Se le vino todo junto

Página/12 | Opinión

“Se le vino todo junto”, firuleteó la escribana más célebre de la semana que ofició de notaria del velozmente enriquecido Jefe de Gabinete del Presidente Milei. La señora eludió como pudo las preguntas sobre los lujosos viajes del ex vocero presidencial y las propiedades que van apareciendo todas las semanas, adquiridas con generosísimos créditos aportados por jubiladas. El legislador electo, ahora mutado a agente de la peste, tendrá que responder ante la justicia por las acusaciones de latrocinios e inmoralidades, propias de quienes defraudan la confianza pública, con el consecuente desencanto de aquella parte de la ciudadanía que creyó sentidamente en un gobierno que venía a terminar con los privilegios de la casta política.

Se corrió el velo artificioso inventado por los mentores de la ultraderecha sostenido por los comunicadores de los medios hegemónicos, desnudando que la verdadera casta son ellos mismos. Pero más allá de la suerte de este personaje, que pronto pasará a la historia minúscula, la realidad es que al que se le vino la noche es al Presidente Milei y su gobierno: fallos desfavorables frenando la contrareforma laboral, escándalos de corrupción, agrietamiento de sus sostenes políticos internacionales y datos económicos oficiales que marcan caídas equivalentes a épocas de la pandemia. Las encuestas dan cuenta del impacto del “todo junto” revelando un punto de inflexión en la opinión pública, peor del que zafó en octubre con la ayuda de Trump.

Se impone el interrogante: ¿qué está pasando con el relato mileísta que muchos creyeron invencible y eterno? Ahora “descubren” el cambio de humor social. Pasaron de un realismo acrítico del “exitoso” discurso de Milei, apoyado en la fuerza de las redes sociales y su ejército de trols, a la profunda preocupación como opinólogos expertos, y transmitiendo la “inquietud” del establishment. Repentinamente se vino la realidad, que estaba soterrada por su adhesión ideológica al modelo y los intereses económicos que representan. Lo que ocurre con los millones de núcleos humildes y las infinitas carencias de las familias y sus hijos; no son su problema. Tampoco observan la erosión del nivel de vida de amplias franjas de las clases medias y su pérdida de expectativas frente al futuro. Las brumas que emanan del discurso triunfalista, también le impiden observar que la comunidad universitaria y científica resiste al ataque destructivo del irracionalismo mileísta, y el despojo a los presupuestos y sueldos docentes, bajo la inspiración ajustadora del tercer mandato del “Toto de Wall Street”. Ya que están en esas nieblas suponen que el movimiento obrero está definitivamente vencido y ya no existen núcleos decididos a defender a los trabajadores/as, sus conquistas históricas, a sus organizaciones sindicales y las obras sociales con sus servicios médicos, turísticos, etc. La soberbia presidencial retroalimentada por su propio discurso, inficionado por un falso moralismo, también le impidió ponderar la multitud que desbordó todas las plazas del país el 24 de Marzo, rechazando la política reivindicadora de la dictadura y de sus tenebrosos instrumentadores. En ese clima de crecimiento de la defensa de los derechos sociales, culturales y educativos de los diversos afluentes del pueblo se multiplican las movilizaciones del movimiento estudiantil y docente en sus lugares de estudio y trabajo, y ahora en calles y plazas. La clase magistral del reconocido científico Alberto Kornblihtt convocando a “pasar a la ofensiva”, como la de A.Pérez Esquivel y la decana de Sociales Ana Arias, expresaron el firme reclamo de ese trascendente núcleo social, concluyendo con la convocatoria, junto a los rectores del CIN, a una jornada de clases públicas en todo el país bajo una consigna cargada de sentido político: “La universidad no se apaga”.

En el plano de la política, una vez más reaparecen los autodenominados “centristas” que se ofrecen como mediadores para una opción frentista “renovada” junto a otras expresiones opositoras, particularmente del peronismo. Como siempre advierten que se viven momentos de moderación, o sea que no existen condiciones políticas para alterar el modelo neothatcheriano, ni redistribuir riqueza a favor de sectores sociales destruidos o postergados; consecuentemente tampoco resulta posible que el Estado juegue un rol determinante para recomponer los equilibrios sociales, es decir, mejorar rápidamente la vida de las mayorías esquilmadas por este gobierno ajustador de los ingresos del pueblo y depredador de nuestras riquezas naturales. Es sabido que esas pérdidas de ingresos no se esfumaron sino que se transfirieron a las cúspides de los núcleos más pudientes, muchos de los cuales pasaron al estatus de súper millonarios. Lo cierto es que desde el establishment van expresando el temor a que se venga un “Basta” Popular.

Una demostración clara de la actual coyuntura fue expresada por Alejandro Díaz, nuevo CEO de AMCHAM. El líder de las empresas norteamericanas, ex presidente de Pepsi Cola ¿Argentina?, reivindica a Milei afirmando que “sus decisiones están en la dirección correcta, transformando a la Argentina” (…) poniéndola en perspectiva de cualquier país occidental (…) el mejor ejemplo es la modificación de la Ley de Glaciares y la reforma laboral”. El empresario luego reclama lo de siempre, bajar la carga tributaria (a ellos) y que se aplique sin demora la flexibilización laboral, sin embargo, afirma que “le preocupa hasta cuando la sociedad estará dispuesta a validar esta política macroeconómica”. Para que no le falte nada a su diagnóstico social acentúa su inquietud: “la clase media probablemente no recupere su poder adquisitivo en los próximos dos años” (La Nación 12/04). El hombre elude asumir que su pronóstico de caída de ese sector del pueblo será estructural, o sea, para siempre.

Resulta palpable que la disconformidad con el gobierno es creciente, incluyendo la sensación y bronca propia del desencanto. Este fenómeno social-cultural, exige que la oposición acelere su reencauzamiento, tanto en la excluyente articulación de la unidad como en la estructuración de un proyecto político cuyo programa salga al encuentro de la enorme deuda social existente y de la recuperación de nuestro patrimonio económico y cultural.

Nota publicada en Página/12 el 17/04/2026

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