El humo no paga las deudas

Página/12 | Opinión

Una vez más, el peso de la opinión pública y las movilizaciones, junto al desgaste del mileísmo como consecuencia de los daños de su modelo económico en el cuerpo social, fueron determinantes en los acontecimientos políticos. Los mismos congresales, quienes recientemente dieron media sanción a la grave modificación de la Carta Orgánica del BCRA, aprobaron el emplazamiento a las Comisiones, forzando a dictaminar dos iniciativas a las que el Ejecutivo se opone con pertinacia: el proyecto para dar solución a las 6 millones de personas en situación de morosidad, imposibilitadas de afrontar ese endeudamiento, y la prórroga de la emergencia en discapacidad. Estas oscilaciones legislativas fueron sucediéndose según la fuerza del rechazo de la ciudadanía; tal como se evidenció tras las multitudinarias manifestaciones por la Ley de Financiamiento Universitario. Claro que las calles y plazas de todo el país se llenaron de pueblo el 24 de Marzo, en las dos marchas multitudinarias feministas, las de las centrales obreras por el salario y muy diversas reivindicaciones culturales.

Lo cierto es que los problemas económicos continuaron por la caída de ingresos, y jubilaciones que día tras día raspan la expectativa de una parte del pueblo esperanzada en que la economía mejoraría e inclusive vendrían los mejores 18 meses anunciados por el “Toto” de Wall Street. Queda claro que no se trata de un error de pronóstico, sino de un engaño al pueblo. Esa frase del laboratorio propagandístico tiene el mismo destino que los “brotes verdes” sembrados por Prat Gay y “el final del túnel” de la ex vicepresidenta Gabriela Michetti.

Todavía está en el aire la derrota del proyecto de extranjerización de tierras que el trapo malvinero de la Scaloneta inesperadamente barrió del mapa, por su impacto en la conciencia del pueblo. Ahora se suma esta nueva caída parlamentaria que aglutinó a diversos bloques tras la iniciativa de Unión por la Patria, obligados por el clima social que demanda soluciones, y para evitar otro rayón a su imagen política. La razón de fondo que indujo a esos legisladores se encuentra en la toma de conciencia de la mayoría ciudadana, quien va asumiendo que la morosidad no es culpa suya sino una consecuencia de las políticas de ajuste, por los ingresos deteriorados por los tarifazos impagables, la caída o el debilitamiento de las paritarias, el encarecimiento de los alimentos y el transporte, la pérdida de gratuidad que otorgaba el Estado a medicamentos, y el congelamiento de las jubilaciones; todo lo cual hace realidad aquello de “no llego a fin de mes”. Otro agravante son los despidos que dejan a mucha gente sin haberes y endeudada, y tantos otros obligados a reinventarse en la informalidad, perdiendo derechos y con ingresos más bajos e inciertos. Echarle la culpa a las víctimas es una falacia que a esta altura nadie cree, por el contrario, viene generando un fuerte enojo y el rechazo a la idea de que se trata de “un problema entre privados”, como dijo el Presidente.

Ante esta realidad social, Milei se jugó a la aventura de desviar la conversación. Esa es la razón de las novedades humeantes, con mentiras sobre la situación económica pregonando éxitos inexistentes como millones de personas que salen de la pobreza y el aumento exponencial de los ingresos del sector informal; hasta el humo del giro malvinero a partir del cual intenta conectar con el auténtico sentimiento nacional de la causa Malvinas. Las motivaciones presidenciales nada tienen que ver con la soberanía, ya que sus políticas son de avasallamiento de la misma, tanto de las riquezas naturales, como su ideología manifiestamente pro thatcherista. Cierto es que existen reales intereses geopolíticos de Estados Unidos que tensionan las posiciones de Trump con sus aliados europeos. Este humo inevitablemente se irá disipando y con él la parafernalia de la “causa nacional”. El interés del Pentágono sobre el Atlántico Sur, los pasos interoceánicos, la emergencia del petróleo y gas de Vaca Muerta, la Antártida con su reserva de agua más grande del planeta, efectivamente es creciente. Inclusive EE.UU como potencia capitalista hegemónica está tentada a desplazar a su viejo aliado en plena decadencia y sancionar al gobierno laborista que le mezquina apoyo en su aventura de atacar a Irán.

Para colmo, el mentado satanás metió su mano y reapareció el misterio de los lingotes de oro. El Ejecutivo pasó de decir que los sacó para “trabajarlos” financieramente ya que “era una gran oportunidad” a lo dicho por el Ministro Caputo que “tenerlo encerrado en el país era negativo”. Como vemos, se trata de una suerte de novela negra intitulada “de encierros y oportunidades”. Ahora se desnuda otro punto: en el artículo 13 del proyecto del BCRA se incorpora expresamente la posibilidad de utilizar las reservas como garantía en operaciones de deuda, en este sentido, el oro tendría el riesgo de ser embargado por algún conflicto internacional. De allí que se pretende atornillar al directorio del BCRA con la reforma de la Carta Orgánica. Milei va tras su admirado modelo peruano en el que el Presidente del Central, hombre de los mercados, es virtualmente vitalicio.

De estas cortinas de humo negro también participa el FMI. Advertido del impacto del tema de la morosidad en la opinión pública y en el Congreso, su vocera, Julie Kozack, en una precipitada conferencia de prensa se refirió a la situación de la Argentina, su principal deudor. Su postura fue de apoyo absoluto: “por supuesto estamos monitoreando el reciente aumento de las tasas de morosidad de los hogares”, pero “no consideramos que esto suponga un riesgo significativo para la estabilidad financiera de la Argentina”. La discusión no es si está en riesgo la estabilidad del sistema financiero, que ciertamente no corre peligro, sino la vida de los hogares en mora. Nada nuevo, aunque cada vez más brutal y en línea con el discurso trumpista, el FMI es un férreo promotor del plan de ajuste mileísta, por lo tanto, su única preocupación es que se cumplan las reformas regresivas exigidas y los cronogramas de pago de nuestro país. La vida de nuestro pueblo nunca entra en la ecuación del Fondo.

Para el conjunto de las fuerzas políticas populares, democráticas y progresistas, el principal propósito es que se constituya un proyecto sustentado en la máxima amplitud, cuyas políticas públicas apunten a mejorar la vida del pueblo. Urge el debate de ideas, a los efectos de que surjan propuestas y acuerdos que salgan al encuentro de las actuales demandas sociales.

Nota publicada en Página/12 el 18/09/2026

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