¡Hay 2026!

Página/12 | Opinión

Y ocurrió lo deseado, esperado y necesario: cientos de miles, quizás millones de mujeres y hombres, niños, jóvenes y viejos ganaron las plazas, avenidas y calles de las ciudades de la patria. La memoria está viva, el afán de justicia permanece. Las inmensas movilizaciones del 24 de Marzo fueron una clara señal del clamor de una gran parte del pueblo por emprender y organizar el camino de la lucha política en pos de un nuevo cambio.

A la convocatoria de los organismos de derechos humanos, y particularmente de Madres y Abuelas, se sumó un valioso documento de la Iglesia Católica. El título del mensaje de los obispos de la Comisión Permanente es concluyente: “nunca más a la violencia y la dictadura, y siempre más a una democracia justa”. Al comienzo, califica el Golpe del 76 como “el inicio de esa oscura noche de la historia, la tragedia del terrorismo del estado”. En otro de sus párrafos realiza un reconocimiento tan trascendente como valiente: “la memoria exige una autocrítica de la sociedad y la Iglesia presente en ella”. El concepto de libertad con un sentido individualista es puesto en entredicho: “Es clave recordar que la verdadera libertad va de la mano con la fraternidad y con una efectiva igualdad” y pondera que “es necesario rehabilitar una política que ponga la economía al servicio de la dignidad humana y cuide nuestra casa común”. “Una democracia justa no puede ser indiferente a las necesidades básicas de la canasta familiar y al deterioro creciente del trabajo digno”. En su parte final, declara taxativamente: “¡del insulto de cada día al que piensa distinto, líbranos Señor!”.

En la reciente Asamblea Legislativa, Milei mutaba de la investidura presidencial a la de un guionado bufón, insultando a los legisladores de la oposición, y sentenció “se terminó la malaria”. La expresión popular aludía a la “crisis heredada”, repitiendo el cliché de su disminuido socio M. Macri, intentando ponderar que está superada y que el modelo “moderno” deja atrás para siempre a la “vieja industria”. Poco después de su paso por el Parlamento, al que volvió a tratar como “el nido de ratas” a pesar de que le votaron algunas de sus leyes, emprendió una serie de viajes al exterior fugándose de la gestión del gobierno.

Aquí son todas desventuras, incluyendo las zancadillas y traiciones entre sus propios e íntimos funcionarios, quienes disputan poder sin trepidar en la realización de operaciones mediáticas y de inteligencia para esmerilar a sus enemigos. Al mismo tiempo, el oleaje de las corrupciones que lo involucran a él, su hermana y al Jefe de Gabinete, no para de crecer amenazando con transformarse en maremoto.

Por lo pronto, la artificiosa imagen de incorruptible, cual Robespierre criollo, se viene abajo desnudando las inmoralidades que inficionan a la gestión libertaria, desde el fraude millonario de $Lbra embaucando incautos, hasta la tramposa conducta del Jefe de Gabinete contrariando su otrora imagen de cruzado del puritanismo. Sin embargo, el problema político principal está dado en el prematuro deterioro del plan económico.

En términos sociales, todos los datos desnudan un escenario dramático para la mayoría de las familias argentinas y el entramado Pyme, principal fuente de trabajo del país. La política de ajuste, bajando salarios y jubilaciones, con la que el gobierno proponía reducir la inflación se va desmadrando. El esfuerzo que se le pidió a la ciudadanía para que soporte un ajuste tan dramático no da frutos palpables y revela que lo pretendido es un cambio sustancial de la matriz productiva argentina conducente a una sociedad profundamente desigual, sin derechos sociales y culturales, y con una economía dominada más que nunca por multinacionales extranjeras concentradas en nuestros recursos mineros y petroleros, por oligopolios exportadores de nuestra riqueza agraria y una burguesía local que se subordina al modelo y acepta la desindustrialización.

La ciudadanía viene siendo convocada a un esfuerzo “hasta que la macro se acomode”. Para Caputo, quiere decir que lo principal es pagarle al FMI y los prestamistas privados los vencimientos de deuda externa por US$ 10 mil millones este año y US$ 21 mil el próximo, de allí que las señoras voceras del organismo ya no saben cómo justificar sus sucesivos perdones (waiver) que le otorgan a Milei, inspiradas por el dedo de acero de D.Trump.

Por otro lado, empiezan a aparecer sugestivos pronunciamientos: el corrimiento de Pichetto, otrora candidato a vicepresidente de Macri, proponiendo un “frente nacional con una propuesta capitalista moderna y productiva”, olvidando su voto positivo a la Ley Bases. También reaparecieron Vidal y Larreta. Todas y todos ofreciendo “amplitud”. Claro que Macri sintió que debía sincerarse: “no venimos a reemplazar el rumbo, venimos a completarlo”. Chocolate por la noticia.

Ya sabemos que vendrán otros pescadores de río revuelto de la derecha reciclándose a “centristas”, un lugar que solo existe para los analistas, ya que a la hora de la verdad siempre se colocan en su verdadero lugar: la derecha que expresa la voluntad y el interés del poder real. El amplio espacio de la oposición político, social y cultural, debe afrontar su desafío histórico definiendo los elementos principales de un proyecto político que articule con gran amplitud su potente diversidad hoy dispersa, saliendo al encuentro de las demandas económicas de las mayorías y de la recuperación de la nación en términos de soberanía política; ahora vendida a los financistas de Wall Street y al líder de la gran potencia capitalista embarcado en aventuras guerreristas.

Resulta imprescindible plantear la recuperación de nuestros recursos naturales y privilegiar la enorme deuda social con nuestro pueblo, a la deuda externa con el FMI y los prestamistas privados. El campo popular debe unirse, esa es una necesidad excluyente, pero se debe sustentar en el aliento de las diversas luchas del pueblo que sobrevendrán durante los próximos meses. El conflicto social- cultural, o sea aquello de “desde abajo” se puede constituir en un elemento que amalgame lo social con lo político, y genere la fuerza para que las mayorías opositoras y disconformes al proyecto de Milei intuyan u observen con claridad que existe una opción real que saque al pueblo y la nación del desastre social, de las inmoralidades y latrocinios y recupere la dignidad nacional. Si hay 2026, habrá 2027.

Nota publicada en Página/12 el 27/03/2026

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