Devaluación e inflación: un propósito cumplido del presidente Macri

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Hace un mes largo que sabemos cuál es la inflación de septiembre, porque la sufrimos cada día cuando vamos a hacer las compras. Pero el jueves el Indec publicó su dato fatídico. El IPC dio en promedio 6,5% mensual. La anual ya está en 40,5%. Los precios regulados, o sea los servicios donde el gobierno habilita los tarifazos, tuvo un incremento anual del 52,5%. La inflación núcleo, la que ellos dicen que es “la posta” porque no toma en cuenta los tarifazos dio 7,6%, peor que el IPC. Mirando los rubros, los alimentos subieron 7% en promedio. La ropa 9,8% pero en el GBA subió más: 13,1%. El transporte 10,4% en septiembre, pero en términos anuales se incrementó 58,8%.

Lo de los alimentos es inhumano, en septiembre el pan aumentó 16,7%, la harina 11,7%, el arroz 16,3%, fideos guiseros 20,1%, carne picada 7,7%, pollo 15,8%, hamburguesas 20,4%, leche 8,4%, yerba 9,5%, pañales 15,6%. En el año el pan subió 65,8%, fideos 68,8%, pollo 50%, huevos 76% y aceite 66%. Aquí ya podríamos finalizar la nota, con el consabido “sin palabras”, lo cual resultaría verdadero.

Sin embargo, ante esta realidad vale la pena preguntarse, ¿cuál fue la razón, por la que el gobierno se negó terminantemente a incorporar cláusulas gatillo en las paritarias? Ahora se corrió el velo y se aprecia la realidad. El gobierno tenía pensado hacer una fuerte devaluación y una fuerte inflación, con lo cual licuaron el gasto público del Estado y los salarios a las empresas privadas. Única manera de seguir profundizando el ajuste, porque con los tarifazos no era suficiente para el FMI. Igualmente no para: esta semana subió nuevamente el transporte y ya se anunció nueva suba en prepagas. Otro dato dramático: en un año las jubilaciones ya perdieron 16% del poder adquisitivo, es como si los jubilados ganaran un 16% menos. De aquí surge una triste paradoja: en la época de la Alianza I, Patricia Bullrich era la ministra de Trabajo y les recortó el 13% a los jubilados y trabajadores estatales. Ahora en vez de 13 les bajaron 16. Y la que era ministra de Trabajo ahora es ministra de Seguridad, preparándose para actuar.

Surge otro interrogante crucial: ¿la inflación fue buscada por el gobierno o se desbordó? Todo indica que fue una acción política deliberada. Primero que nada para hacer el ajuste, y el segundo propósito propagandístico: poder mostrar el año que viene -en la recta final de la elección presidencial-, que la inflación será menor a la de este año. Por eso los precios mayoristas volaron en septiembre, dieron 16% de incremento en un mes. La variación anual está entre los 74% y 78%, según el índice que se tome. Los precios mayoristas son insumos para producir los bienes que luego llegan a la góndola. Por ello es preocupante, porque inevitablemente se trasladarán al minorista

A pesar de estos resultados la mayoría de la corporación mediática defiende al gobierno, sin embargo los capitalistas del mundo, “los Wall Street” ya hablan de “hiperinflación en Argentina”. Y no lo dicen porque sean tirabombas, sino por el contrario, se trata de un concepto técnico. La norma dice que es hiperinflación si en tres años sumados supera el 100%. Muchas de esas multinacionales operan en Argentina, y allá ponen en sus balances que estamos en hiper, aunque acá se queden callados y aplaudan al gobierno en los coloquios y ante las cámaras.

Si alguien faltaba era la CEPAL, que recalculó sus estimaciones de crecimiento para la Argentina. Hasta hace poco decía que este año caíamos –0,3%, pero ahora dice que caeremos –2,8%, una muy gradual corrección. Y el año que viene caeremos –1,6%.

Ahora el punto político central es el presupuesto anterior al dólar a 40, sobre todo en el acuerdo con el FMI que se cocinó en Washington. Primero lo elaboran en aquella metrópoli y luego se lo acercan a nuestros parlamentarios para que levanten su mano.

De afuera nos ven sin las anteojeras de la corporación mediática. El Foro Económico Mundial hace un ranking anual de 140 economías. En “estabilidad económica”, que básicamente mide inflación y deuda, estamos en el puesto 136, es decir, somos de las peores economías del planeta. Para completar la escena discepoliana, el ministro Nicolás Dujovne dijo solemnemente: “a la inflación, yo la estoy viendo bajar”.

Nota publicada en Minuto Uno el 24/10/2018

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Un presupuesto inverosímil y de ajuste crónico a la sociedad

Minuto Uno | Opinión

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La semana pasada, el ministro Nicolás Dujovne presentó ante el Parlamento el proyecto de Presupuesto Nacional para 2019. Dado que es una gestión poco afecta a comunicar sus acciones de gobierno con un Presidente que nos dice “tranquilos, tranquilos, lo peor ya pasó” resulta necesario repasar y ponderar las asignaciones de las partidas presupuestarias, ya que no creemos que lo peor pasó, sino lo contrario.

En principio no es una tarea sencilla porque este gobierno también se ha caracterizado por poner variables inverosímiles en las proyecciones del presupuesto. Por ejemplo, el año pasado habían dicho que íbamos a crecer 3,5% y resulta que ahora nos dicen sueltos de cuerpo que se equivocaron, que en realidad caeremos a -2,4%. O sea, una diferencia abismal de 6 puntos del PBI, al mismo tiempo que anticipan que para 2019 el crecimiento será 0%. Recordemos que el presidente Mauricio Macri llegó al poder prometiendo acabar con la inflación y ahora anuncian que para fin de año será del 45%, mientras nos ofrecen como “alternativa” lo mismo que Domingo Cavallo en 2001: “Déficit 0″.

A tres meses del acuerdo no pudieron cumplirle al FMI las metas, entonces ahora le piden más y prometen metas aún más difíciles de cumplir, pero dejando afuera el pago de los intereses de la deuda, que el año que viene crecerán 48% según el presupuesto. Como vemos, pagarles a los banqueros internacionales es lo único sagrado.

¿Qué más planifican? El consumo total va a ser -2%, el consumo privado –1,6%, el consumo público –3,4%, la inversión –9,7%, casi menos 10, como en el Chinchón.

Ellos dicen que en 2020 las cuentas vuelven a dar positivas. Con esa perspectiva y saña contra el gasto público, es difícil imaginar que la economía vuelva a crecer en el corto plazo. En suma, nos prometen una recesión prolongada.

Otra de las proyecciones que nadie cree es que el dólar va a estar clavado en 40 pesos durante todo el año. Recordemos los recientes dichos de Elisa Carrió asegurando que no subiría de 23 pesos. Acerca de la inflación, que le yerran todos los años, esta vez dicen que el promedio de 2019 será 34,8%, aunque a fin del año será 23%. Si así fuera, estarían dejando la inflación igual que como la dejó el gobierno anterior, cuando Macri decía que venía a combatirla. En realidad no la van a bajar porque es la principal herramienta para el ajuste, ya que casi todas las partidas del gasto crecen por debajo de la inflación promedio, salvo intereses de la deuda. Claro que hay partidas más castigadas que otras, como Educación y Cultura, que subirán 21,3%, Trabajo 17,5% y Vivienda y Urbanismo 11,5%, con una inflación de 34,8%. Pero hay otras que incluso caerán en términos nominales, como Energía –4,1% y Transporte –11,8% (quiere decir que seguirán profundizando la quita de subsidios). Las Transferencias Corrientes subirán apenas 9,4%, afectando a las provincias y los municipios. Esto es el ajuste del FMI: hay riesgos de epidemias y nosotros sin Ministerio de Salud. Tenemos desempleo de dos dígitos y eliminaron el Ministerio de Trabajo.

Otro tema sensible es el Impuesto a las Ganancias: ahora piensan quitar exenciones sobre algunos ítems de forma que trabajadores, jubilados, mutuales y cooperativas pasen a pagarlo. Recordemos aquel apotegma del candidato Macri: “en mi gobierno ningún trabajador pagará impuesto a las ganancias”. ¿Qué ocurrió?: En 2015 pagaban 1.190.000 personas, ahora pagan 2.028.000; o sea 838.000 más.

Celebran que el dólar se frenó, que los capitales norteamericanos están comprando las acciones argentinas por ganga, que bajó el riesgo país mientras se prendieron fuego todas las variables reales: el PBI, el empleo y la pobreza.

En el segundo trimestre de este año la tasa de desocupación fue de 9,6%, cuando un año atrás había sido de 8,7%. Es un aumento alarmante que en el Conurbano alcanzó el 12,4%. Si sumamos a la gente que tiene empleo pero busca un trabajo extra hay que sumar otro 16%. Y si tenemos en cuenta a los que trabajan pocas horas pero buscan más (subocupación demandante) hay que agregar otro 7,7%. En definitiva, el 33,3% del mercado laboral está buscando trabajo y no lo encuentra.

La “novedad” de los Precios Cuidados resultó un fiasco: tiene solo dos frutas y verduras: papa y manzana. Y solo dos cortes de carne: picada y espinazo. A este gobierno la única idea que se le prende es la del ajuste. Tranquilos, tranquilos…¿lo peor ya pasó?

Nota publicada en Minuto Uno el 26/09/2018

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Participación Pública-Privada: de Thatcher a Macri

Minuto Uno | Opinión

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La conocida expresión “todos los caminos conducen a Roma” nunca estuvo más vigente como en la Argentina de hoy. En el antiguo Imperio Romano se construyeron más de 400 vías para comunicar su capital con las provincias más alejadas. La actualidad de la gestión de Cambiemos guarda similitudes con el viejo Imperio.

Y si hablamos de caminos, veremos que el mejor ejemplo es la novedosa política del gobierno de construirlos a través de los contratos de Participación Público Privada (PPP), cuyo objetivo principal es asegurarle fuertes ganancias a las grandes corporaciones empresarias. Resulta imprescindible recordar que la inspiradora y fundadora de esta gran iniciativa fue Margaret Thatcher.

La normativa afirma que entre el Estado Nacional y las empresas privadas rige: “el equitativo y eficiente reparto de aporte y riesgos”.

Se evidencia en esta Ley que, dado que el Estado Nacional es el único que tiene solvencia absoluta, se depositarán en él todos los riesgos, eximiendo a los capitales privados de cualquier ulterioridad. O sea, inversión privada sin riesgo empresario.

Pero además, hace pocos días se modificó, a través de un decreto presidencial, la ley que rige los novedosos PPP, que de “nuevos” no tienen nada. Se agregaron tratamientos impositivos especiales para “abaratar costos” de las empresas participantes. Se incorporó también la anacrónica decisión de establecer jurisdicciones extranjeras “como mecanismo de solución de controversias”.

No es casual que estos Decretos se hayan firmado casi en paralelo a la celebrada visita del presidente del gobierno de España, Mariano Rajoy. Sin embargo, los europeos dejaron en claro que para volver a invertir en Argentina necesitan que se avance en el control de la inflación, reducción de déficit fiscal y comercial, y tener la seguridad de que, con vistas a las elecciones de 2019, no se modifiquen las actuales condiciones económicas. Es decir: somos muy amigos, pero por ahora plata no ponemos.

Paradójicamente en la propia España este sistema fue un fracaso. Justamente en enero pasado, Rajoy anunció que rescataría las autopistas de peaje quebradas, que estaban siendo gestionadas bajo contratos de PPP. El Estado español tuvo que desembolsar entre 2000 y 4500 millones de euros para ello. Claro que el fracaso no fue sólo español, situaciones similares ocurrieron en Grecia, Irlanda, Gran Bretaña, Colombia y otros países. Para completar la escena de tragedia Griega, en el país de Esquilo y Sófocles, el costo por kilómetro de tres autopistas auditadas fue un 70% más que lo contratado.

Entre las deficiencias que se demostraron surgieron también la “baja relación calidad-precio”, la “escasa transparencia” y un “fuerte desequilibrio en los niveles de riesgo”.

Pero volviendo a nuestro país, el modo en el que se plantea la normativa de PPP no difiere demasiado de lo que fueron las privatizaciones menemistas.

Un ejemplo de ello es que antes de recibir los sobres de las ofertas de licitación de las autovías, el gobierno del presidente Mauricio Macri dispuso un aumento de peajes para garantizar los flujos futuros de las empresas privadas contratantes.

La lógica política que da sustento a los cuestionados y desmesurados aumentos tarifarios es muy similar. Lo explicó sin ningún pudor el ministro Nicolás Dujovne en una entrevista brindada al diario La Nación: “Necesitamos que baje el gasto público”. Luego aclaró que “como hay un componente de gasto social que está legislado” son cuatro los temas en que se puede recortar: “los subsidios económicos, los salarios del sector público, el gasto en universidades y el gasto destinado a infraestructura”. Como broche de oro remató: “repartimos esa baja (del gasto) entre una baja del déficit y una baja de impuestos”.

Sus dichos “sinceros” constituyen una verdadera confesión: les bajaremos los impuestos a los empresarios y ajustaremos a trabajadores y clases medias. Queda clarísimo quienes son los ganadores y quienes los perdedores.

Otro de los sectores que tiene que soportar los costos del modelo aperturista y antimercado interno, es el de las Pymes.

En un comunicado publicado por la Asamblea de Pequeños y Medianos Empresarios (APYME) se cita lo expresado por el propio secretario de Emprendedores y Pymes del gobierno nacional, Mariano Mayer: “sólo en 2017 sufrieron embargos 250 mil Pymes”.

El universo Pyme en nuestro país es de entre 700 mil y 900 mil empresas y, como es reconocido, provee el 70% del empleo en Argentina.

El comunicado de APYME concluye: “el Gobierno admite la ola de embargos, pero no actúa sobre las causas”. Ciertamente, la gestión de Macri ya demostró que más allá de los títulos de algunos proyectos de ley, las Pymes no son su prioridad, por lo tanto formarán parte de los perdedores del proyecto político macrista.

Nota publicada en Minuto Uno el 25/04/2018

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Entre los elogios del FMI y los sueños presidenciales

Minuto Uno | Opinión

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Podría haber parecido que Christine Lagarde, directora del Fondo Monetario Internacional (FMI), vino a nuestro país a hacer turismo: vio un partido de polo, luego un superclásico (con la camiseta de River), ya que estaba se fue a las Cataratas con el marido (volvió bronceada) y coronó su tour bailando tango en Buenos Aires. Pero no, su visita coincidió con la reunión de los ministros de finanzas y presidentes de bancos centrales del G-20. Como era de esperar, los popes de las finanzas mundiales nos dejaron un recetario que no hace más que poner en palabras la política que lleva en el país el gobierno de Mauricio Macri, como si fueran ellos mismos quienes gobernaran.

En el comunicado oficial reivindican el libre comercio, lo cual resulta inevitable ya que ese es su dogma de época, sin embargo no pudieron evitar expresar su preocupación por el riesgo que implica la “creciente volatilidad de los mercados”. Piden reformas estructurales drásticas, aunque a su vez, celebran el gradualismo, asumiendo que tienen una contradicción entre su objetivo estratégico y su táctica coyuntural de no radicalizar aún más sus políticas.

Mientras tanto, durante esa semana el Banco Central de la República Argentina se la pasó vendiendo reservas para tratar de que el dólar no siga engordando los colchones justo cuando había visitas de la Casa Central. Y para peor advierten: “Nos abstendremos de devaluaciones competitivas”, aunque esta aseveración no goza de credibilidad.

También reparan sobre el aumento de los niveles de deuda, justo cuando el Indec anunciaba que la deuda externa argentina había crecido 52.000 millones de dólares en 2017 y que el Ministro Luis Caputo había vuelto de Nueva York diciendo que ya no nos íbamos a endeudar más en el exterior. De hecho, los datos indican que se pinchó la entrada de capitales especulativos. En febrero se registró la cifra más baja en siete meses, ocho veces inferior al nivel alcanzado en septiembre. El diario La Nación aprovechó para considerarlo un mérito, algo así como el fin de la bicicleta financiera por haber bajado un “pelito” la tasa de interés, pero la realidad es que los mismos especuladores de la bicicleta son cada vez más reacios a venir a nuestras playas.

Otro gran tema es la sequía. Las nuevas estimaciones indican que perderemos 3.400 millones de dólares. Tampoco el ministro de Hacienda Nicolás Dujovne quiere traer su patrimonio que radica en el exterior del país, al igual que sus congéneres del gabinete.

Mientras el Banco Central quemaba reservas para frenar la fiebre verde, el presidente Macri sintió que debía comunicar a la población su pensamiento. Después de haberle dicho a los granaderos que Rivadavia trajo los restos de San Martín cuando el vilipendiado primer Presidente ya había partido de este mundo; dijo que en su primer año la inflación fue 35%, cuando el Indec oficializó 40,5%. Eso sí, confesó que “está bajando pero menor a lo que imaginé y soñé”. Se aprecia que, en materia de precios, los sueños del Presidente no se cumplen.

Continuando con las realidades imaginarias, Macri dijo que las offshore, o sea las guaridas fiscales, son para organizar inversiones y que un funcionario público no puede andar dando explicaciones, ya que si no enloquece.

El Presidente insiste también con el tema turístico. En tal sentido, podría pensarse que si quiere fomentar el turismo podría decirle a su amigo inglés Joe Lewis que devuelva el lago Escondido, así todos lo visitarían e ingresarían más dólares al país.

A pesar que el PBI creció 2,9% en 2017, la economía no levanta. La balanza comercial de febrero mostró un déficit récord de 903 millones de dólares, 1.872 millones en el primer bimestre. En enero, las ventas en shopping subieron 4% respecto al año anterior, pero las de supermercados cayeron 3,1%. Eso muestra a las claras que el (magro) crecimiento es para los más pudientes, no para los que sólo pueden ir de shopping al supermercado.

Y se vienen las Pascuas. Los productos que se consumen en estas fiestas llegan con aumentos muy superiores a la meta del 15% que le piden a los salarios: pescado 44%, rosca de pascua 50%, huevitos de Pascua 60%. Encima vienen con sorpresa: en abril suben el gas, el colectivo y los trenes.

No faltará quien asocie todo esto a una suerte de vía crucis, pavimentado de tarifazos y ayunos obligados.

Nota publicada en Minuto uno el 28/03/2018

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No baja la inflación ni el déficit fiscal - Bajan jubilaciones, salarios y subsidios

Minuto Uno | Opinión

Tras las elecciones quedó claro que el gobierno no viene a terminar con la inflación ni a reducir el déficit fiscal. Viene a apropiarse de los ingresos de los trabajadores y la clase media a favor de las grandes empresas.

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“No queremos seguir tomando deuda y obligar a nuestros hijos y nietos a pagarla”. La frase fue pronunciada por el presidente Mauricio Macri el pasado 1° de enero. Tres días después, se anunciaba en el Boletín Oficial la autorización para tomar deuda por 30.000 millones de dólares, que se intentará tomar en mayor medida en pesos, y el resto en dólares. Pero el tema fue exprimido para sacarle más jugo aún: se festejó la tasa del 6,95% como “la más baja de la historia”. Este artilugio publicitario seguramente lo realizaron confiados en que nadie reparará en nuestra historia. Se trata de una tasa superior a aquella tristemente célebre del primer empréstito de la Baring Brothers, que fue del 6%. Hecha la aclaración histórica, queda señalar lo obvio: la palabra presidencial duró sólo tres días.

Es sabido que el actual Gobierno goza de una protección mediática sin precedentes, que le permite presentar las malas noticias como buenas: aquello de transformar el error en virtud. Quizás el primer caso de puesta en práctica de ese sofisma fue la devaluación y el ajuste de Alfonso Prat-Gay, al que bautizaron amablemente “sinceramiento”; aunque luego se desató una brutal demarcación de precios.

Así se entiende que el anuncio del tarifazo en el transporte haya sido presentado como una reducción de la tarifa. Claro que para eso, la corporación mediática repitió hasta el hartazgo simulaciones con combinaciones estrambóticas para mostrar cómo un incremento de la tarifa de casi 70% puede llevar a que un ciudadano pague menos que antes. Es cierto que el sistema multimodal es una modernización útil, pero fue utilizada como distracción para disfrazar el tarifazo. La gran mayoría de los usuarios no toma tres medios de locomoción (solo el 20% lo hace). Y si hablamos de los porteños, la quimera de los tres tristes transportes se diluye. Lo que más tomamos es subte, y es lo que más aumentó. Está claro que en este caso ni siquiera se puede decir: “todo bien, porque subió pero bajó”.

Las grandes protestas callejeras de fin de diciembre, hermanadas con las calles de marzo, contribuyeron a que se corran las brumas y se pueda ver más claramente que el modelo va profundizando su rumbo. Ahora se desnuda que el gobierno no ha venido a terminar con la inflación y a reducir el déficit fiscal como dice. En la realidad, en estos dos años tras ese discurso se justificó el avance hacia sus verdaderos objetivos: la apropiación de ingresos de los trabajadores y las clases medias; a favor de grandes empresarios y millonarios diversos que encarnan, vía baja de salarios, jubilaciones y subsidios. ¿Cómo interpretar sino la conferencia de prensa del 28 de diciembre, el Día de los Inocentes, cuando la plana mayor a cargo de economía y finanzas de la Nación anunció que se subiría la meta de inflación? Justo al día siguiente el dólar salió de su letargo. Es decir que en realidad estaban anunciando una devaluación. Y, simultáneamente, hacen todo para que la inflación suba, o sea los precios que pagamos todos los ciudadanos.

Ahora los aumentos de los combustibles tomarán nota del nuevo valor del dólar, y el costo de transporte quedará de nuevo desfasado. A ello se suman los calendarios de tarifazos ya anunciados en los servicios públicos, las prepagas, celulares, y peajes. También es dudoso hasta dónde les interesa realmente bajar el déficit fiscal. Si fuera así, hubieran cerrado todas las canillas del erario público. Sin embargo, lo que hacen es cerrar algunas y abrir otras. Hay una ingeniería presupuestaria, por la cual deciden a qué sector de la sociedad beneficiar y a cuál perjudicar. Se anunció una nueva quita gradual de retenciones a la soja que reclamaba la Sociedad Rural Argentina, pero redujeron casi a la extinción el reintegro de los 300 pesos de IVA a los jubilados que compraban con tarjeta; y elevaron de 200 dólares a 500 dólares el monto de mercancía libre de impuestos que pueden entrar al país los argentinos que vienen del exterior.

Tampoco importa reducir el déficit externo: el año que acaba de terminar marcó el más grande en un siglo, mientras el supuesto aliado, Estados Unidos, ratificó el arancel prohibitivo al biodiésel argentino. ¿Saben por qué lo hacen? Ellos lo dicen: “no permitiremos que nuestra industria salga perjudicada”. Mientras aquí nos abrimos cada vez más perjudicando a nuestra industria nacional.

En suma, 2018 será un año en que el gobierno intentará aplicar a rajatabla su plan de desmonte del Estado y transferencia de ingresos. Y claro, seguramente chocará con el rechazo de los ajustados: la gran mayoría de los ciudadanos.

Nota publicada en Minuto Uno el 12/01/2018

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Un millón de firmas contra la Reforma Previsional

Saludamos el enorme esfuerzo que la militancia del Partido Solidario, en conjunto con un importante colectivo de organizaciones políticas y sociales, viene realizando en todo el país en el marco de la campaña “Un millón de firmas contra la Reforma Previsional”.
Porque estamos convencidos de que la reforma previsional aprobada por el Congreso de la Nación en diciembre pasado cercena los haberes de los actuales y los futuros jubilados, pensionados y beneficiarios de las asignaciones sociales -perjudicando a algunos de los sectores más desprotegidos de nuestra sociedad-, convocamos a nuestra militancia a redoblar los esfuerzos y a continuar interpelando a toda la ciudadanía para que apoye con su firma el pedido de derogación de la Ley Nº 27.426.
La campaña de recolección de firmas contra la reforma previsional es una iniciativa de las comisiones de Defensa de los Derechos Humanos de las Personas Mayores y de Inclusión y Desarrollo Social del Instituto PATRIA, con el objetivo de que el Congreso trate un proyecto de ley de tres artículos que deroga la Ley Nº 27.426 y sus normas reglamentarias, y establece que hasta tanto no se dicte una nueva norma, continúe en vigencia la Ley Nº 24.241, sus modificatorias y sus decretos reglamentarios.
Según la Ley Nº 24.747, las iniciativas legislativas populares requieren la firma de un número de ciudadanos no inferior al uno y medio por ciento (1,5 %) del padrón electoral utilizado para la última elección de diputados nacionales. Por eso, si logramos juntar un millón de firmas el Congreso tiene que tratar el proyecto de ley que impulsamos.
En este contexto es importante recordar que el objetivo explícito que el gobierno persigue con la reforma es generar un “ahorro” superior a los 100.000 millones de pesos. Inaceptable desde el punto de vista ético y político. Es que por un lado el gobierno recorta jubilaciones y subsidios sociales, pero por el otro aumenta significativamente los pagos de intereses de la deuda externa, de la misma forma que los capitales más concentrados obtienen más facilidades para incrementar su caudal de ganancias.
Vale rememorar también que el informe que el FMI elaboró en noviembre de 2016, para la revisión del Art. 4º, ya contenía de hecho el germen de la reforma actual, que es el cambio de la fórmula de actualización. Es más, en aquel informe se afirmaba que “reducir la pensión mínima respecto del sueldo promedio, del 75 al 45%, redundaría en un ahorro del 10% del PBI” en diez años. En los hechos, al quitarle peso a la ponderación del salario, como ocurre con la nueva fórmula, lo que se está haciendo es satisfacer el pedido del FMI.
En este marco, la frase reciente del Papa Francisco resulta contundente: “un pueblo que no cuida a los abuelos y no los trata bien es un pueblo que no tiene futuro. Los ancianos tienen la sabiduría”. Es parte del mismo mensaje que debe darle la población a un gobierno que sólo encuentra pasión en el ajuste permanente y en ser agradable ante los ojos de los organismos y los inversores, e externos.

Carlos Heller – Presidente Partido Solidario
Juan Carlos Junio – Secretario General Partido Solidario

Instructivo para descarga y firma de planillas

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Ajuste más inflación: un golpe fuerte al nivel de vida

Minuto Uno | Opinión

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Mientras el gobierno no logra contener la inflación se consolida el déficit gemelo: se importa más de lo que se exporta y se gasta más de lo que ingresa.

En medio de la euforia por un supuesto boom del consumo, que en realidad fue de apenas un 0,4% anual, el Indec publicó que la inflación de septiembre se disparó a casi el 2%. Después de tanta quita de subsidios y sus consecuentes tarifazos, de tanta beligerancia contra los docentes en las paritarias, de tanta suba de tasa de interés de los créditos que afectan a las PyMEs, resulta que en el tramo final del año, la inflación sigue para arriba, que es como decir que los precios no paran de trepar. En suma, no la pueden controlar. Cuando creen que baja, sube.

El reciente aumento de las naftas (sólo un día después de las elecciones) y los próximos de luz, gas, transporte, monotributo y prepagas también van a pegar en la vida de la mayoría de los ciudadanos. Otra cuestión insoslayable en materia de impacto social es el deterioro sufrido por las jubilaciones y la AUH, que perdieron 7,3% de poder adquisitivo en el año. El gobierno argumenta que las suben, pero su crecimiento es menor que la inflación y más tardío. Lo concretan cuando ya pasaron medio año por debajo de lo que corresponde. ¿Cuánto es medio año para un jubilado? Obviamente muchísimo.

Este combinado de actualizar menos que la inflación y más tarde, afecta a 10 millones de ciudadanos, entre jubilados, pensionados y beneficiarios de la Asignación Universal por Hijo. Y todo indica que, a pesar de la dureza de la realidad, intentan presentar la evolución de la economía en situación de mejoría. Sin embargo tenemos déficit gemelos, es decir déficit externo y fiscal: se importa más de lo que se exporta y se gasta más de lo que ingresa.

El gobierno insiste con la apertura de las importaciones, que también golpea a los pequeños empresarios. Y además en creerse aliado de Estados Unidos. Resulta que sus amigos norteños, además de habernos puesto el arancel del 57% al biodiésel, lo cual impide que les podamos vender, ahora agregan una sanción por dumping de un 15% extra. Es decir, el biodiésel tendría un arancel de casi el 72%. Queda claro que habría que elegir mejor a los países amigos. Inclusive el hecho desnuda una estafa a nuestros consumidores, ya que nos lo venden más caro a nosotros y lo ofrecen más barato a los norteamericanos.

Yendo a algunas cuestiones más pedestres, en los primeros 15 días del mes, los alimentos ya subieron un 1% promedio. A este ritmo, octubre terminará un 2% más alto. Decimos alimentos genéricamente, pero por ejemplo la papa negra, o sea la más barata, en medio mes subió un 15%; el tomate perita ya va por el 100% acumulado en el año. Como para tener una idea. No estamos hablando de una TV Led; no: papa, tomate, cebolla. A esta altura resulta lógico preguntarse si están desorientados: los grandes formadores de precios siguen remarcando como siempre y como si nada, y el único remedio al que apelan como un calmante es a mantener las tasas altísimas de las Lebacs para sacar los pesos y evitar la corrida hacia la compra de dólares.

Se habla de la posverdad cuando dicen que está todo bien, aunque choque con la realidad. Pero además de la posverdad, al mismo tiempo aplican otro discurso complementario: el de la ultra-verdad. Una verdad total. Como cuando Marcos Peña advirtió, sin que se le moviera un pelo, que después de las elecciones van a subir las tarifas. Hubo ultra-verdad cuando Juan José Aranguren, el hombre de la Shell, adelantó que iba a liberar el precio de las naftas y que se esperan subas en las estaciones de servicio, lo cual se verificó. Hay ultra-verdad cuando el FMI, los grandes empresarios y todos los economistas liberales del Coloquio de IDEA reclaman y anuncian que habrá más ajuste y se aplicarán las “imprescindibles” reformas estructurales: laboral, provisional e impositiva.

Y para que no queden dudas, “El Mingo” en su retorno también apeló a la ultra-verdad cuando le dijo al diario El País: “Hay una gran coincidencia entre la economía de Macri y la de los 90″. Y cuando el periodista le preguntó: ¿Cree que Macri hará el ajuste después de las elecciones?, contestó: “Yo creo que sí. Si lo posterga le puede explotar en sus propias manos”. Y si hay alguien que sabe de estallidos es Domingo Cavallo. El problema es que las esquirlas afectan a la gran mayoría de los ciudadanos.

Nota publicada en Minuto Uno el 24/10/2017

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La doctrina conservadora se moderniza: una economía sin trabajo ni consumidores

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Por Juan Carlos Junio

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La caída de todos los indicadores económicos y sociales tiene un único objetivo: lanzar después de las elecciones tres reformas que desorganizarán aun más la vida de los argentinos: la reforma impositiva, la laboral y la jubilatoria.

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Desregulación: el talismán del gobierno para convertir lo público en privado

Minuto Uno | Opinión

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Desde los grandes grupos empresarios presionan al gobierno de Mauricio Macri para que abandone lo que ellos entienden como “cierto gradualismo” y le reclaman medidas aún más drásticas.

Por Juan Carlos Junio

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Una tríada para la guerra

Minuto Uno | Opinión

Por Juan Carlos Junio

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Tanto el presidente Mauricio Macri, como la gobernadora María Eugenia Vidal y el jefe de Gobierno porteño Horacio Rodríguez Larreta se pronunciaron contra los maestros. Eso sí, con la consabida sonrisa impostada.

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