Ministro Guzmán: “Señores bonistas prepárense para una frustración”

Minuto Uno | Opinión Por Juan Carlos

mg Pisando marzo ya estamos entrando en la recta final del plazo que se puso el gobierno para resolver la reestructuración de la deuda externa. No hubo declaraciones oficiales de los encuentros entre el ministro Guzmán con los acreedores en Nueva York, pero trascendió que el funcionario les habría planteado a los bonistas que “se preparen para una frustración”. No fue un señalamiento intempestivo. El mes pasado, en Davos, el Premio Nobel Joseph Stiglitz, cercano a Guzmán, ya había dicho que los acreedores debían prepararse para “recortes significativos”.

Es que no se trata de una buena o mala voluntad del gobierno argentino. De hecho, es la misma lógica del mercado. El famoso riesgo país con el que nos intentan correr una vez más, es la diferencia de tasas de interés a la que tenemos que endeudarnos afuera, mucho más alta que la de Estados Unidos. ¿Por qué es esto? Porque se supone que los bonos del Tesoro norteamericano no tienen riesgo, entonces pagan una tasa de interés muy baja, en cambio Argentina es un país con riesgo de no pago, por tanto, a modo de compensación el mercado exige una tasa más alta como condición para prestarnos. Muy bien. Argentina se ha endeudado, de mala manera, con el gobierno de Macri. Lo que estamos señalando es que los bonistas no pueden hacerse los distraídos y pretender cobrar todo como si acá no hubiera pasado nada, como si fuéramos el Tesoro norteamericano libre de riesgos.

Si quieren cobrar todo sin quita, entonces tendrían que reintegrar las ganancias exorbitantes que tuvieron todos estos años por las tasas de interés que les pagamos porque nos calificaron de país riesgoso. O que la diferencia la tendría que pagar las calificadoras internacionales como Morgan Stanley, Standard & Poors y Moodys, quienes durante los tiempos macristas nos descalificaron para que les paguemos tasas carísimas. De allí que Stiglitz dijo que los acreedores “deberían haber sabido el riesgo”.

Así funciona el mercado. Un ejemplo palmario del tratamiento de los riesgos financieros lo está dando el coronavirus. El Banco Mundial venía financiando con bonos un programa mundial contra epidemias. Los bonistas cobraban una tasa muy lucrativa. Pero los prospectos de esos bonos tenían cláusulas que especificaban que en caso de epidemia no cobraban nada. Se trata de bonos que relacionan la cantidad de muertos con riesgo y tasas de interés. Ahora están a la espera que la Organización Mundial de la Salud defina la calificación de pandemia. Pero en este mundo tercerizado, es una empresa norteamericana con sede en Boston llamada AIR Worldwide la encargada de determinar si se pagan o no esos bonos. Bien, todo esto no es ciencia ficción, sino que es el capitalismo que desnuda sus esencias.

Cada uno sabe las reglas y los bueyes con los que está arando. Si el pueblo argentino está siendo convocado por el gobierno a realizar un esfuerzo, cada uno desde su lugar y posibilidad, cuidando a los que menos tienen, es de esperar que los bonistas de los grandes fondos extranjeros también sean compelidos a poner algo de lo que ganaron.

Además, tiene que quedar claro que estos bonistas no tendrían pérdidas propiamente dichas. Lo que se está proponiendo no implica pérdidas patrimoniales, sino que dejen de ganar tanto como pensaban. La frustración de la que habló el ministro tiene que ver con una fantasía de ganancias imaginarias, una expectativa que se ha alejado de la realidad mostrada por las altas tasas y el riesgo asociado.

¿Tendrán los fondos Blackrock, Templeton, Marathon y Fidelity tolerancia a la frustración? Una reestructuración madura sería una oportunidad para que la superen.

El país está en vilo esperando ordenar el frente externo para dinamizar la recuperación. El gobierno transita con determinación el camino de privilegiar a los afectados por la cultura del descarte, ya que “sin pan no hay democracia ni libertad”, como señaló el Presidente ante la Asamblea Legislativa.

Estos esfuerzos económicos para algunos son a su vez esfuerzos políticos que dan cuenta de la voluntad del Presidente de realizar transformaciones progresistas que mejoren la vida de trabajadores y clases medias.

Nota publicada en Minuto Uno el 27/02/2020

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La disputa con los prestamistas: “la sociedad argentina está primero”

Minuto Uno | Opinión

Por Juan Carlos Junio

mg La Argentina se encuentra en medio de una negociación crítica para reestructurar su deuda pública externa con los bonistas locales e internacionales y con el FMI, contraída por el gobierno de Mauricio Macri. El ministro Guzmán en el Congreso fue categórico sobre las prioridades “el gobierno no va a permitir que fondos de inversión extranjeros marquen la pauta de nuestra política macroeconómica”, “la sociedad argentina está primero”. Y emulando el Juicio a la Junta Militar de la dictadura, sentenció “Nunca más a los ciclos de sobreendeudamiento. Nunca más a ciclos que destruyen oportunidades”. Mientras tanto, un abogado de los fondos buitre que nos confiscó la Fragata Libertad en Ghana, empezó a trabajar con los ahora llamados benévolamente “bonistas”, que antes eran simplemente “prestamistas”.
El sector financiero internacional y el FMI tomaron nota de la posición argentina. Ambos eligieron la tribuna más calificada de los grandes especuladores internacionales del Financial Times para publicar su visión sobre la deuda de nuestro país. Obviamente el periódico se puso del lado de los bonistas. En una editorial muy dura contra Argentina comienzan reconociendo que lo recibido por el presidente Alberto Fernández de su predecesor Mauricio Macri “es tóxico” y destacando la existencia de “una profunda recesión, una de las tasas de inflación más altas del mundo y una deuda nacional que se acerca al 90% del PIB”. La mirada que tienen de nuestro país es coherente con la que tienen los ingleses desde el mismo nacimiento de la Patria. Señalan que nuestra economía “está bendecida con abundantes recursos naturales”, que tenemos que apoyarnos en “los sectores más competitivos como la agroindustria”, al tiempo que critican “los controles de precios y de cambio, los mayores impuestos a la exportación, la abundante impresión de dinero y que el aumento de las dádivas sociales no suman a la prosperidad”. En definitiva, se trata de un conservadurismo que repite las viejas y fracasadas zonceras del modelo agroexportador, apertura al flujo de capitales, y no intervención del Estado. Es la misma posición de la Sociedad Rural Argentina y del Foro de Convergencia; o sea, del gran empresariado local y extranjero asociados a los prestamistas internacionales.

Georgieva, la presidenta del FMI, sorprendió con una nota publicada también en el Financial Times, en la que admite que el enfoque del organismo no toma en cuenta características propias de los mercados emergentes. Como ejemplo señaló que la deuda de estos países está en dólares, lo que puede causar que el tipo de cambio resulte un amplificador de shock que incrementa los costos y pasivos de la deuda. A pesar de su lenguaje críptico, se trata de una crítica al libre movimiento de los flujos de capitales y las recetas monetarias y cambiarias del FMI. O sea que la directora del FMI critica al FMI. Surge entonces un interrogante obligado: ¿qué está pasando en la cima del FMI? Si bien registramos el aparente cambio de enfoque, lo que Georgieva dice es que ahora conviene enfocarse directamente en las políticas fiscales, es decir, el gasto público y la recaudación. Todo indica que el caso argentino es muy grave. La ortodoxia de Sturzenegger y Macri llevó al máximo la suba de tasas y, una vez más, fracasó rotundamente en bajar la inflación, atraer inversiones para terminar con una gran crisis de deuda. Ahora el FMI se propone discutir nuestro presupuesto.

Durante 2019 los salarios en blanco perdieron el 6,1% de poder adquisitivo contra la inflación. El mayor retroceso se dio desde la derrota de las PASO, es decir cuando se sabían perdedores y dejaron agravar la crisis con la devaluación, el cepo y el “default selectivo”. Se fueron fieles a su historia. En los cuatro años de Macri la pérdida del salario formal real fue de 19,5%.

En ese marco, mientras se negocia la deuda externa, el gobierno comienza por la recomposición de ingresos “de los últimos para después llegar a todos”, como dijo Alberto Fernández. Al ya otorgado aumento de los haberes previsionales y la gratuidad de los remedios del PAMI se suma un reintegro de hasta $700 en el IVA de los jubilados que cobran la mínima, manteniendo el congelamiento de tarifas y combustibles. El derrotero iniciado el 10 de diciembre muestra a un gobierno que cumple con su promesa electoral aprobada en las urnas por la mayoría de la sociedad.

Nota publicada en Minuto Uno el 20/02/2020

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De tierra de “oportunidades” a tierra “arrasada”

Minuto Uno | Opinión Por Juan Carlos Junio

m1 Un siglo atrás, más precisamente un 15 de abril de 1919, un periódico norteamericano de Nueva York publicaba una publicidad que decía: “Cuba, la tierra de las oportunidades”. Acababa de concluir la Primera Guerra Mundial, y Cuba se había transformado en el principal productor y exportador de azúcar. Sin embargo, con el fin de la guerra y el restablecimiento de los habituales canales de comercio, la demanda cayó, con ella se produjo una abrupta baja de los precios del monocultivo que había desplazado al café y crecido en base al desmonte rural. El resultado: beneficio para unos pocos terratenientes y para la poderosa United Fruit Company.
Por eso pareciera que la enajenación del patrimonio nacional se le ofreció nuevamente al primer mundo, pero ahora como farsa resulta inaceptable. Hace cuatro años el gobierno de Macri dio a conocer el prospecto para la emisión de deuda para pagarle a los fondos buitres bajo el lema: “Argentina, tierra de oportunidades”. A partir de allí, en un período récord, el anterior gobierno mutiló la estructura industrial, vapuleó el entramado social, cultivó una deuda que germinó como hierba mala y transformó a nuestro sistema productivo y al tejido social en la tierra arrasada sobre la que debemos transitar. En este caso las ganancias fueron a parar a unos pocos fondos de inversión y especuladores locales e internacionales, pero la historia en general no es muy distinta para los trabajadores y las trabajadoras y las mayorías de las clases medias.

La responsabilidad del anterior gobierno y del propio FMI deberá ser objeto de una investigación sobre lo hecho, como planteó recientemente Cristina Fernández. La problemática de la deuda pone al país en una situación extrema, ya que compromete el presente y el futuro. Sin un margen importante de tiempo no es posible disponer de recursos para atender las múltiples emergencias sociales y productivas. Tampoco es posible encarar de la mejor manera la construcción de un proyecto de país soberano que pueda usufructuar sus generosos recursos naturales y humanos. En este marco resulta imprescindible valorar el reciente anuncio de la incorporación de 1100 profesionales al CONICET, más un incremento de 25% en los subsidios dirigidos a la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica, que se suman a los aumentos del monto de las becas. Todo lo contrario de lo que hizo Cambiemos con su modelo de ajuste y endeudamiento. La experiencia propia e internacional demuestra que un país que aspira al desarrollo de su industria, debe invertir en ciencia y tecnología. Esto también es soberanía.

No está de más preguntar qué significa alcanzar un sendero sostenible. En principio, se trata de llegar a un acuerdo que permita que el país crezca. Va en línea con el pensamiento que acaba de transmitir el Presidente: “no puede ser que les pidamos a los sindicatos y jubilados que sólo aspiren a empatar este año y que los acreedores nos exijan siempre ganar y nos amenacen con ponernos al límite”. Una postura que explica la decisión reciente de reperfilar el bono AF20, exceptuando a los tenedores minoristas, dando un paso importante ya que postergó el pago de este bono, que dejó como “presente griego” el gobierno de Macri.

La corresponsabilidad de los acreedores es un argumento a tener en cuenta, tal como en su momento dijeron distintas personalidades como Joseph Stiglitz y ahora repuso con énfasis Cristina Fernández. El estatuto del FMI prohíbe prestar fondos que serán fugados, como ocurrió en nuestro caso, además de soslayar la imposibilidad de repago en los términos (plazo y tasas) establecidos. El descontento social que atraviesa a la región y los cambios que se están produciendo en el escenario geopolítico y comercial global, son aspectos que pesan a la hora de llegar a un mejor acuerdo. La determinación del gobierno argentino es clara, no se puede aceptar llegar a un arreglo con los acreedores externos rápido y a cualquier precio. En tal sentido, el ministro Guzmán fue contundente: “este gobierno no va a aceptar que la sociedad quede de rehén de los mercados financieros internacionales, ni favorecerá a la especulación sin el bienestar del pueblo”.

Es suma, no hay nada más prioritario que la enorme deuda social. Ese es el reto de la hora actual.

Nota publicada en Minuto Uno el 12/02/2020

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De la bendición del Papa, a la moratoria de Marcó del Pont

Minuto Uno | Opinión

Por Juan Carlos Junio

af La reunión en el Vaticano de nuestro ministro de Hacienda, Martín Guzmán, con el FMI como parte de las negociaciones por la deuda externa argentina puede a simple vista parecer una escena de realismo mágico. Pero lo cierto es que las expresiones del papa Francisco describen crudamente lo que pasa en el planeta.

En el encuentro titulado “Nuevas formas de Solidaridad” el Papa puso como premisa que “el mundo es rico”, que “el ingreso mundial de este año será casi 12.000 dólares per cápita, pero cientos de millones de personas están sumidas en la pobreza extrema, y carecen de alimento, vivienda, atención médica, escuelas, electricidad, agua potable y servicios de saneamiento adecuados e indispensables”, e inclusive habló de “nuevas formas de esclavitud”.

Puntualizó que cinco millones de niños menores de cinco años morirán en el 2020 a causa de la pobreza, y que 260 millones carecerán de educación. Lejos de ser un sermón religioso, las palabras de Francisco podían ser dichas por un dirigente social en uno de los tantos reclamos que demanda el Tercer Mundo.

Igual de sugestiva fue su indicación de que estos temas “no deben ser motivos de desesperación, sino de acción”. Pues “se trata de problemas solucionables, y no de ausencia de recursos”. Efectivamente los recursos existen. La siguiente “oradora” fue la presidenta del FMI quien señaló que el 8% del PBI mundial se evade. Claro que estamos hablando de la gran evasión de las finanzas globales, en las guaridas fiscales.

En este momento, nuestro país se encuentra en medio de la negociación para reestructurar su deuda externa. Con este propósito, el presidente Alberto Fernández armó una gira en la cual cosechó el apoyo de Israel, Alemania, Francia, España, mostrándose como un estadista regional. Lo interesante es que el Gobierno argentino no reestructura su deuda aceptando los tradicionales condicionamientos del FMI. Un buen ejemplo es el ofrecimiento de una moratoria para las deudas que las pymes tienen con el fisco. Se trata de una clara determinación para ayudar a salir de la recesión, opuesta a la ortodoxia fundamentalista.

En igual sentido puede tomarse la decidida baja de la tasa de interés de referencia que está llevando a cabo el Banco Central de la República Argentina. Todo el esfuerzo está encaminado a la reactivación productiva para salir de la recesión. Según el Indec, el Estimador Mensual de Actividad Económica de noviembre respecto a igual mes del año anterior dio -1,9%. El acumulado del 2019 respecto al 2018 fue -2,3%. En la variación anual, sectores importantes como industria, comercio y construcción se encuentran aún peor, con caídas de -4,8%, -5% y -6,7% respectivamente. En 2019 cerraron 48 empresas por día. En los últimos cuatro años, 25 mil.

Al anunciarse la moratoria a las pymes –que incluye también monotributistas, autónomos y entidades sin fines de lucro, como cooperativas o clubes de barrio- las autoridades señalaron que la deuda con la AFIP es mayor a 400.000 millones de pesos. La propia titular, Marcó del Pont, señaló que equivale al 80% de los créditos comerciales del sistema bancario argentino.

¿Tienen la culpa algunas pymes por haberse atrasado con el fisco? De ninguna manera. Lo que queda claro es que los cuatro años de retroceso en el nivel de actividad y las tasas de interés por las nubes hacían muy difícil cumplir con las obligaciones fiscales.

El ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, hizo mención a que las pymes se encuentran en una situación de ahogo financiero después de años de caída de la actividad, los salarios y el consumo, al mismo tiempo que hubo un aumento “monstruoso” en las tasas de interés. Las pymes generan más de la mitad del PBI y casi ¾ del empleo privado, y las principales damnificadas son las más chicas. Poco más del 90% de las empresas afectadas por la crisis son establecimientos que emplean hasta 10 trabajadores.

El plan de moratoria permitirá financiar a plazos de hasta 10 años toda deuda impositiva, aduanera y de la seguridad social. Incluye la condonación parcial de intereses y total de multas. De esta manera, las empresas gozarán de una quita promedio del 42% del total de sus deudas. Además, comenzarán a pagar a mediados de julio. Y sobre todo, se suspenden la acción penal y los embargos.

Ya tenemos la bendición del Papa, la moratoria de Marcó del Pont, las diversas políticas de reactivación de Alberto; falta que Kristalina y el FMI no hagan lo mismo de siempre.

Nota publicada en Minuto Uno el 06/02/2020

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Un mes de gobierno: fuerte transferencia hacia los sectores más postergados

Minuto Uno | Opinión

Por Juan Carlos Junio

afCerca de cumplir el primer mes de gobierno, pueden verse las principales definiciones de lo que se espera será la presidencia de Alberto Fernández. El mensaje fundamental de la campaña fue poner a la Argentina de pie empezando por los sectores más humildes. Claro que tras cuatro años de neoliberalismo aquel enunciado presidencial de “comenzar por los últimos para después llegar a todos” incluye a vastos sectores de la clase media: trabajadores con buenos ingresos, profesionales, pymes, etcétera.

Macri dejó una economía en recesión, con inflación descontrolada, endeudada y con una fragilidad externa en materia de divisas que lo llevó a un default parcial y a la reposición del control de cambios. Ante tamaño descalabro, lejos de aplicar un plan ortodoxo el presidente Alberto Fernández tomó rápidas medidas para fortalecer los ingresos de vastos sectores postergados e ir dinamizando el mercado interno.

Uno de los notables contrastes con el inicio de la gestión macrista es que no asumió el gobierno disparando el dólar oficial, sino que administró los controles de cambio de manera selectiva para no perjudicar la recuperación industrial y evitar la consabida suba de los precios. Se desalienta la utilización de dólares para ahorrar en dicha divisa, así como el turismo y compras en el exterior. Cabe aclarar que este gasto de bienes y servicios no están prohibidos, simplemente salen más caros.

Este agujero de las cuentas externas que dejó el neoliberalismo al ensayar una apertura irresponsable no se buscará cerrar con nueva deuda. Por el contrario, de hecho, Alberto Fernández instruyó a no tomar la última cuota pendiente del acuerdo con el FMI.

Así mismo, en vez de seguir apretando el torniquete con el dogma de la restricción monetaria, la tasa de interés de referencia bajó en forma sustancial, dando claras señales a la producción de transitar un camino de baja de las tasas de interés.

Otra medida que se diferencia con el gobierno anterior fue el fin de la política del tarifazo permanente. Alberto Fernández congeló las tarifas de luz, gas y de transporte por 180 días. Vencido ese plazo se descuenta que las tarifas estarán desdolarizadas.

Por otro lado, se extendió el programa de Precios Cuidados tomando más y mejores productos, y se bajó la tasa de interés del programa Ahora 12. A través del ANSES se pondrán en marcha una línea de créditos no bancarios a tasas subvencionadas para comprar herramientas o bienes de capital.

La ley de emergencia aprobada por el Congreso vino a poner en práctica los elementos redistributivos prometidos en la campaña. A los impuestos al dólar ya mencionados, se agrega la recuperación de las alícuotas del impuesto bienes personales, que en el mundo se conoce como impuesto a la riqueza, con un agregado más fuerte a los capitales que fueron blanqueados; y se incrementaron moderadamente las retenciones agropecuarias contemplando situaciones de economías regionales. Con estas medidas, el mayor peso contributivo caerá en los que más tienen. Por eso se dispuso también una amplia moratoria a las pymes respecto a sus deudas con el fisco y la seguridad social.

Respecto al empleo, el gobierno dispuso el pago de doble indemnización por seis meses para desalentar despidos en el sector privado. También consensuará un aumento por decreto de los salarios de los trabajadores, tanto públicos como privados.

Esta política de incrementos de ingresos no solo alcanza a los trabajadores del sector formal, sino que se otorgarán bonos a jubilados y a beneficiarios de la AUH. Todas las jubilaciones recibieron el último ajuste de la movilidad, mientras que la gran mayoría están recibiendo un bono de 10 mil pesos, mitad en diciembre y mitad en enero, y en marzo recibirán otro aumento.

Por su parte, los titulares de la AUH recibieron un bono de 2000 pesos además de una tarjeta alimentaria que va de 4.000 a 6.000 pesos, y la devolución del IVA que ellos conservan. Aquí hay que decirlo: este gobierno no subió el IVA, como han titulado algunos medios, sino que se terminó la baja excepcional y generalizada que había ensayado de forma desesperada el macrismo al haber perdido las PASO. Solo les mantiene la baja a los sectores que realmente están pasando hambre, haciendo más eficiente la política en la materia.

Como puede verse, en apenas un mes de gobierno se ha puesto en marcha un rumbo firme de recuperación económica en base a la progresividad, con la mira puesta en transitar un camino “con dignidad, rumbo al desarrollo con justicia social”.

Nota publicada en Minuto Uno el  04/01/2020

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Los retos de la transición hacia otro proyecto político

Minuto Uno | Opinión

Por Juan Carlos Junio

alberto-20cristinaYa es un hecho; de confirmarse en las elecciones generales el resultado de las PASO, la Argentina ingresará en la transición. El Pueblo argentino ha rechazado mayoritariamente al liberalismo, después de la experiencia negativa de los últimos cuatro años. Como si quedaran dudas, al otro lado de la cordillera se agitan las sombras de las llamas ardientes del modelo chileno, diseñado por los Chicago Boys y tan mentado por los liberales criollos. Se les quemaron los papeles. Sin embargo, en nuestro país la transición no estará libre de todo tipo de obstáculos. Restaría cerca de un mes y medio hasta el traspaso de mando. Una eternidad, sobre todo en esta fase donde la crisis ya tiene una dinámica propia.

Uno de los problemas estructurales más graves es la inflación. Macri dijo que nuestro país es “como un alcohólico recurrente con la inflación”. Sin embargo es el Presidente quien ha descorchado la inflación más alta desde los años de la hiper. Sorprende también que haya dicho: “no podemos resignarnos a no tener nuestra moneda”, cuando en su gestión dolarizó las tarifas de los servicios públicos, los combustibles, los alimentos y los medicamentos. A su vez, con sucesivos shocks cambiarios y la persistencia de tasas de interés muy elevadas, fue generalizando el proceso dolarizador al resto de los bienes y servicios. También se refirió a “la incapacidad de tener una moneda sana”, usando la expresión de uno de los informes del llamado “Plan Prebisch” de los golpistas de 1955, “Moneda sana o inflación incontenible”.

El gran empresario Ratazzi aprovechó para opinar nuevamente: “hay inflación porque estamos enfermos”, y ya que estaba, hizo gala de su ignorancia sobre la historia argentina al decir que el golpe del 30 “fue raro, semicivil y semimilitar”, para pasar a protestar por la creación de las juntas de granos, de carne y del Banco Central. Es decir, todas las instituciones por las cuales el Estado puede intervenir en la regulación de precios vitales para la vida ciudadana. Pero sus fallidos históricos no implican que desconozca que es inminente en la Argentina un verdadero cambio de época y entonces intentan resistir a perder sus privilegios, entre ellos la “libertad” para formar los precios a “piacere”, para conservar su principio sagrado: la tasa de ganancia.

Desde la derrota en las PASO, el gobierno ha dejado una zona liberada para que se ajusten los precios a la alza. Primero Macri dejó volar el dólar para castigar a los votantes “culpables”. Ahora, tras las elecciones, las cadenas de supermercado advierten que sus proveedores están confeccionando nuevas listas de precios para anticiparse al congelamiento que podría surgir en el próximo gobierno. Se habla de un 15% promedio.

Mientras tanto se conoció la variación del IPC de septiembre que fue de 5,9% con relación al mes anterior. Pero algunos rubros como Salud subió 8,3%, y prendas de vestir y calzado 9,5%. En CABA una familia debe ganar cerca de 35.000 pesos para no ser pobre. Mientras que la canasta de indigencia se ubicó en $ 17.164,45, acumulando un incremento anual del 57,9%. Pero el empobrecimiento recae sobre otros sectores. Una familia de clase media, para ser considerada como tal por el instituto de estadísticas de la Ciudad, necesita superar los $ 54.338,79 por mes. Siempre y cuando sea propietaria de la vivienda. Si ese no es el caso, debe sumarse de alquiler entre 15.000 y 25.000 pesos. Así que estamos hablando de un ingreso superior a los 70.000 pesos para no caer en la pobreza. Otro testimonio de este deterioro de ingresos de la clase media es la pérdida de 250 mil alumnos de los colegios privados en CABA y provincia de Buenos Aires debido al aumento de las cuotas y matriculas los establecimientos.

Fracasada la política de ajuste monetarista para controlar la inflación, ahora todos reconocen la necesidad de un pacto verdadero de precios, porque el “pacto de caballeros” de Dujovne quedó en la nada; ni pacto ni caballeros. Claro que un acuerdo de tal envergadura no puede realizarlo un gobierno en retirada. El Ministro Dante Sica declaró temerariamente que “estamos administrando una economía kirchnerista por obligación”.

A este raid de declaraciones sin sentido ni destino, propias de fin de ciclo, se sumó el canciller Jorge Faurie. Se refirió al levantamiento del pueblo chileno contra el gobierno derechista del amigo presidencial Sebastián Piñera con sorna, hablando de “brisa bolivariana”. Más que brisa, lo que hay allí es un huracán contagioso que se propone correr el andamiaje neoliberal del Continente, abriendo paso a una nueva época, democratizando la riqueza y en la que los pueblos sean soberanos de su destino.


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Lo prioritario y urgente es la deuda social

af-hambreSi algo resulta inapelable en nuestro país en estos días es que estamos ante un inminente cambio de época. Una vez más nos identificamos con aquella canción que inmortalizó Mercedes: “y así como todo cambia, que yo cambie no es extraño”.

Más allá de que aún faltan los comicios definitivos, el resultado de las PASO desató un clima de fin de ciclo del proyecto macrista. Ello se ve reflejado en la campaña de los candidatos: mientras Macri intenta apelar infructuosamente a una épica micro militante tardía arengando a un puñado de vecinos para revertir lo imposible, Alberto Fernández viene de realizar una gira mundial digna de jefe de Estado y acaba de lanzar un ambicioso plan contra el hambre con una amplia representación social.

La expectativa de un cambio de modelo económico está descontada. En los pronunciamientos de los Fernández y sus voceros económicos más cercanos, queda claro que se termina la etapa de especulación financiera y dominio de un núcleo minúsculo de grandes empresarios, para dar lugar a una economía de producción y empleo, en base a un mercado interno vigorizado vía aumento de los salarios y las jubilaciones. El punto radica en pensar cómo será el tránsito hacia una democratización de nuestras riquezas y sobre quiénes recaerá el mayor peso del esfuerzo para redistribuir los ingresos generados por la sociedad.

En los gobiernos liberales -sin ir más lejos, el que está yéndose-, es común que se proponga la consabida teoría del derrame, es decir, primero llenar la copa de los ricos para que después rebalsen los beneficios hacia los de abajo. Lo cierto es que lo primero siempre ocurre, en cambio, lo último nunca se cumple. Deberíamos preguntarnos qué clase de modelo de sociedad nos vuelven a proponer que nos remite al estado de naturaleza primitiva sustentado en el predominio de los más fuertes y luego, si queda algo, comen los más débiles. Esa lógica de la prepotencia del más fuerte es la ética de un capitalismo desatado.

Actualmente, a pesar de su envoltorio, el argumento es que la manada debe premiar a los cazadores más vigorosos (la meritocracia). Ellos serían luego los que conseguirán alimento para el resto. Trasladar este comportamiento al mundo social conlleva no solo renunciar a los preceptos civilizadores más elementales de la vida en comunidad, sino que implica una mirada sobre la economía que pierde de vista que es una ciencia social y que su sentido esencial es beneficiar a la sociedad. Por eso salud, educación, acceso a bienes públicos, inclusión y niveles de participación ciudadana, no deben ser concebidos como gastos, sino como una verdadera inversión que redunda en un mejor país para todos.

Con Macri, las mieles fueron siempre hacia los sectores más poderosos. Por ejemplo, el presupuesto presentado el año pasado para este 2019 ya contemplaba que el pago de intereses de deuda crecería 10%, mientras que los desembolsos para seguridad social de los jubilados y pensionados apenas un 1%. Esas proporciones serán revertidas en el nuevo gobierno. Macri arrasó la caja de las jubilaciones. Como señala el periodista Alfredo Zaiat, recibió el Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) con activos por 67 mil millones de dólares y hoy tras las duras devaluaciones auto inflingidas apenas llegan a 22 mil millones. Así, en cuatro años perdió casi 70% en dólares. Se trata entonces de identificar claramente a los ganadores y perdedores del modelo que culmina. Alberto Fernández ya se ha referido críticamente a la especulación financiera. Un buen lineamiento inicial sería obtener recursos de los sectores económicos que han tenido rentas extraordinarias, el financiero es uno de ellos, pero también cabrá revisar los balances y contratos de las empresas de servicios públicos privatizadas, incluyendo el sector energético, las mineras, los grandes agroexportadores y otros.

Respecto a los sectores más humildes, ahora ampliamente empobrecidos, las diferencias entre Alberto Fernández y Macri surgen con nitidez. Mientras que para el presidente actual la pobreza es sólo un slogan de campaña, que lejos de llevarla a 0 llegó al 35,6% y a fin de año estará cerrando en torno al 40%, Alberto Fernández lanzó el “Plan Argentina sin Hambre” convocando a una vasta red de organizaciones, cámaras empresariales, y distintos niveles de gobierno para lo cual se sancionarán leyes y destinarán fondos muy importantes. Un plan de esta envergadura da cuenta de la utilización plena de las capacidades del Estado para priorizar y dar solución al flagelo inmoral del hambre de nuestros niños y adolescentes en el país de la producción de los alimentos para medio mundo.

En suma, lo esencial es salir al encuentro prioritariamente y en forma urgente de la deuda social con nuestro propio pueblo: asalariados y jubilados despojados en sus ingresos, pymes y clases medias atacadas por tarifazos y créditos a tasas usurarias, jóvenes universitarios y científicos abandonados por un estado negador de su rol social. Todo cambiará.

Nota publicada en Minuto Uno el 11/10/2019

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La deuda social debe ser prioritaria

La fragilidad financiera que nos deja la gestión saliente ha despertado todo tipo de especulaciones respecto a cómo debería afrontarla el gobierno entrante. Macri termina su mandato con parte de la deuda en default -que ahora llaman “reperfilada”-, una cuota del FMI que ha sido retenida y una inmensa deuda total si sumamos a los privados y al FMI. Esa es la deuda financiera. Pero hay otro déficit aún más acuciante: el social. En cuatro años el modelo de la derecha ha llevado el desempleo de la población económicamente activa al 10,6%. . Es decir, más de 2.000.000 de personas. Y la pobreza llegó al 35,4%: lo equivalente a 16.500.000 de ciudadanos/as, que en los menores de edad alcanza al 52,6%. En el Gran Buenos Aires la pobreza ya es del 40%, y aún falta incorporar el impacto de la última gran devaluación que dio lugar a un nuevo rebrote inflacionario, sobre todo en alimentos. Se trata de una deuda que hay que abordar prioritariamente. Ya quedaron muy atrás y al desnudo las promesas de “pobreza cero” y trabajo genuino de la campaña presidencial de Macri.

La deuda social, a diferencia de la deuda financiera, reviste una dificultad adicional y es que debe revertirse en el corto plazo. La pobreza no sabe de “restructuraciones”. En todo caso lo que hay que reestructurar a mediano y largo plazo, es la distribución del ingreso en la Argentina. Según el Indec, el 10% más rico recibe más de 20 veces que el 10% más pobre. Claro que esa apertura porcentual oculta a los ultra ricos, cuyo acaparamiento del producto social es aún mayor. Y si nos ponemos rigurosos, la antítesis de la pobreza es la riqueza concentrada, es decir, no cabría abordar el fenómeno comparando la generación y distribución de los ingresos, sino de cómo los activos de unos han ido creciendo en el tiempo y los de otros, reduciéndose. Así es que se aprecia más claramente que la distancia entre los ricos y los pobres se vuelve abismal. En suma, la riqueza no se ha perdido sino que se ha transferido.

Todo indica, entonces, que para reducir la pobreza de tantos millones de ciudadanas/os tendrán que aportar las minorías que se beneficiaron con el macrismo. Cuando se le pregunta a Alberto Fernández de dónde saldrán los recursos para la gratuidad de los medicamentos a los jubilados, contesta que los sacará de la “usura”.

Otro tema trascendente para las Pymes y las personas es recuperar el sistema financiero para que financie a la producción con tasas accesibles. Es, en tal sentido, pragmático que Alberto Fernández diga: “entre los bancos y los jubilados, me quedo con los jubilados”.

De eso se trata la política, de hacer elecciones y establecer prioridades. No solo elecciones a presidente, sino elecciones del presidente. El jefe de Estado porta la autoridad y legitimidad que emana del pueblo argentino. Atender la necesidad de las mayorías para el desarrollo de una vida digna y plena no es otra cosa que la democracia hecha carne, pan, leche, medicamentos, pero también salud, educación, vivienda, derechos humanos, derechos civiles, soberanía nacional y derechos en vivir en un ambiente en armonía con la naturaleza. Cuando el capital es liberalizado, sólo busca potenciar su tasa de ganancia, en consecuencia todos estos derechos que hemos enumerados se resienten. Las políticas de Macri han traído desocupación, inflación en alimentos, medicamentos carísimos, tarifas de servicios públicos que se fagocitan el ya mermado ingreso familiar, pérdida de ministerios de Educación, Trabajo, Salud y Cultura, un desmonte predatorio de la naturaleza. Acaso la figura del empresario inglés Lewis, el amigo de Macri, resuma mejor que nadie la concentración económica del capital extranjero que excluye a los ciudadanos de su entorno ambiental, bloqueando sólo para sí el Lago Escondido.

Ya el año pasado Alberto Fernández se había referido a la usura para denunciar el préstamo ruinoso con el que el FMI endeudaba al pueblo argentino para salvar la candidatura presidencial de Macri. Esas son las definiciones que esperamos y ponderamos de un presidente. Con esa voluntad política podremos encarar el enorme desafío de los tiempos por venir luego del 27 de octubre.

Nota publicada en Minuto Uno el 04/10/2019


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“No le pediré permiso al Fondo Monetario Internacional”

Minuto Uno | Opinión

Por Juan Carlos Junio

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A un mes de las elecciones presidenciales el pesado carro de Macri es tirado lastimosamente por la yunta de bueyes, que bien podrían llamarse “Fracaso y Decepción”. La derrota está descontada, más aun con la memorable negación del Presidente al decir “la elección no ocurrió”. Es cierto que desde el propósito principal del gobierno no puede hablarse de equívocos, desvíos o yerros, respecto a los objetivos de un neoliberalismo ortodoxo que se propuso cambiar la matriz distributiva de la Argentina y su inserción en el “mundo”. En este sentido, en cierta medida fue exitoso. El desempleo alcanzó los dos dígitos arrastrando a dos millones de personas a esa indignidad. Los precios sensibles como los alimentos y la energía han sido dolarizados empujando al 35% de los argentinos a la pobreza, se desarticuló el entramado productivo de la industria nacional y nos dejan enredados en una deuda impagable con el FMI y diversos prestamistas.

Pero donde ha fallado con creces este proyecto es en su durabilidad. Apenas le bastó cuatro años para agotar un ciclo de endeudamiento y crisis. En los propios términos de la propuesta política neoconservadora, el gobierno de Macri se retira irreconocible: intentando poner algunos controles de precios, bajando el IVA a la canasta básica, congelando tarifas, defaulteando parte de la deuda e imponiendo control de cambios; y ahora estatiza 330 kilómetros de ruta que estaban concesionados a privados. Claro que estas medidas las hace en contra de sus propias convicciones, y su único objetivo es terminar el mandato. El fracaso está en que el proyecto político del gran capital concentrado era sostener su gobierno neoliberal por una década, para tornar irreversibles los cambios. En ese sentido arrecia la decepción del establishment contra Macri; le reprochan que chocó la calesita y los sectores populares están por tomar, no ya la sortija, sino la calesita entera.

Por otra parte, el Frente de Todos hizo público un documento donde se plantean los lineamientos generales que regirán su gobierno. En materia económica se indica un claro rumbo en favor de la producción nacional y la mejora sustancial de las condiciones de vida del pueblo argentino. Se trata de un cambio del modelo económico social que deje atrás la especulación financiera y se oriente a dinamizar la producción y el consumo y a una justa redistribución de la riqueza a favor de las grandes mayorías.

La legitimidad sustentada en los votos será muy sólida y la capacidad industrial instalada, está. Tal como se pronunció el candidato Alberto Fernández, Macri ha apagado la economía, por lo tanto de lo que se trata es de prenderla para que vuelva a funcionar y cobrar un nuevo dinamismo. Aunque en el medio haya que enfrentar escollos del tamaño de la deuda con el Fondo, ese objetivo es posible con la contrapartida política del caudal electoral y el acuerdo amplio alcanzado por el Frente de Todos con vastos sectores del capital y el trabajo.

A partir de aquí el punto central pasa por precisar qué sectores del capital y el trabajo darán cuerpo a ese pacto social, y qué intereses tocarán dichos acuerdos. El desarrollo nacional bien entendido ya no puede limitarse, como en el pasado, en beneficio de grandes corporaciones, esperando el derrame a los sectores populares. Ese capitalismo ya fracasó. Garantizar grandes tasas de ganancias al capital concentrado nos ha alejado del desarrollo, de la producción y de los estándares de vida dignos de la condición humana. Esa experiencia política ha sido rechazada en las urnas.

Las fuerzas productivas no se recobran liberalizando, sino distribuyendo riqueza y regulando en favor del crecimiento de la producción y el trabajo. Para ello se necesita fortalecer el consumo a través de un shock de ingresos en salarios y jubilaciones; la desdolarización de tarifas de naftas y servicios públicos; y la baja de tasas de interés que apoyen el crédito productivo de las pymes. Para estos fines, Alberto Fernández fue claro: “no le pediré permiso al FMI”. Estas medidas implican controlar los márgenes de ganancias del capital concentrado, del sector financiero especulativo y a los formadores de precios, como declaró Cristina Fernández en La Matanza. En la Argentina esa discusión distributiva no puede aplazarse ya que tanto los trabajadores, desde los más humildes como los de buenos ingresos, al igual que gran parte de las clases medias, están sufriendo descarnadamente las consecuencias de este modelo. En tal sentido, Cristina hizo una invocación “a favor de los millones” que apenas pueden sobrevivir.

Como en otros momentos dramáticos, desde la política, sustentando una democracia que tenga como norte la igualdad social y cultural, podremos mirar al futuro con una perspectiva esperanzada.

Nota publicada en Minuto Uno el 27/09/2019

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Devaluación e inflación: un propósito cumplido del presidente Macri

Minuto Uno | Opinión

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Hace un mes largo que sabemos cuál es la inflación de septiembre, porque la sufrimos cada día cuando vamos a hacer las compras. Pero el jueves el Indec publicó su dato fatídico. El IPC dio en promedio 6,5% mensual. La anual ya está en 40,5%. Los precios regulados, o sea los servicios donde el gobierno habilita los tarifazos, tuvo un incremento anual del 52,5%. La inflación núcleo, la que ellos dicen que es “la posta” porque no toma en cuenta los tarifazos dio 7,6%, peor que el IPC. Mirando los rubros, los alimentos subieron 7% en promedio. La ropa 9,8% pero en el GBA subió más: 13,1%. El transporte 10,4% en septiembre, pero en términos anuales se incrementó 58,8%.

Lo de los alimentos es inhumano, en septiembre el pan aumentó 16,7%, la harina 11,7%, el arroz 16,3%, fideos guiseros 20,1%, carne picada 7,7%, pollo 15,8%, hamburguesas 20,4%, leche 8,4%, yerba 9,5%, pañales 15,6%. En el año el pan subió 65,8%, fideos 68,8%, pollo 50%, huevos 76% y aceite 66%. Aquí ya podríamos finalizar la nota, con el consabido “sin palabras”, lo cual resultaría verdadero.

Sin embargo, ante esta realidad vale la pena preguntarse, ¿cuál fue la razón, por la que el gobierno se negó terminantemente a incorporar cláusulas gatillo en las paritarias? Ahora se corrió el velo y se aprecia la realidad. El gobierno tenía pensado hacer una fuerte devaluación y una fuerte inflación, con lo cual licuaron el gasto público del Estado y los salarios a las empresas privadas. Única manera de seguir profundizando el ajuste, porque con los tarifazos no era suficiente para el FMI. Igualmente no para: esta semana subió nuevamente el transporte y ya se anunció nueva suba en prepagas. Otro dato dramático: en un año las jubilaciones ya perdieron 16% del poder adquisitivo, es como si los jubilados ganaran un 16% menos. De aquí surge una triste paradoja: en la época de la Alianza I, Patricia Bullrich era la ministra de Trabajo y les recortó el 13% a los jubilados y trabajadores estatales. Ahora en vez de 13 les bajaron 16. Y la que era ministra de Trabajo ahora es ministra de Seguridad, preparándose para actuar.

Surge otro interrogante crucial: ¿la inflación fue buscada por el gobierno o se desbordó? Todo indica que fue una acción política deliberada. Primero que nada para hacer el ajuste, y el segundo propósito propagandístico: poder mostrar el año que viene -en la recta final de la elección presidencial-, que la inflación será menor a la de este año. Por eso los precios mayoristas volaron en septiembre, dieron 16% de incremento en un mes. La variación anual está entre los 74% y 78%, según el índice que se tome. Los precios mayoristas son insumos para producir los bienes que luego llegan a la góndola. Por ello es preocupante, porque inevitablemente se trasladarán al minorista

A pesar de estos resultados la mayoría de la corporación mediática defiende al gobierno, sin embargo los capitalistas del mundo, “los Wall Street” ya hablan de “hiperinflación en Argentina”. Y no lo dicen porque sean tirabombas, sino por el contrario, se trata de un concepto técnico. La norma dice que es hiperinflación si en tres años sumados supera el 100%. Muchas de esas multinacionales operan en Argentina, y allá ponen en sus balances que estamos en hiper, aunque acá se queden callados y aplaudan al gobierno en los coloquios y ante las cámaras.

Si alguien faltaba era la CEPAL, que recalculó sus estimaciones de crecimiento para la Argentina. Hasta hace poco decía que este año caíamos –0,3%, pero ahora dice que caeremos –2,8%, una muy gradual corrección. Y el año que viene caeremos –1,6%.

Ahora el punto político central es el presupuesto anterior al dólar a 40, sobre todo en el acuerdo con el FMI que se cocinó en Washington. Primero lo elaboran en aquella metrópoli y luego se lo acercan a nuestros parlamentarios para que levanten su mano.

De afuera nos ven sin las anteojeras de la corporación mediática. El Foro Económico Mundial hace un ranking anual de 140 economías. En “estabilidad económica”, que básicamente mide inflación y deuda, estamos en el puesto 136, es decir, somos de las peores economías del planeta. Para completar la escena discepoliana, el ministro Nicolás Dujovne dijo solemnemente: “a la inflación, yo la estoy viendo bajar”.

Nota publicada en Minuto Uno el 24/10/2018

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