Estado vs el Foro de Convergencia Empresarial

Tiempo Argentino | Opinión

tiempo2El gran Estado Inca con su notable cultura y desarrollo social y productivo abarcó desde el sur de Colombia hasta el norte de nuestro país, garantizando siempre alimentos a su población sin mercado e inclusive desconociendo el dinero. Esta sociedad, que algunos definieron como “Civilización del maíz”, dispuso no sólo formas de trabajo colectivo, sino un almacenamiento y distribución de los alimentos bajo la orientación y responsabilidad del Estado incaico. Algunos investigadores europeos creyeron ver allí un comunismo primitivo desde su prisma cultural del viejo mundo. Hoy, son otros quienes, con una mirada primitiva y prejuiciosa, repiten el error al referirse a la coalición de gobierno presidida por Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner como “comunista”, en base a la política agropecuaria, más precisamente a las discusiones en torno a la comercialización del maíz.

No hace falta recordar que el año 2020 fue particularmente ruinoso y comprometió la vida de millones de seres humanos, con confinamientos masivos en todo el mundo y un freno abrupto de la producción y comercialización en todas las economías del planeta. En esa situación impredecible, resurgieron, de forma vigorosa, los Estados Nacionales. La reaparición en la escena del Estado atravesó países de diversa ideología, de forma inapelable. Hoy en día, hasta los países que se resistían a las restricciones o “intromisiones” estatales han debido tomar las riendas de sus sociedades y economías. En realidad, los Estados nunca se retiraron; son quienes defendieron la vida, los sistemas de salud y de protección social a los sectores más vulnerables.

La pandemia ya no dejó espacio para negar la intervención estatal. Las sociedades la reclamaban, principalmente, los empresarios que fueron los destinatarios de paquetes de ayuda económica de todo tipo, desde subsidios directos, moratorias de deudas bancarias, de alquileres, impositivas y de aportes patronales, financiamiento barato, cobertura de garantías, pagos de salarios para sus trabajadores. Por otro lado, favoreció el sostenimiento de la demanda de los consumidores a través de subsidios como el IFE que benefició a 9 millones de ciudadanos y ciudadanas y que, en última instancia, indirectamente subsidió a las empresas proveedoras de los bienes que ahora pueden comprar las familias.

Las políticas de contención de todo este esquema socioeconómico en un marco de pandemia mundial inédito incluyeron otras herramientas como un tipo de cambio controlado y regulaciones de precios y sectores específicos, para ayudar no solo a los consumidores sino también a los empresarios que necesitaban provisión a bajo costo. Así, el congelamiento de las tarifas de los servicios públicos fue fundamental para las familias, pero también para las empresas.

Sin embargo, a raíz de las discusiones sobre el maíz, hay empresarios que se oponen a la intervención estatal por considerarla abusiva y fuera de tiempo. El arquetipo de esta conducta política es el Foro de Convergencia Empresarial, quien se pronunció enfáticamente no solo en contra de la intervención del Estado por la provisión y el precio del maíz, sino también por la regulación de la tarifa de las prepagas, en contra del congelamiento del servicio de tarifas públicas como electricidad, gas y agua y - lo más simbólico- en contra del decreto que declaró servicios públicos a la telefonía celular, el cable e Internet. ¿Dirán también que Francia o los Estados Unidos de Trump son gobiernos comunistas? Obviamente, el calificativo no fue dicho con la intención de ofrecer una descripción precisa desde la ciencia política, sino como una proscripción desde la política anticientífica, pues es el mismo sector que reniega de la vacuna Sputnik V por provenir de Rusia.

En estos días, en nuestro país se está discutiendo la comercialización de los alimentos. Según el Indec, el índice de inflación de diciembre pasado dio 4%, mientras que el rubro alimentos y bebidas subió 4,5 por ciento. El último mes del año ratificó el comportamiento del 2020, cuando el índice general fue 36,1% pero los alimentos crecieron 42,1 por ciento. En particular, el precio de la carne tuvo un incremento muy importante en diciembre, 15% promedio nacional. Un corte popular como el asado subió 28,5% en el mes. Una vez más se desnuda la necesidad de intervención del Estado frente a los formadores de precios que no son otros que las grandes corporaciones monopólicas cuyo fin último es la potenciación de su tasa de ganancia. Este es un rasgo que les resulta imposible de evitar ya que sufren congénitamente del mal del escorpión de la famosa fábula del sapo.

Cuando en el mundo se está dando un aumento de los commodities, el gobierno se propuso asegurar la provisión de maíz a buen precio para las industrias cárnicas que utilizan dicho grano como insumo para su producción (desde pollo hasta ganado vacuno), producción de leche, feedlot y huevos, con el fin de que los consumidores locales puedan comprar los productos al precio más bajo posible. Por eso había anunciado un límite cuantitativo a la exportación -de 30 mil toneladas diarias-, como forma de asegurar el abastecimiento de cereal a un costo desacoplado del internacional. Como sabemos, la medida generó una reacción en las patronales agrarias más conservadoras, en una suerte de Mesa de Enlace trunca, o mesa con tres patas, porque las cooperativas de Coninagro se retiraron. Así fue que mientras la Sociedad Rural, la CRA y Federación Agraria intentaban proseguir un lockout patronal, el gobierno destrabó el conflicto convocando a la cadena del maíz formada por más de 32 cámaras, donde participan los productores, los exportadores de Ciara, los acopiadores y la industria transformadora, a participar del Consejo Agroindustrial Argentino. Se logró un acuerdo en los dos puntos cruciales: asegurar el abastecimiento de maíz a la industria para que tenga la materia prima y el desacople del precio internacional del mercado interno mediante un fideicomiso.

En definitiva, los objetivos que se planteó el gobierno cuando tomó la política de intervenir en el mercado se están logrando.

Una vez más, la oposición política e ideológica quedó descolocada frente a la iniciativa del gobierno y su posterior convocatoria a negociar para resolver el conflicto. En realidad, la derecha opositora viene con el paso cambiado ya que tuvo que asistir en plena pandemia a un funcionamiento contundente del Parlamento aprobando leyes muy trascendentes para la Nación y la ciudadanía desde la primigenias de Emergencia hasta el Aporte Solidario de las grandes fortunas (un ejemplo a seguir a nivel mundial), la ley que modifica el índice previsional o la que sanciona a los que incendian los campos.

Asimismo, el Congreso cerró el 2020 con un hecho de gran importancia para la sociedad como la sanción de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo.

En definitiva, el año en términos políticos estuvo marcado desde sus inicios: el triunfo de un gobierno democrático y popular, y la derrota de la derecha política y económica.

Nota publicada en Tiempo Argentino el 17/01/2021

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La intervención estatal es más necesaria que nunca

Tiempo Argentino | Opinión
tiempo1 El calendario dejó atrás el 2020, un año trágico que se ganó un triste lugar en la historia. Iniciamos el 2021 con renovadas expectativas, aunque las dificultades serán muy importantes. Ya sabíamos que sería el año de la vacunación y de la reactivación de la economía argentina y mundial. Sin embargo, comenzó con amenazas de toda índole, desde el avance de las nuevas olas y cepas del virus, hasta los episodios dantescos de la sucesión del Poder Ejecutivo en los Estados Unidos que desnudan la crisis de legitimidad de la deteriorada democracia norteamericana y la sensación de que la primera potencia del mundo ingresa en una fase de decadencia.

En el terreno local, este cuadro de incertidumbre mundial nos encuentra en discusiones sobre problemas que vienen del modelo aplicado por la derecha neoliberal como la disponibilidad de divisas y la inflación.

El aumento de los precios en la Argentina está cediendo. Macri había dejado una tasa de IPC anual de 53,8 por ciento. Hoy, se estima una inflación anual en torno al 35,5 por ciento. Es decir, en un año se bajó 18 puntos de inflación. Claro que el objetivo es continuar ese sendero decreciente, pero con mayor énfasis en los precios de los bienes fundamentales para la vida, particularmente los alimentos ya que la acción de los grandes oligopolios formadores de precios termina repercutiendo directamente en la línea de pobreza e indigencia. De allí que las autoridades nacionales estén desplegando una batería de políticas para hacer más efectiva la acción sobre esos rubros sensibles. Ello incluye nuevos Precios Cuidados que agranda la canasta. Se renuevan también los Precios Máximos, se avanza en un acuerdo para la cadena cárnica de modo de asegurar precios populares en varios cortes, y se está a la espera de la crucial definición acerca de la implementación de la demorada Ley de góndolas.

De allí que el presidente de la nación señaló que se encuentra “en una lucha con la producción de alimentos en Argentina” al cuestionar “¿por qué los argentinos pagan el kilo de asado como lo paga un alemán?”. En economía no se trata de una lucha etérea, abstracta. La discrepancia es con el poder económico concentrado, que no es imaginario ni inmanente, sino que es organizado. Y no solo se pronuncia en defensa de sus intereses corporativos, sino que actúa como lobista económico y en campañas ideológicas y políticas justificando su cerrada actitud crítica al gobierno democrático como en el caso de la Mesa de tres Enlaces, revelada contra la voluntad del gobierno por defender el precio de los alimentos para la ciudadanía. En el último tiempo, en medio de la pandemia, mientras sufrimos contagios y muertes y la gran mayoría de la sociedad se sumía a un esfuerzo económico y afectivo inédito en la historia del país, las cámaras de los grandes empresarios y sus expresiones televisivas enfrentaban el proyecto de Ley de Aporte Solidario de las Grandes Fortunas.

Cabe señalar que no se trata de una avanzada aislada, sino que estos sectores cuentan con aliados en el sistema político. En concreto, mientras el gobierno nacional toma medidas drásticas para frenar el aumento del costo de vida en una situación de pandemia, el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires lanzó un tarifazo afectando a la ciudadanía porteña con un argumento engañoso, aduciendo que lo hace para protegerla de la adecuación del monto coparticipable en su disputa con la nación y las provincias del país. Así comenzó el año en la ciudad, con impuesto a los sellos del 1,2% en los consumos con tarjetas de débito y crédito, en una sociedad con pandemia donde la población se vio obligada más que nunca a evitar el manejo del efectivo y el uso de cajeros automáticos por una cuestión sanitaria, además que la crisis refuerza el recurso de la tarjeta para comprar comida.

Después de un año de restricciones al uso del transporte, la Ciudad dispuso aumentos de tarifas de taxis del 44 por ciento. También se resolvió una suba desproporcionada de las multas de tránsito del 82,5%, además de incrementos del 43 en el subte, del VTV del 45, de los peajes del 55 y de los parquímetros del 100 por ciento.

Completa el combo de ajuste larretista de la ciudad más rica del país un frenazo en la obra pública. Otra vez se aprecia una clara contraposición a la política nacional, ya que, mientras el presidente Alberto Fernández declaró la semana pasada el rol fundamental que ésta tendría en la reactivación del país, el gobierno de la ciudad amenaza con reducirlas a un “mantenimiento mínimo” y hasta revisar los contratos de la recolección de residuos, justo cuando la higiene se ha convertido en la norma fundamental para atravesar la pandemia. Los aumentos son tan elocuentes que el discurso engañoso del jefe de Gobierno porteño queda totalmente desvirtuado.

El presidente Fernández también se manifestó sobre el sensible tema de aumento de tarifas de servicios. Al respecto fue muy claro: “Estamos renaciendo de las cenizas y todo lo que podamos hacer para cuidar el bolsillo lo vamos a hacer”. Como señalamos, ese hacer es contrapesar el poder democrático a la insensibilidad del poder económico.

El año 2020 fue traumático para la población mundial. A las muertes y confinamientos se sumó la caída abrupta del comercio internacional y el freno en la producción, con la consecuente pérdida de empleo e ingresos en buena parte de la población. Ante esa situación los estados nacionales volvieron a ocupar un rol central, con políticas de intervención pública de toda índole, desde las imprescindibles restricciones para la circulación de las personas, hasta la provisión de salud a escala masiva y el sostenimiento de las economías y los ingresos de trabajadores y pymes a través de paquetes de gasto inéditos sobre la demanda y la oferta. Ante una crisis humanitaria de este calibre no hay otra institución más que el Estado que pueda dar respuestas en la escala necesaria. Así se impuso de manera inapelable la lógica estatal, incluso en países donde el credo neoliberal era venerado.

Pero este 2021 si bien nos trajo la esperanza real de la vacuna, aún requiere ser transitado con el mayor de los cuidados. Por lo tanto, deberá continuar un fuerte rol del Estado ante los diversos agentes económicos. El Banco Mundial así lo señaló esta semana, advirtiendo que la economía no va a experimentar el gran rebote que muchos esperaban. Y esa moderación no se debe al primer mundo ni a China, sino a los países en desarrollo y a los países pobres, entre ellos el nuestro. Por eso desde los organismos supranacionales –evidenciando un nuevo rol ante la catástrofe de la pandemia– se inclinan por recomendar que “si un país tiene margen fiscal, tiene que utilizarlo”. Ese margen fiscal que a la Argentina no le sobra, lo ha utilizado entre otras cosas para sostener la economía, congelando tarifas, otorgando subsidios como los ATP, dólar favorable, y créditos blandos para la producción, IFE para apuntalar el consumo, etcétera. Los receptores de esos beneficios incluyeron también a las grandes empresas que una vez más son renuentes a compartir el esfuerzo con los sectores más necesitados como reclama el papa Francisco y la mayoría de los gobiernos democráticos y populares. «

Nota publicada en Tiempo Argentino el 10/01/2021

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Triunfos políticos del gobierno hacia el 2021

Tiempo Argentino | Opinión
tiempo

Paradójicamente, el año trágico de la pandemia en que murieron en nuestro país más de 41 mil compatriotas y cerca de un millón y medio sufrieron la enfermedad, finaliza con el Parlamento Nacional funcionando en plenitud, tratando leyes de gran trascendencia para la Nación y la ciudadanía.

La aprobación parlamentaria de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo y la del “Plan de los 1000 días” tienen una significación de trascendencia histórica. No sólo favorecen a las personas gestantes que deben tomar la decisión de interrumpir su embarazo, sino que se transforma en una cuestión de salud pública y en un derecho fundamental que mejora a toda la sociedad. Con la ley de IVE se remueve una rémora propia de ideologías inficionadas por prejuicios patriarcales y clasistas, de subestimación y desprecio a la mujer y a la libertad de cada una de ellas a decidir sobre su cuerpo y su vida. Como dirían los reformistas del 18 “desde hoy contamos para el país con una vergüenza menos y una libertad más. Los dolores que quedan, son las libertades que faltan”.

Resulta notable también que, simultáneamente, la Cámara de Diputados le dio tratamiento y aprobación a una nueva fórmula jubilatoria, dejando atrás otra piedra en el zapato de los jubilados, ya que con la fórmula del macrismo perdieron un 19% en dos años.
La unidad continúa marcando el camino

Si apreciamos el convulsionado año 2020 a partir de sus inicios, desde una imprescindible visión política, surge un elemento determinante: el pronunciamiento electoral de octubre definió un triunfo contundente del Frente de Todos como expresión de la unión del peronismo junto a otras fuerzas e identidades políticas que se integraron. En ese punto decisivo ya nadie pone en duda la visión política estratégica de Cristina Fernández de Kirchner para la formación de un gran Frente. El panorama de ese momento crucial se completa registrando la derrota de la derecha a pesar del notorio apoyo del establishment local, de los medios de comunicación monopólicos y sus editorialistas todo terreno, y del gobierno de la gran potencia de nuestra época, con un Donald Trump como remedo de aquel Spruille Braden de los años cuarenta que actuó como cruzado contra Perón y el populismo de entonces. Claro que como aquel del 18 Brumario, “la historia se repite, pero ahora como una miserable farsa”.

El triunfo y advenimiento de un gobierno democrático y popular, y el fracaso electoral de Juntos por el Cambio sigue siendo el punto dominante en la relación de fuerzas políticas de la actual fase.

El inesperado revés electoral del macrismo no hizo más que potenciar y sacar a la luz pública la ausencia total de propuestas conducentes a la sociedad, un estado de incapacidad para generar iniciativas parlamentarias y la imposibilidad de protagonizar un debate ideológico argumentado y respetable. Asistimos a un verdadero descalabro ante la sociedad, lo cual acentuó su conducta agresiva y obstruccionista, no sólo frente al gobierno legítimo, sino también ante la misma democracia como sistema. Una vez más los núcleos del poder corporativo, mediático y cultural, reniegan de la democracia, de la división de poderes y del respeto a la voluntad popular cuando sienten que la omnipotencia de su poder se ve amenazada por un gobierno que se propone cumplir con su compromiso frente al pueblo que lo votó. Es dable registrar que ese desplazamiento hacia una conducta agresiva, provocativa y sin destino, deja al garete a una parte de su base electoral, de tradición liberal, laica, sinceramente democrática, que los votaron desde un lugar independiente y que suelen fluctuar como votantes, especialmente cuando la situación se polariza. Nada indica que esa faceta antidemocrática y de un clasismo excluyente, se vaya a alterar en los próximos tiempos.

El rumbo político del gobierno de Alberto y Cristina, fue marcado a fuego en los discursos iniciales del nuevo Presidente: convocar a la unidad en un contrato social fraterno y solidario en la emergencia social producto del macrismo, definiendo que vivimos un tiempo en que se debe “comenzar por los últimos para llegar a todos”, fomentar “un Estado presente constructor de justicia social”, levantando la gran idea de todos los tiempos: la lucha por la igualdad social. “Sin pan, la vida solo se padece, sin pan no hay Democracia ni Libertad”. En suma, la solidaridad es la viga maestra de la reconstrucción nacional”.

Enfrentamos un nuevo año, un nuevo tiempo que miramos con esperanza, afirmados en que hemos transitado el 2020 con un gobierno que ha hecho un valiosísimo esfuerzo por cumplir con sus promesas electorales. El esfuerzo económico fue esencial para favorecer a las minorías más humildes, a los trabajadores y a los sectores medios más vulnerables, con un sentido auténticamente humanista. Desde el IFE a nueve millones de mujeres y hombres olvidados, el ATP beneficiando a dos millones y medio de asalariados, remedios gratuitos a jubiladas y jubilados, congelamientos de tarifas que aliviaron a usuarios domiciliarios y al sistema productivo, créditos subsidiados a trabajadores, autónomos, profesionales y PyMes, más recursos a la ciencia y tecnología, además de un nuevo plan de repatriación de científicos y científicas.

Estos ejemplos marcan el cumplimiento de ese rumbo. En lo macroeconómico, la fuerte baja de la inflación heredada del proyecto neoliberal, también señala el camino a seguir transitando, aunque es imprescindible una acción decidida ante los grupos oligopólicos que forman los precios a piacere, para perpetuar sus grandes ganancias a costa de los consumidores, o sea de la ciudadanía. Las decisiones más valiosas del gobierno a favor de las mayorías implicaron asumir el conflicto con los poderes fácticos. En este sentido resulta ejemplificador el decreto presidencial que estableció el carácter público de las tecnologías de información. En el mismo sentido, fue de gran relevancia política la aprobación parlamentaria de la ley del Aporte solidario y Extraordinario, iniciativa de los diputados Máximo Kirchner y Carlos Heller, que recaudará una suma cuantiosa aportada por una minoría de multimillonarios. La denominada ley del fuego, que frenará el oprobio de los especuladores incendiarios, también debió vencer el lobby de esos sectores con la aquiescencia de “reputados” editorialistas.

Se trata entonces de seguir avanzando en pos de un reparto más equitativo de los ingresos, comenzando por el salario de todo el sector de ingresos fijos, tanto los trabajadores registrados como los marginados del sistema formal. Está en juego la vida de millones de hombres y mujeres postergados por el proyecto político conservador. En nuestro país, tan rico por sus riquezas naturales y humanas, la economía está más concentrada que nunca en manos de minorías que medraron a costa de los trabajadores y las capas medias, malversando al viejo Lavoisier: “nada se pierde, todo se transfiere…” a los ganadores de siempre. Sin embargo, todo indica que esta vez el tiro será para el lado de la justicia.

Nota publicada en Tiempo Argentino el 03/01/2021

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Belgrano, un revolucionario de Mayo

Página/12 | Opinión

Por Juan Carlos Junio

belgrano La decisión del gobierno nacional que invoca el doble aniversario, decretando el “Año del General Manuel Belgrano” y recordarlo como un factor que pueda contribuir a la unidad nacional nos interpela a considerar, una vez más, su aporte histórico en aquellos tiempos de revolución y su notable legado hacia el futuro de la patria.

Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano nace en Buenos Aires, a pocas cuadras del Cabildo porteño. En España estudia la carrera de derecho en Salamanca y Valladolid, la que culminará en 1789, el año de la Revolución francesa.

Aquel extraordinario acontecimiento generó un efecto huracanado en todo el mundo y también en nuestro joven estudiante. Él mismo dirá que «como consecuencia de la Revolución en Francia, se apoderaron de mí las ideas de la libertad, igualdad, fraternidad, propiedad, y sólo veía tiranos en los que se oponían a que el hombre, fuese donde fuese, no disfrutase de unos derechos que Dios y la Naturaleza le habían concedido».

La figura de Belgrano ha generado un creciente sentimiento de respeto y valoración por su trascendente rol en la Revolución de Mayo y en las Guerras de Independencia contra los ejércitos restauradores del colonialismo que reaccionaron con furor ante el grito de libertad e independencia de los pueblos del continente.

Sin embargo, resulta necesario señalar que el intento permanente de que la vida y el papel de este personaje decisivo y crucial de nuestra historia se vea restringido al rol de “hombre abnegado y desinteresado y Padre de nuestra Bandera”. Ese esquema reduccionista se “completa” con la descripción heroica de sus triunfos en Salta y Tucumán, y las “tragedias” de Vilcapugio y Ayohuma.

No se debe restarle mérito al enorme simbolismo que significó la creación de una Bandera Nacional en un país que todavía no existía como tal. Por el contrario, hay que ubicarlo como un firme acto de rebeldía y una contribución política a forzar la marcha de la historia en aquellas circunstancias brumosas. Podemos interpretarla como una audaz intuición independentista frente a las corrientes inclinadas a retardar la ruptura con el viejo orden político y cultural. Los que «fernandeaban» al decir de Monteagudo. Sin embargo, Belgrano fue un hombre de una personalidad desbordante, apoyado en una cultura vasta y profunda, que incluía las lecturas en Europa de los libros prohibidos.

Antes de ser un político sagaz y un militar valiente y decidido, durante más de diez años luchó desde su sitial de secretario del Consulado para romper la rutina de siglos de una cultura primitiva y oscurantista. Fue Belgrano defensor e impulsor de una idea sustancial y revolucionaria para su tiempo.

En tal sentido, su idea era que la riqueza no se debe constituir del producto de la explotación de la mano de obra indígena y de la extracción de metales preciosos, sino del trabajo productivo de la tierra. De allí su constante inquietud por transformar el régimen de propiedad de la tierra, típico del colonialismo atrasado del feudalismo español. Crítico severo de “la importación de mercadería que impiden el consumo de las del país” condenaba a “los grandes monopolios que se ejecutan en esta capital”.

Señalaba con un profundo sentido crítico: «se han elevado entre los hombres dos clases muy distintas, la una que dispone de los frutos de la tierra, la otra es llamada solamente a ayudar con su trabajo (…) las unas se someten invariablemente a la mente de los otros». Se aprecia claramente que sus ideas estaban lejos del estereotipo del hombre moderado que algunos le endilgan.

En esta cuestión, fue Belgrano el primero que propuso una idea de reforma agraria, basada en la expropiación de las tierras baldías para entregarlas a los desposeídos. El vendaval de la Revolución lo une al núcleo de criollos que toman la determinación de constituir un gobierno propio, independiente, rompiendo en todos los sentidos con el colonialismo. Junto con Moreno, Castelli y San Martín va por el camino de la lucha. No dudará en actuar como jefe militar, diplomático, periodista, educador, jurista y cualquier otro oficio que hiciera falta.

Es interesante apreciar un rasgo de gran determinación en sus actos. En una carta a Moreno del 20 de octubre de 1810 le dice: «Deje a mi cuidado el dejar libre de godos al país (…) ellos han de ayudar a nuestros gastos. Por lo pronto he mandado a rematar la estancia de uno que se ha profugado a Montevideo». En la misma misiva, le cuenta a Moreno que el realista Vigodet es una «solemne bestia». Se despide del secretario de la Junta diciéndole «basta mi amado Moreno, desde las cuatro de la mañana estoy trabajando y ya no puedo conmigo».

Fue Belgrano un creyente sincero y consecuente con su fe cristiana: «Dios nos da la unión y con ella todo lo resistiremos». Esa era su convicción. Sin embargo, lo definitivo de su conducta fue la lucha política. No dudó entonces en ordenar la detención y remisión a Buenos Aires del obispo de Salta que conspiraba con los realistas.

Una de las facetas más valiosas de este gran constructor fue su convicción acerca de la necesidad de transformar radicalmente el sistema educativo colonial y de instruir al pueblo. Es este sentido fue Belgrano un fundador de una nueva educación para una nueva Patria: «Sin educación en balde es cansarse, nunca seremos más de lo que desgraciadamente somos».

Trabajó sobre los ámbitos más urgentes de la enseñanza primaria y secundaria creando escuelas principalmente para los núcleos más abandonados del sistema vigente: “los indios, los hombres de campo y las mujeres”. En la cuestión de la mujer, denunciaba que “las tenemos condenadas a las bagatelas, y a la ignorancia, a pesar del talento privilegiado que distingue a la mujer”. Defendió la igualdad de los pueblos indígenas asociado a la acción libertaria que cumplía en el alto Perú su primo Juan José Castelli.

Muchas liviandades e irrelevancias se han escrito sobre su vida. Basta decir que tuvo un hijo de su relación con María Ezcurra, que será adoptado por la familia Rosas, y crecerá con el nombre de Pedro Pablo Rosas y Belgrano. Más tarde, en Mayo de 1819, de su amor con la joven tucumana María Dolores Helguera nació su hija Manuela Mónica Belgrano.

Difícilmente nos podamos sustraer de la mejor opinión para finalizar esta breve reseña. Decía el General San Martín de nuestro ilustre patriota: «Belgrano es el más metódico de los que conozco en nuestra América, lleno de integridad y talento natural. No tendrá los conocimientos de un Moreau o un Bonaparte en punto a milicia, pero créame usted que es lo mejor que tenemos en América del Sud». Moría, aquel 20 de junio de 1820, pobre y abandonado en su casa de la calle Santo Domingo (hoy Belgrano).

Creó la Bandera, fundó escuelas, repartió tierras, blandió la espada, impartió justicia, fue amigo leal y sincero, amó y fue amado. Su ejemplo está incrustado en el corazón y la memoria del pueblo

Nota publicada en Página/12 el 19/06/2020

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Entre las plagas y la crisis económica, los aspirantes a ser los “vivos de siempre”

Minuto Uno | Opinión Por Juan Carlos

m1Faltando dos semanas para cerrar la reestructuración de la deuda externa, el Gobierno debe enfrentar duros desafíos en el ámbito nacional e internacional: el coronavirus, la crisis del petróleo, la recesión y ahora el conflicto local con un sector de los grandes productores de soja.

Todos los días llegan noticias de la evolución de la cantidad de damnificados por el coronavirus y el despliegue de crecientes y más severas medidas preventivas. El virus llegó a la Argentina con su impacto en la salud de la población, pero habrá también un impacto económico. China ha parado parte de su producción para combatir el virus, generando así una disminución en el comercio internacional. La correspondiente baja de precios en los commodities ya se está haciendo sentir, por ejemplo, en la soja y el trigo. Pero, sin duda, el mayor golpe lo sufrió el petróleo con una caída de más del 20% en el precio del barril, en el marco de una disputa de hegemonía entre los principales países productores.

Es apresurado pensar que una caída del precio nos beneficiaría como consumidores. Eso es difícil que ocurra. El petróleo es un bien estratégico, y sería lícito proteger las inversiones de shocks pasajeros en los precios. La mirada de mediano y largo plazo daría la razón a este proceder. No sería inteligente dejar que se paralice el sector pues, si en el futuro hay que importar, el crudo habrá que pagarlo con dólares que no tenemos. Por lo pronto, el Ministerio de Desarrollo Productivo dispuso la aplicación de licencias no automáticas para frenar la importación de petróleo, defendiendo la producción local.

De mantenerse estos precios, las ocho provincias productoras de petróleo enfrentarían una reducción de recursos, debilitando el empleo y las arcas fiscales.

El cimbronazo en las bolsas no solo genera una caída de las acciones de las corporaciones, sino que también desencadenó una serie de devaluaciones de las monedas de países que son nuestros socios comerciales como Brasil. Ello vuelve más empinada la posibilidad de vender nuestras exportaciones. A los efectos negativos en cantidades de productos exportadores y bajos precios, ahora se sumaría una desventaja por el tipo de cambio contra esas monedas. El valor del dólar está siendo sostenido por el gobierno con restricciones cambiarias y la intervención del Banco Central. Esta política ha sido muy positiva, ya que ha favorecido la estabilidad de la economía y la baja de la inflación.

En este delicado contexto en el marco de la negociación por la reestructración de la deuda externa -para lo cual es vital exhibir nuestra futura capacidad de pago compatible con crecimiento económico- un sector de los grandes productores agropecuarios desató un lockout, es decir un paro patronal.

Se trata de un sector minoritario, apenas el 26% de los productores sojeros que obstaculiza la llegada de alimentos por el normal abastecimiento. Todo indica que a este núcleo de grandes propietarios; la mayoría de ellos con patrimonios multimillonarios, sólo les importa sostener e incluso potenciar su tasa de ganancia.

Además resulta imprescindible recordar que cuando el gobierno de Macri les impuso retenciones por la exigencia del FMI, lo aceptaron pasivamente. Sin embargo ahora no toleran que suban 3% sólo a la soja para grandes productores, y particularmente cuando tiene como rasgo esencial redistribuirlo al resto del sector, en especial pequeños productores y economías regionales.

No debemos olvidar que ese sector de grandes productores y exportadores se beneficiaron con las sucesivas devoluciones macristas que acumularon un 500% en cuatro años. La situación en materia de alimentos es ya de por sí delicada, justamente porque este rubro es el que aún no cede en su ritmo inflacionario, aunque el motivo principal de este problema es la conducta abusiva de los oligopolios que forman los precios. Esos que el Presidente en varias oportunidades señaló como “los vivos que medran de los bobos”; que vienen a ser los ciudadanos del país.

Para la ciudadanía, la gran diferencia es política. Ahora hay un gobierno que favorece a las mayorías postergando a las minorías de los que quieren perpetrarse como los “vivos de siempre”.

Nota publicada en Minuto Uno el 12/03/2020

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La palabra presidencial: el valor y la potencia de la verdad frente a la inmoralidad de la derecha

Minuto Uno | Opinión

Por Juan Carlos Junio

retenciones-naTodavía resuenan las palabras que pronunció el Presidente de la Nación en la apertura de las sesiones ordinarias ante la Asamblea Legislativa. Si hay un eje que atravesó su exposición fue la apelación a la verdad, sobre todo después del gobierno saliente que, desde los discursos fundacionales del ex mandatario Mauricio Macri utilizó el engaño al electorado como sistema, prometiendo todo tipo quimeras que jamás cumpliría. Aquello de “pobreza cero” o “en mi gobierno ningún argentino pagará impuesto a las ganancias” ya son un símbolo de la utilización de la mentira al pueblo como un instrumento “normal” de la política. Alberto Fernández dejó en claro que está parado en la vereda opuesta de esa interpretación de Maquiavelo. Para avanzar hacia una democracia plena y verdadera se necesita la palabra franca del Príncipe como razón fundamental para construir voluntades duraderas. Una expresión auténtica del jefe de Estado sobre la situación resulta fundamental para interpelar a las grandes mayorías de la sociedad y lograr ampliar esfuerzos y apoyos colectivos.

Ante la crisis social y económica que vivimos, la prioridad es levantar el nivel de actividad del Estado recesivo y reducir la dinámica inflacionaria que horada los ingresos de los trabajadores, incorporando la premisa de hacerlo a través del consenso con los principales actores económicos.

Todo indica que se avanza decididamente en esa línea. El presidente Alberto Fernández ha estabilizado el valor del dólar, frenado la suba de las tarifas de los servicios públicos, bajado la tasa de política monetaria al 38% y consecuentemente de los créditos a pymes y personas, consensuando con los sindicatos elevar los ingresos de los que ganan menos y, a su vez, controlando su incidencia en la inercia inflacionaria. Sin embargo, una vez más, los grandes núcleos empresarios continúan subiendo los precios. Esto ha sido denunciado por el presidente al decir “Argentina no resiste más el abuso de quienes ‘preservan su rentabilidad a costa de consumidores condenados a pagar sus ‘excesos preventivos’”. Y a tal efecto adelantó: “estamos analizando las estructuras de costos de los eslabones de la producción para trabajar en las diferentes relaciones entre intermediarios, logística, canales de comercialización y evitar los abusos de posición dominante”. En esta primera cuestión, la experiencia histórica es irrevocable: las grandes empresas no escuchan invocaciones. Actúan en función de su objeto esencial: potenciar su tasa de ganancias.

El otro pilar del discurso que cimienta la gestión en esta etapa es “comenzar por los últimos para después llegar a todos”. Ello se debe a una decisión moral y política. No es posible ni deseable comenzar por otro sector que no sea el de los más vulnerables, millones de niñas, niños y adolescentes que están pendientes de comer o no comer cada día. A su vez, el equipo económico contempla que esos sectores tienen mayor predisposición a consumir, de forma tal que ayudarían a dinamizar la demanda y la producción del resto de la economía. Esa es la rueda que se está intentando mover para levantar el país. No la rueda de las finanzas y la especulación, ni las abusivas remarcaciones de precios.

Al respecto, los precios de los alimentos continúan mostrando subas por encima del nivel general. En un adelanto del índice de inflación de supermercados elaborado por el CESO se advierte que el incremento de los precios de la última semana de febrero contra el mismo período del mes anterior tuvo un incremento del 3,1%, mientras que los alimentos frescos subieron 4,6% y los secos 3,9%. Allí habrá que buscar a los formadores de precios a lo largo de una gruesa cadena donde al comienzo está la “Mesa de Enlace” y al final los supermercados. El gobierno actuará por los dos frentes. A lo supermercados les aplicará la ley de Góndolas, y al primer eslabón le subirá 3 puntos porcentuales las retenciones a la soja (un 10% más).

Cabe aclarar que ese incremento del 3% significa cerca de 500 millones de dólares y se usarán para compensar al resto del sector agropecuario, en especial a los pequeños productores, cooperativas, economías regionales y para productores alejados de los puertos que tienen alto costo de fletes. Es decir, ese esfuerzo extra reingresa al sector agropecuario. Se trata de un excelente ejemplo de política redistributiva, intrasectorial, que a la postre tiene impacto positivo sobre el resto de la población al contribuir a la baja del costo de los alimentos.

La verdad no ofende, defiende.

Nota publicada en Minuto Uno el 06/03/2020

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Ministro Guzmán: “Señores bonistas prepárense para una frustración”

Minuto Uno | Opinión Por Juan Carlos

mg Pisando marzo ya estamos entrando en la recta final del plazo que se puso el gobierno para resolver la reestructuración de la deuda externa. No hubo declaraciones oficiales de los encuentros entre el ministro Guzmán con los acreedores en Nueva York, pero trascendió que el funcionario les habría planteado a los bonistas que “se preparen para una frustración”. No fue un señalamiento intempestivo. El mes pasado, en Davos, el Premio Nobel Joseph Stiglitz, cercano a Guzmán, ya había dicho que los acreedores debían prepararse para “recortes significativos”.

Es que no se trata de una buena o mala voluntad del gobierno argentino. De hecho, es la misma lógica del mercado. El famoso riesgo país con el que nos intentan correr una vez más, es la diferencia de tasas de interés a la que tenemos que endeudarnos afuera, mucho más alta que la de Estados Unidos. ¿Por qué es esto? Porque se supone que los bonos del Tesoro norteamericano no tienen riesgo, entonces pagan una tasa de interés muy baja, en cambio Argentina es un país con riesgo de no pago, por tanto, a modo de compensación el mercado exige una tasa más alta como condición para prestarnos. Muy bien. Argentina se ha endeudado, de mala manera, con el gobierno de Macri. Lo que estamos señalando es que los bonistas no pueden hacerse los distraídos y pretender cobrar todo como si acá no hubiera pasado nada, como si fuéramos el Tesoro norteamericano libre de riesgos.

Si quieren cobrar todo sin quita, entonces tendrían que reintegrar las ganancias exorbitantes que tuvieron todos estos años por las tasas de interés que les pagamos porque nos calificaron de país riesgoso. O que la diferencia la tendría que pagar las calificadoras internacionales como Morgan Stanley, Standard & Poors y Moodys, quienes durante los tiempos macristas nos descalificaron para que les paguemos tasas carísimas. De allí que Stiglitz dijo que los acreedores “deberían haber sabido el riesgo”.

Así funciona el mercado. Un ejemplo palmario del tratamiento de los riesgos financieros lo está dando el coronavirus. El Banco Mundial venía financiando con bonos un programa mundial contra epidemias. Los bonistas cobraban una tasa muy lucrativa. Pero los prospectos de esos bonos tenían cláusulas que especificaban que en caso de epidemia no cobraban nada. Se trata de bonos que relacionan la cantidad de muertos con riesgo y tasas de interés. Ahora están a la espera que la Organización Mundial de la Salud defina la calificación de pandemia. Pero en este mundo tercerizado, es una empresa norteamericana con sede en Boston llamada AIR Worldwide la encargada de determinar si se pagan o no esos bonos. Bien, todo esto no es ciencia ficción, sino que es el capitalismo que desnuda sus esencias.

Cada uno sabe las reglas y los bueyes con los que está arando. Si el pueblo argentino está siendo convocado por el gobierno a realizar un esfuerzo, cada uno desde su lugar y posibilidad, cuidando a los que menos tienen, es de esperar que los bonistas de los grandes fondos extranjeros también sean compelidos a poner algo de lo que ganaron.

Además, tiene que quedar claro que estos bonistas no tendrían pérdidas propiamente dichas. Lo que se está proponiendo no implica pérdidas patrimoniales, sino que dejen de ganar tanto como pensaban. La frustración de la que habló el ministro tiene que ver con una fantasía de ganancias imaginarias, una expectativa que se ha alejado de la realidad mostrada por las altas tasas y el riesgo asociado.

¿Tendrán los fondos Blackrock, Templeton, Marathon y Fidelity tolerancia a la frustración? Una reestructuración madura sería una oportunidad para que la superen.

El país está en vilo esperando ordenar el frente externo para dinamizar la recuperación. El gobierno transita con determinación el camino de privilegiar a los afectados por la cultura del descarte, ya que “sin pan no hay democracia ni libertad”, como señaló el Presidente ante la Asamblea Legislativa.

Estos esfuerzos económicos para algunos son a su vez esfuerzos políticos que dan cuenta de la voluntad del Presidente de realizar transformaciones progresistas que mejoren la vida de trabajadores y clases medias.

Nota publicada en Minuto Uno el 27/02/2020

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La disputa con los prestamistas: “la sociedad argentina está primero”

Minuto Uno | Opinión

Por Juan Carlos Junio

mg La Argentina se encuentra en medio de una negociación crítica para reestructurar su deuda pública externa con los bonistas locales e internacionales y con el FMI, contraída por el gobierno de Mauricio Macri. El ministro Guzmán en el Congreso fue categórico sobre las prioridades “el gobierno no va a permitir que fondos de inversión extranjeros marquen la pauta de nuestra política macroeconómica”, “la sociedad argentina está primero”. Y emulando el Juicio a la Junta Militar de la dictadura, sentenció “Nunca más a los ciclos de sobreendeudamiento. Nunca más a ciclos que destruyen oportunidades”. Mientras tanto, un abogado de los fondos buitre que nos confiscó la Fragata Libertad en Ghana, empezó a trabajar con los ahora llamados benévolamente “bonistas”, que antes eran simplemente “prestamistas”.
El sector financiero internacional y el FMI tomaron nota de la posición argentina. Ambos eligieron la tribuna más calificada de los grandes especuladores internacionales del Financial Times para publicar su visión sobre la deuda de nuestro país. Obviamente el periódico se puso del lado de los bonistas. En una editorial muy dura contra Argentina comienzan reconociendo que lo recibido por el presidente Alberto Fernández de su predecesor Mauricio Macri “es tóxico” y destacando la existencia de “una profunda recesión, una de las tasas de inflación más altas del mundo y una deuda nacional que se acerca al 90% del PIB”. La mirada que tienen de nuestro país es coherente con la que tienen los ingleses desde el mismo nacimiento de la Patria. Señalan que nuestra economía “está bendecida con abundantes recursos naturales”, que tenemos que apoyarnos en “los sectores más competitivos como la agroindustria”, al tiempo que critican “los controles de precios y de cambio, los mayores impuestos a la exportación, la abundante impresión de dinero y que el aumento de las dádivas sociales no suman a la prosperidad”. En definitiva, se trata de un conservadurismo que repite las viejas y fracasadas zonceras del modelo agroexportador, apertura al flujo de capitales, y no intervención del Estado. Es la misma posición de la Sociedad Rural Argentina y del Foro de Convergencia; o sea, del gran empresariado local y extranjero asociados a los prestamistas internacionales.

Georgieva, la presidenta del FMI, sorprendió con una nota publicada también en el Financial Times, en la que admite que el enfoque del organismo no toma en cuenta características propias de los mercados emergentes. Como ejemplo señaló que la deuda de estos países está en dólares, lo que puede causar que el tipo de cambio resulte un amplificador de shock que incrementa los costos y pasivos de la deuda. A pesar de su lenguaje críptico, se trata de una crítica al libre movimiento de los flujos de capitales y las recetas monetarias y cambiarias del FMI. O sea que la directora del FMI critica al FMI. Surge entonces un interrogante obligado: ¿qué está pasando en la cima del FMI? Si bien registramos el aparente cambio de enfoque, lo que Georgieva dice es que ahora conviene enfocarse directamente en las políticas fiscales, es decir, el gasto público y la recaudación. Todo indica que el caso argentino es muy grave. La ortodoxia de Sturzenegger y Macri llevó al máximo la suba de tasas y, una vez más, fracasó rotundamente en bajar la inflación, atraer inversiones para terminar con una gran crisis de deuda. Ahora el FMI se propone discutir nuestro presupuesto.

Durante 2019 los salarios en blanco perdieron el 6,1% de poder adquisitivo contra la inflación. El mayor retroceso se dio desde la derrota de las PASO, es decir cuando se sabían perdedores y dejaron agravar la crisis con la devaluación, el cepo y el “default selectivo”. Se fueron fieles a su historia. En los cuatro años de Macri la pérdida del salario formal real fue de 19,5%.

En ese marco, mientras se negocia la deuda externa, el gobierno comienza por la recomposición de ingresos “de los últimos para después llegar a todos”, como dijo Alberto Fernández. Al ya otorgado aumento de los haberes previsionales y la gratuidad de los remedios del PAMI se suma un reintegro de hasta $700 en el IVA de los jubilados que cobran la mínima, manteniendo el congelamiento de tarifas y combustibles. El derrotero iniciado el 10 de diciembre muestra a un gobierno que cumple con su promesa electoral aprobada en las urnas por la mayoría de la sociedad.

Nota publicada en Minuto Uno el 20/02/2020

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De tierra de “oportunidades” a tierra “arrasada”

Minuto Uno | Opinión Por Juan Carlos Junio

m1 Un siglo atrás, más precisamente un 15 de abril de 1919, un periódico norteamericano de Nueva York publicaba una publicidad que decía: “Cuba, la tierra de las oportunidades”. Acababa de concluir la Primera Guerra Mundial, y Cuba se había transformado en el principal productor y exportador de azúcar. Sin embargo, con el fin de la guerra y el restablecimiento de los habituales canales de comercio, la demanda cayó, con ella se produjo una abrupta baja de los precios del monocultivo que había desplazado al café y crecido en base al desmonte rural. El resultado: beneficio para unos pocos terratenientes y para la poderosa United Fruit Company.
Por eso pareciera que la enajenación del patrimonio nacional se le ofreció nuevamente al primer mundo, pero ahora como farsa resulta inaceptable. Hace cuatro años el gobierno de Macri dio a conocer el prospecto para la emisión de deuda para pagarle a los fondos buitres bajo el lema: “Argentina, tierra de oportunidades”. A partir de allí, en un período récord, el anterior gobierno mutiló la estructura industrial, vapuleó el entramado social, cultivó una deuda que germinó como hierba mala y transformó a nuestro sistema productivo y al tejido social en la tierra arrasada sobre la que debemos transitar. En este caso las ganancias fueron a parar a unos pocos fondos de inversión y especuladores locales e internacionales, pero la historia en general no es muy distinta para los trabajadores y las trabajadoras y las mayorías de las clases medias.

La responsabilidad del anterior gobierno y del propio FMI deberá ser objeto de una investigación sobre lo hecho, como planteó recientemente Cristina Fernández. La problemática de la deuda pone al país en una situación extrema, ya que compromete el presente y el futuro. Sin un margen importante de tiempo no es posible disponer de recursos para atender las múltiples emergencias sociales y productivas. Tampoco es posible encarar de la mejor manera la construcción de un proyecto de país soberano que pueda usufructuar sus generosos recursos naturales y humanos. En este marco resulta imprescindible valorar el reciente anuncio de la incorporación de 1100 profesionales al CONICET, más un incremento de 25% en los subsidios dirigidos a la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica, que se suman a los aumentos del monto de las becas. Todo lo contrario de lo que hizo Cambiemos con su modelo de ajuste y endeudamiento. La experiencia propia e internacional demuestra que un país que aspira al desarrollo de su industria, debe invertir en ciencia y tecnología. Esto también es soberanía.

No está de más preguntar qué significa alcanzar un sendero sostenible. En principio, se trata de llegar a un acuerdo que permita que el país crezca. Va en línea con el pensamiento que acaba de transmitir el Presidente: “no puede ser que les pidamos a los sindicatos y jubilados que sólo aspiren a empatar este año y que los acreedores nos exijan siempre ganar y nos amenacen con ponernos al límite”. Una postura que explica la decisión reciente de reperfilar el bono AF20, exceptuando a los tenedores minoristas, dando un paso importante ya que postergó el pago de este bono, que dejó como “presente griego” el gobierno de Macri.

La corresponsabilidad de los acreedores es un argumento a tener en cuenta, tal como en su momento dijeron distintas personalidades como Joseph Stiglitz y ahora repuso con énfasis Cristina Fernández. El estatuto del FMI prohíbe prestar fondos que serán fugados, como ocurrió en nuestro caso, además de soslayar la imposibilidad de repago en los términos (plazo y tasas) establecidos. El descontento social que atraviesa a la región y los cambios que se están produciendo en el escenario geopolítico y comercial global, son aspectos que pesan a la hora de llegar a un mejor acuerdo. La determinación del gobierno argentino es clara, no se puede aceptar llegar a un arreglo con los acreedores externos rápido y a cualquier precio. En tal sentido, el ministro Guzmán fue contundente: “este gobierno no va a aceptar que la sociedad quede de rehén de los mercados financieros internacionales, ni favorecerá a la especulación sin el bienestar del pueblo”.

Es suma, no hay nada más prioritario que la enorme deuda social. Ese es el reto de la hora actual.

Nota publicada en Minuto Uno el 12/02/2020

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De la bendición del Papa, a la moratoria de Marcó del Pont

Minuto Uno | Opinión

Por Juan Carlos Junio

af La reunión en el Vaticano de nuestro ministro de Hacienda, Martín Guzmán, con el FMI como parte de las negociaciones por la deuda externa argentina puede a simple vista parecer una escena de realismo mágico. Pero lo cierto es que las expresiones del papa Francisco describen crudamente lo que pasa en el planeta.

En el encuentro titulado “Nuevas formas de Solidaridad” el Papa puso como premisa que “el mundo es rico”, que “el ingreso mundial de este año será casi 12.000 dólares per cápita, pero cientos de millones de personas están sumidas en la pobreza extrema, y carecen de alimento, vivienda, atención médica, escuelas, electricidad, agua potable y servicios de saneamiento adecuados e indispensables”, e inclusive habló de “nuevas formas de esclavitud”.

Puntualizó que cinco millones de niños menores de cinco años morirán en el 2020 a causa de la pobreza, y que 260 millones carecerán de educación. Lejos de ser un sermón religioso, las palabras de Francisco podían ser dichas por un dirigente social en uno de los tantos reclamos que demanda el Tercer Mundo.

Igual de sugestiva fue su indicación de que estos temas “no deben ser motivos de desesperación, sino de acción”. Pues “se trata de problemas solucionables, y no de ausencia de recursos”. Efectivamente los recursos existen. La siguiente “oradora” fue la presidenta del FMI quien señaló que el 8% del PBI mundial se evade. Claro que estamos hablando de la gran evasión de las finanzas globales, en las guaridas fiscales.

En este momento, nuestro país se encuentra en medio de la negociación para reestructurar su deuda externa. Con este propósito, el presidente Alberto Fernández armó una gira en la cual cosechó el apoyo de Israel, Alemania, Francia, España, mostrándose como un estadista regional. Lo interesante es que el Gobierno argentino no reestructura su deuda aceptando los tradicionales condicionamientos del FMI. Un buen ejemplo es el ofrecimiento de una moratoria para las deudas que las pymes tienen con el fisco. Se trata de una clara determinación para ayudar a salir de la recesión, opuesta a la ortodoxia fundamentalista.

En igual sentido puede tomarse la decidida baja de la tasa de interés de referencia que está llevando a cabo el Banco Central de la República Argentina. Todo el esfuerzo está encaminado a la reactivación productiva para salir de la recesión. Según el Indec, el Estimador Mensual de Actividad Económica de noviembre respecto a igual mes del año anterior dio -1,9%. El acumulado del 2019 respecto al 2018 fue -2,3%. En la variación anual, sectores importantes como industria, comercio y construcción se encuentran aún peor, con caídas de -4,8%, -5% y -6,7% respectivamente. En 2019 cerraron 48 empresas por día. En los últimos cuatro años, 25 mil.

Al anunciarse la moratoria a las pymes –que incluye también monotributistas, autónomos y entidades sin fines de lucro, como cooperativas o clubes de barrio- las autoridades señalaron que la deuda con la AFIP es mayor a 400.000 millones de pesos. La propia titular, Marcó del Pont, señaló que equivale al 80% de los créditos comerciales del sistema bancario argentino.

¿Tienen la culpa algunas pymes por haberse atrasado con el fisco? De ninguna manera. Lo que queda claro es que los cuatro años de retroceso en el nivel de actividad y las tasas de interés por las nubes hacían muy difícil cumplir con las obligaciones fiscales.

El ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, hizo mención a que las pymes se encuentran en una situación de ahogo financiero después de años de caída de la actividad, los salarios y el consumo, al mismo tiempo que hubo un aumento “monstruoso” en las tasas de interés. Las pymes generan más de la mitad del PBI y casi ¾ del empleo privado, y las principales damnificadas son las más chicas. Poco más del 90% de las empresas afectadas por la crisis son establecimientos que emplean hasta 10 trabajadores.

El plan de moratoria permitirá financiar a plazos de hasta 10 años toda deuda impositiva, aduanera y de la seguridad social. Incluye la condonación parcial de intereses y total de multas. De esta manera, las empresas gozarán de una quita promedio del 42% del total de sus deudas. Además, comenzarán a pagar a mediados de julio. Y sobre todo, se suspenden la acción penal y los embargos.

Ya tenemos la bendición del Papa, la moratoria de Marcó del Pont, las diversas políticas de reactivación de Alberto; falta que Kristalina y el FMI no hagan lo mismo de siempre.

Nota publicada en Minuto Uno el 06/02/2020

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