”. El mensaje está claramente dirigido hacia el círculo rojo, que va viendo cada vez más negra la perspectiva de su gobierno.Con similar sentido, los analistas de los medios hegemónicos aprecian un pronunciado debilitamiento del Gobierno luego del “recreíto” del triunfo electoral de octubre. Asumiendo esa realidad, realizan un esfuerzo encomiable por registrar las “asimetrías” del modelo, de clara inspiración neothatcheriana. En sus ponderaciones nunca faltan los señalamientos de los “contrastes y dualidades” del plan del Toto de Wall Street. Todos registran datos fuertes de la realidad: se va generando un crecimiento de la minería, energía, el sector financiero, diversos núcleos de propietarios de tierras y grandes exportadores de granos. En sus ponderaciones describen la caída abismal de la actividad textil, calzado, metalurgia, alimentación, la reducción severa del consumo de carne, leche, frutas y garrafas, especialmente en las zonas más humildes; el ya inocultable incremento del desempleo y el traspaso a la precariedad de trabajadores con derechos. Esos millones de empleos son la expresión decadente de un cambio estructural de las relaciones laborales, con caída del “costo laboral”, lo cual en criollo quiere decir mayores ganancias empresarias. A este esquema retrógrado lo visten con la pátina jabonosa de “modernidad”, contrastante con las “vetustas” leyes laborales que sustentan históricos derechos sociales y culturales. Lo cierto es que las sesudas “asimetrías y dualidades”, silencian el creciente desplazamiento hacia la pobreza de millones de ciudadanos. El tobogán arrastra también a sectores de clase media que ven caer su nivel de vida por la pérdida de ingresos, la imposibilidad de afrontar los crecientes alquileres y la desaparición del Estado y sus prestaciones sociales: hospitales públicos, universidades, ciencia y cultura. Como corolario imprescindible, esos reputados analistas formulan un interrogante: ¿estaremos frente a un desvío no deseado de carácter transicional que luego se reencauzará hacia un estadio más evolucionado. O bien las señaladas asimetrías constituyen un rasgo intrínseco del modelo? Frente al interrogante resulta imprescindible apreciar la cuestión básica: quienes son los ganadores y quienes los perdedores. La respuesta está a la vista. Tras estas brumas emergen los triunfadores de siempre: las grandes corporaciones capitalistas, particularmente las lanzadas a la apropiación más estratégica de la época: nuestros recursos naturales, especialmente las riquezas mineras, acompañados por la burguesía local que siempre medró con los negocios del Estado fugando sus acumulaciones a guaridas ultramarinas. Los perdedores también son los de siempre, aunque ahora la caída es más profunda y vertiginosa. El actual experimento económico, con sus componentes políticos, culturales y comunicacionales, va generando, por su carácter restaurador del modelo ultraliberal, rupturas profundas y muy dolorosas en el tejido social, incluyendo su entramado de valores y vida cultural. Este punto puede parecer enunciativo, pero en realidad expresa un elemento constitutivo de las relaciones sociales, educativas, las aspiraciones de las familias y gran parte de la sociedad argentina: la idea de que la igualdad como paradigma debe ser preservado. Se trata de una meta que puede ser lograda por la gran mayoría de nuestro pueblo.
En cuanto a la oposición, debe dejar atrás las conductas y reacciones que solo generan erosión de la ya reducida energía, imprescindible para enfrentar el poder del estalishment que, a pesar de los disparates y corrupciones presidenciales, lo sigue sosteniendo. Se dirá que “son situaciones complejas”, sin embargo ya es tiempo. Hay que aportar urgentemente a un clima colectivo fraternal que responda a la gravedad de la situación del pueblo y de la nación. La derecha política, los empresarios emblemáticos y sus diversos voceros, se lanzaron a tirarles centros al “centro” con la esperanza ante cada elección de crear algo que neutralice cualquier alternativa auténticamente popular con un proyecto político y una programática que cuestione el actual modelo económico, privilegiando la resolución de la gravísima deuda con las mayorías sociales arruinadas por el actual modelo. De eso se trata, transformar el descontento y la indignación en una visible y esperanzadora acción política.