El relato vs el pueblo

Página/12 | Opinión

No se trata solo de empecinamiento, ni aquello de “no me van a torcer el brazo”. Es otra cosa de mayor densidad política y cultural. Es una cuestión de poder. Claro que se despliegan presiones de propios y opositores de acuerdo con sus visiones e intereses específicos, pero Milei y su hermana (el eje principal del Gobierno) decidieron no exponer su imagen pública a la derrota política. Esa es la causa principal de lo que está en juego en la actual coyuntura. Sin embargo, no hace falta transitar por los meandros de la psicología para observar que la omnipotencia propia de Milei se desbarrancó hacia su opuesto: una impotencia política frustrante que lo conduce al ensimismamiento.

El Presidente solo salió para una obligada: concurrir al homenaje a la Bandera, donde inevitablemente quedaron expuestas las disputas intestinas de su gobierno. La extraña situación incluyó al propio Manuel Belgrano al que transfiguraron temerariamente en “liberal”. Un verdadero oprobio histórico.

Resulta imprescindible apreciar otro factor determinante que confluye con el humillante episodio Adorni: el choque del discurso del Presidente con la realidad que vive el pueblo en su vida cotidiana. Un filósofo de la comunicación norteamericana alguna vez sentenció aquello de “es la economía, stupid”, para referirse a la recesión que afectaba decisivamente a la ciudadanía próxima a votar. Solo que transitamos tiempos mileístas en su cuarta versión conservadora, pretendidamente renovada.

A la crisis social, consecuencia del ajuste de salarios, jubilaciones, y destrucción de los vitales servicios brindados por el estado, se le suma una fuerte sensación de que el Gobierno está penetrado por la corrupción desde su cabeza, contaminando todo el cuerpo. Pero con un agravante que la potencia: muchas/os le habían creído al Presidente y al vocero su gritada narrativa de que ellos eran los honestos e impolutos, elegidos por los cielos para cumplir con la misión regeneradora de “limpiar a la política de toda la mugre”. Bien. Resultó que ellos mismos son los inmorales que medran y se aprovechan desde la función pública para la que fueron elegidos, con el fin de enriquecerse mediante coimas, estafas multimillonarias a incautos vía cripto monedas o diversas corruptelas que posibilitan a tipos como Adorni “disponer de un capital para vicios y placeres”, como poetizaba Celedonio.

En medio de las oscuridades del Gobierno, el establishment local continúa su carrera irrefrenable por apropiarse de las empresas y bienes del Estado que este gobierno privatista les ofrece a precios de un país en bancarrota. Claro que todos los dólares que ingresen por el ajuste y los que vengan del remate tienen un destino: honrar la deuda con los prestamistas de Wall Street y con el FMI.

Pero hay más: el círculo negro de las grandes corporaciones, junto a su cámara emblemática, la AMCHAM; continúan presionando al Parlamento y a los gobernadores para que sigan “gobernando democráticamente” contra el pueblo y la nación. Ya lograron la contrarreforma laboral, la ley contra nuestros glaciares, el régimen que subsidiaba a los usuarios de las Zonas Frías, la ley penal contra los adolescentes, la inocencia fiscal beneficiando a evasores y fugadores, y un presupuesto basado en el ajuste más “grande del mundo” contra el sistema productivo nacional y las economías provinciales. Tienen clarísimo que el momento es ahora, por lo tanto, van por uno de los premios mayores: la extranjerización de tierras. Los grandes capitalistas planetarios se proponen comprar, de a cientos de miles, hectáreas ricas en cobre, plata, oro y particularmente, los minerales raros. El otro objetivo de esta ley es el agua que brota de nuestra generosa naturaleza. Ya que están en plan de compra de agua a precio de saldo, se disputan la privatización de AYSA que fuera re estatizada en el 2006 luego del fracaso estrepitoso de la francesa Suez. Y deben atender una urgencia que exigen perentoriamente las grandes mineras internacionales: el súper RIGI.

Si los congresales levantan sus manos será un caso único en el mundo de sesión irrestricta de los intereses nacionales y de los sectores productivos locales. Milei y el Toto se allanan a que la explotación de nuestras riquezas naturales implique la instalación de enclaves neocoloniales, imitando la fórmula que aplican en las minas africanas. Hay un punto central que debemos reconocer al Ministro y a su equipo, todos provenientes del J.P. Morgan Chase: son los más notorios endeudadores del país.

El apotegma de sus tres gestiones es: “¡Siempre más deuda!” Consecuentemente, los acreedores imponen sus doctrinas y planes funcionales a sus afanes de ganancias sin fin. Aunque parezca inconcebible, esos tecnócratas de corazón helado ahora “recomiendan” acentuar el ajuste subiendo el piso del impuesto a las Ganancias y eliminar el régimen del monotributo para que esos contribuyentes pasen al normal. Se trata en esencia de la misma ideología de Martínez de Hoz, menemistas y macristas. Todos inspirados en thatcherismos, en Milton Friedman o escuelas austríacas. La crueldad social está en la esencia de esas doctrinas: transferencia de ingresos de los trabajadores hacia los núcleos más pudientes y enajenación del patrimonio público a las corporaciones capitalistas internacionales.

De allí que siga vigente el “Patria sí, colonia no” que se volvió a cantar en el acto por la libertad de Cristina. Pero incluyamos el elemento siempre decisivo de la disputa política: la conciencia y emocionalidad del pueblo. Surge entonces el interrogante obligado: ¿Cómo anda Milei en su meneada batalla cultural? Todo indica que se quebró su narrativa y credibilidad “cultural”.

El Ministro y el Coloso desregulador aparecen vendiendo promesas de tiempos venturosos en un futuro incierto. Algunas veces auguran felicidad para los próximos 18 meses, aunque en otros de sus abreviadísimos relatos dicen que será en 30 años. Una vez más, los viejos espejos de colores.

Algunos editorialistas de la derecha “seria”, asumen que las multitudinarias manifestaciones en las calles de los últimos meses, constituyen un fenómeno trascendente. Sin embargo, a renglón seguido practican una suerte de transformismo argumental: lo ponderan como una expresión de “anomia que expresa la anti política”. Para nosotros, siguiendo la irrebatible huella de nuestra Historia, el protagonismo del pueblo en las calles es una señal alentadora que marca el camino de las transformaciones democráticas y el progreso social.

Nota publicada en Página/12 el 25/06/2026

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