Un mes de gobierno: fuerte transferencia hacia los sectores más postergados

Minuto Uno | Opinión

Por Juan Carlos Junio

afCerca de cumplir el primer mes de gobierno, pueden verse las principales definiciones de lo que se espera será la presidencia de Alberto Fernández. El mensaje fundamental de la campaña fue poner a la Argentina de pie empezando por los sectores más humildes. Claro que tras cuatro años de neoliberalismo aquel enunciado presidencial de “comenzar por los últimos para después llegar a todos” incluye a vastos sectores de la clase media: trabajadores con buenos ingresos, profesionales, pymes, etcétera.

Macri dejó una economía en recesión, con inflación descontrolada, endeudada y con una fragilidad externa en materia de divisas que lo llevó a un default parcial y a la reposición del control de cambios. Ante tamaño descalabro, lejos de aplicar un plan ortodoxo el presidente Alberto Fernández tomó rápidas medidas para fortalecer los ingresos de vastos sectores postergados e ir dinamizando el mercado interno.

Uno de los notables contrastes con el inicio de la gestión macrista es que no asumió el gobierno disparando el dólar oficial, sino que administró los controles de cambio de manera selectiva para no perjudicar la recuperación industrial y evitar la consabida suba de los precios. Se desalienta la utilización de dólares para ahorrar en dicha divisa, así como el turismo y compras en el exterior. Cabe aclarar que este gasto de bienes y servicios no están prohibidos, simplemente salen más caros.

Este agujero de las cuentas externas que dejó el neoliberalismo al ensayar una apertura irresponsable no se buscará cerrar con nueva deuda. Por el contrario, de hecho, Alberto Fernández instruyó a no tomar la última cuota pendiente del acuerdo con el FMI.

Así mismo, en vez de seguir apretando el torniquete con el dogma de la restricción monetaria, la tasa de interés de referencia bajó en forma sustancial, dando claras señales a la producción de transitar un camino de baja de las tasas de interés.

Otra medida que se diferencia con el gobierno anterior fue el fin de la política del tarifazo permanente. Alberto Fernández congeló las tarifas de luz, gas y de transporte por 180 días. Vencido ese plazo se descuenta que las tarifas estarán desdolarizadas.

Por otro lado, se extendió el programa de Precios Cuidados tomando más y mejores productos, y se bajó la tasa de interés del programa Ahora 12. A través del ANSES se pondrán en marcha una línea de créditos no bancarios a tasas subvencionadas para comprar herramientas o bienes de capital.

La ley de emergencia aprobada por el Congreso vino a poner en práctica los elementos redistributivos prometidos en la campaña. A los impuestos al dólar ya mencionados, se agrega la recuperación de las alícuotas del impuesto bienes personales, que en el mundo se conoce como impuesto a la riqueza, con un agregado más fuerte a los capitales que fueron blanqueados; y se incrementaron moderadamente las retenciones agropecuarias contemplando situaciones de economías regionales. Con estas medidas, el mayor peso contributivo caerá en los que más tienen. Por eso se dispuso también una amplia moratoria a las pymes respecto a sus deudas con el fisco y la seguridad social.

Respecto al empleo, el gobierno dispuso el pago de doble indemnización por seis meses para desalentar despidos en el sector privado. También consensuará un aumento por decreto de los salarios de los trabajadores, tanto públicos como privados.

Esta política de incrementos de ingresos no solo alcanza a los trabajadores del sector formal, sino que se otorgarán bonos a jubilados y a beneficiarios de la AUH. Todas las jubilaciones recibieron el último ajuste de la movilidad, mientras que la gran mayoría están recibiendo un bono de 10 mil pesos, mitad en diciembre y mitad en enero, y en marzo recibirán otro aumento.

Por su parte, los titulares de la AUH recibieron un bono de 2000 pesos además de una tarjeta alimentaria que va de 4.000 a 6.000 pesos, y la devolución del IVA que ellos conservan. Aquí hay que decirlo: este gobierno no subió el IVA, como han titulado algunos medios, sino que se terminó la baja excepcional y generalizada que había ensayado de forma desesperada el macrismo al haber perdido las PASO. Solo les mantiene la baja a los sectores que realmente están pasando hambre, haciendo más eficiente la política en la materia.

Como puede verse, en apenas un mes de gobierno se ha puesto en marcha un rumbo firme de recuperación económica en base a la progresividad, con la mira puesta en transitar un camino “con dignidad, rumbo al desarrollo con justicia social”.

Nota publicada en Minuto Uno el  04/01/2020

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Los retos de la transición hacia otro proyecto político

Minuto Uno | Opinión

Por Juan Carlos Junio

alberto-20cristinaYa es un hecho; de confirmarse en las elecciones generales el resultado de las PASO, la Argentina ingresará en la transición. El Pueblo argentino ha rechazado mayoritariamente al liberalismo, después de la experiencia negativa de los últimos cuatro años. Como si quedaran dudas, al otro lado de la cordillera se agitan las sombras de las llamas ardientes del modelo chileno, diseñado por los Chicago Boys y tan mentado por los liberales criollos. Se les quemaron los papeles. Sin embargo, en nuestro país la transición no estará libre de todo tipo de obstáculos. Restaría cerca de un mes y medio hasta el traspaso de mando. Una eternidad, sobre todo en esta fase donde la crisis ya tiene una dinámica propia.

Uno de los problemas estructurales más graves es la inflación. Macri dijo que nuestro país es “como un alcohólico recurrente con la inflación”. Sin embargo es el Presidente quien ha descorchado la inflación más alta desde los años de la hiper. Sorprende también que haya dicho: “no podemos resignarnos a no tener nuestra moneda”, cuando en su gestión dolarizó las tarifas de los servicios públicos, los combustibles, los alimentos y los medicamentos. A su vez, con sucesivos shocks cambiarios y la persistencia de tasas de interés muy elevadas, fue generalizando el proceso dolarizador al resto de los bienes y servicios. También se refirió a “la incapacidad de tener una moneda sana”, usando la expresión de uno de los informes del llamado “Plan Prebisch” de los golpistas de 1955, “Moneda sana o inflación incontenible”.

El gran empresario Ratazzi aprovechó para opinar nuevamente: “hay inflación porque estamos enfermos”, y ya que estaba, hizo gala de su ignorancia sobre la historia argentina al decir que el golpe del 30 “fue raro, semicivil y semimilitar”, para pasar a protestar por la creación de las juntas de granos, de carne y del Banco Central. Es decir, todas las instituciones por las cuales el Estado puede intervenir en la regulación de precios vitales para la vida ciudadana. Pero sus fallidos históricos no implican que desconozca que es inminente en la Argentina un verdadero cambio de época y entonces intentan resistir a perder sus privilegios, entre ellos la “libertad” para formar los precios a “piacere”, para conservar su principio sagrado: la tasa de ganancia.

Desde la derrota en las PASO, el gobierno ha dejado una zona liberada para que se ajusten los precios a la alza. Primero Macri dejó volar el dólar para castigar a los votantes “culpables”. Ahora, tras las elecciones, las cadenas de supermercado advierten que sus proveedores están confeccionando nuevas listas de precios para anticiparse al congelamiento que podría surgir en el próximo gobierno. Se habla de un 15% promedio.

Mientras tanto se conoció la variación del IPC de septiembre que fue de 5,9% con relación al mes anterior. Pero algunos rubros como Salud subió 8,3%, y prendas de vestir y calzado 9,5%. En CABA una familia debe ganar cerca de 35.000 pesos para no ser pobre. Mientras que la canasta de indigencia se ubicó en $ 17.164,45, acumulando un incremento anual del 57,9%. Pero el empobrecimiento recae sobre otros sectores. Una familia de clase media, para ser considerada como tal por el instituto de estadísticas de la Ciudad, necesita superar los $ 54.338,79 por mes. Siempre y cuando sea propietaria de la vivienda. Si ese no es el caso, debe sumarse de alquiler entre 15.000 y 25.000 pesos. Así que estamos hablando de un ingreso superior a los 70.000 pesos para no caer en la pobreza. Otro testimonio de este deterioro de ingresos de la clase media es la pérdida de 250 mil alumnos de los colegios privados en CABA y provincia de Buenos Aires debido al aumento de las cuotas y matriculas los establecimientos.

Fracasada la política de ajuste monetarista para controlar la inflación, ahora todos reconocen la necesidad de un pacto verdadero de precios, porque el “pacto de caballeros” de Dujovne quedó en la nada; ni pacto ni caballeros. Claro que un acuerdo de tal envergadura no puede realizarlo un gobierno en retirada. El Ministro Dante Sica declaró temerariamente que “estamos administrando una economía kirchnerista por obligación”.

A este raid de declaraciones sin sentido ni destino, propias de fin de ciclo, se sumó el canciller Jorge Faurie. Se refirió al levantamiento del pueblo chileno contra el gobierno derechista del amigo presidencial Sebastián Piñera con sorna, hablando de “brisa bolivariana”. Más que brisa, lo que hay allí es un huracán contagioso que se propone correr el andamiaje neoliberal del Continente, abriendo paso a una nueva época, democratizando la riqueza y en la que los pueblos sean soberanos de su destino.


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Lo prioritario y urgente es la deuda social

af-hambreSi algo resulta inapelable en nuestro país en estos días es que estamos ante un inminente cambio de época. Una vez más nos identificamos con aquella canción que inmortalizó Mercedes: “y así como todo cambia, que yo cambie no es extraño”.

Más allá de que aún faltan los comicios definitivos, el resultado de las PASO desató un clima de fin de ciclo del proyecto macrista. Ello se ve reflejado en la campaña de los candidatos: mientras Macri intenta apelar infructuosamente a una épica micro militante tardía arengando a un puñado de vecinos para revertir lo imposible, Alberto Fernández viene de realizar una gira mundial digna de jefe de Estado y acaba de lanzar un ambicioso plan contra el hambre con una amplia representación social.

La expectativa de un cambio de modelo económico está descontada. En los pronunciamientos de los Fernández y sus voceros económicos más cercanos, queda claro que se termina la etapa de especulación financiera y dominio de un núcleo minúsculo de grandes empresarios, para dar lugar a una economía de producción y empleo, en base a un mercado interno vigorizado vía aumento de los salarios y las jubilaciones. El punto radica en pensar cómo será el tránsito hacia una democratización de nuestras riquezas y sobre quiénes recaerá el mayor peso del esfuerzo para redistribuir los ingresos generados por la sociedad.

En los gobiernos liberales -sin ir más lejos, el que está yéndose-, es común que se proponga la consabida teoría del derrame, es decir, primero llenar la copa de los ricos para que después rebalsen los beneficios hacia los de abajo. Lo cierto es que lo primero siempre ocurre, en cambio, lo último nunca se cumple. Deberíamos preguntarnos qué clase de modelo de sociedad nos vuelven a proponer que nos remite al estado de naturaleza primitiva sustentado en el predominio de los más fuertes y luego, si queda algo, comen los más débiles. Esa lógica de la prepotencia del más fuerte es la ética de un capitalismo desatado.

Actualmente, a pesar de su envoltorio, el argumento es que la manada debe premiar a los cazadores más vigorosos (la meritocracia). Ellos serían luego los que conseguirán alimento para el resto. Trasladar este comportamiento al mundo social conlleva no solo renunciar a los preceptos civilizadores más elementales de la vida en comunidad, sino que implica una mirada sobre la economía que pierde de vista que es una ciencia social y que su sentido esencial es beneficiar a la sociedad. Por eso salud, educación, acceso a bienes públicos, inclusión y niveles de participación ciudadana, no deben ser concebidos como gastos, sino como una verdadera inversión que redunda en un mejor país para todos.

Con Macri, las mieles fueron siempre hacia los sectores más poderosos. Por ejemplo, el presupuesto presentado el año pasado para este 2019 ya contemplaba que el pago de intereses de deuda crecería 10%, mientras que los desembolsos para seguridad social de los jubilados y pensionados apenas un 1%. Esas proporciones serán revertidas en el nuevo gobierno. Macri arrasó la caja de las jubilaciones. Como señala el periodista Alfredo Zaiat, recibió el Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) con activos por 67 mil millones de dólares y hoy tras las duras devaluaciones auto inflingidas apenas llegan a 22 mil millones. Así, en cuatro años perdió casi 70% en dólares. Se trata entonces de identificar claramente a los ganadores y perdedores del modelo que culmina. Alberto Fernández ya se ha referido críticamente a la especulación financiera. Un buen lineamiento inicial sería obtener recursos de los sectores económicos que han tenido rentas extraordinarias, el financiero es uno de ellos, pero también cabrá revisar los balances y contratos de las empresas de servicios públicos privatizadas, incluyendo el sector energético, las mineras, los grandes agroexportadores y otros.

Respecto a los sectores más humildes, ahora ampliamente empobrecidos, las diferencias entre Alberto Fernández y Macri surgen con nitidez. Mientras que para el presidente actual la pobreza es sólo un slogan de campaña, que lejos de llevarla a 0 llegó al 35,6% y a fin de año estará cerrando en torno al 40%, Alberto Fernández lanzó el “Plan Argentina sin Hambre” convocando a una vasta red de organizaciones, cámaras empresariales, y distintos niveles de gobierno para lo cual se sancionarán leyes y destinarán fondos muy importantes. Un plan de esta envergadura da cuenta de la utilización plena de las capacidades del Estado para priorizar y dar solución al flagelo inmoral del hambre de nuestros niños y adolescentes en el país de la producción de los alimentos para medio mundo.

En suma, lo esencial es salir al encuentro prioritariamente y en forma urgente de la deuda social con nuestro propio pueblo: asalariados y jubilados despojados en sus ingresos, pymes y clases medias atacadas por tarifazos y créditos a tasas usurarias, jóvenes universitarios y científicos abandonados por un estado negador de su rol social. Todo cambiará.

Nota publicada en Minuto Uno el 11/10/2019

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La deuda social debe ser prioritaria

La fragilidad financiera que nos deja la gestión saliente ha despertado todo tipo de especulaciones respecto a cómo debería afrontarla el gobierno entrante. Macri termina su mandato con parte de la deuda en default -que ahora llaman “reperfilada”-, una cuota del FMI que ha sido retenida y una inmensa deuda total si sumamos a los privados y al FMI. Esa es la deuda financiera. Pero hay otro déficit aún más acuciante: el social. En cuatro años el modelo de la derecha ha llevado el desempleo de la población económicamente activa al 10,6%. . Es decir, más de 2.000.000 de personas. Y la pobreza llegó al 35,4%: lo equivalente a 16.500.000 de ciudadanos/as, que en los menores de edad alcanza al 52,6%. En el Gran Buenos Aires la pobreza ya es del 40%, y aún falta incorporar el impacto de la última gran devaluación que dio lugar a un nuevo rebrote inflacionario, sobre todo en alimentos. Se trata de una deuda que hay que abordar prioritariamente. Ya quedaron muy atrás y al desnudo las promesas de “pobreza cero” y trabajo genuino de la campaña presidencial de Macri.

La deuda social, a diferencia de la deuda financiera, reviste una dificultad adicional y es que debe revertirse en el corto plazo. La pobreza no sabe de “restructuraciones”. En todo caso lo que hay que reestructurar a mediano y largo plazo, es la distribución del ingreso en la Argentina. Según el Indec, el 10% más rico recibe más de 20 veces que el 10% más pobre. Claro que esa apertura porcentual oculta a los ultra ricos, cuyo acaparamiento del producto social es aún mayor. Y si nos ponemos rigurosos, la antítesis de la pobreza es la riqueza concentrada, es decir, no cabría abordar el fenómeno comparando la generación y distribución de los ingresos, sino de cómo los activos de unos han ido creciendo en el tiempo y los de otros, reduciéndose. Así es que se aprecia más claramente que la distancia entre los ricos y los pobres se vuelve abismal. En suma, la riqueza no se ha perdido sino que se ha transferido.

Todo indica, entonces, que para reducir la pobreza de tantos millones de ciudadanas/os tendrán que aportar las minorías que se beneficiaron con el macrismo. Cuando se le pregunta a Alberto Fernández de dónde saldrán los recursos para la gratuidad de los medicamentos a los jubilados, contesta que los sacará de la “usura”.

Otro tema trascendente para las Pymes y las personas es recuperar el sistema financiero para que financie a la producción con tasas accesibles. Es, en tal sentido, pragmático que Alberto Fernández diga: “entre los bancos y los jubilados, me quedo con los jubilados”.

De eso se trata la política, de hacer elecciones y establecer prioridades. No solo elecciones a presidente, sino elecciones del presidente. El jefe de Estado porta la autoridad y legitimidad que emana del pueblo argentino. Atender la necesidad de las mayorías para el desarrollo de una vida digna y plena no es otra cosa que la democracia hecha carne, pan, leche, medicamentos, pero también salud, educación, vivienda, derechos humanos, derechos civiles, soberanía nacional y derechos en vivir en un ambiente en armonía con la naturaleza. Cuando el capital es liberalizado, sólo busca potenciar su tasa de ganancia, en consecuencia todos estos derechos que hemos enumerados se resienten. Las políticas de Macri han traído desocupación, inflación en alimentos, medicamentos carísimos, tarifas de servicios públicos que se fagocitan el ya mermado ingreso familiar, pérdida de ministerios de Educación, Trabajo, Salud y Cultura, un desmonte predatorio de la naturaleza. Acaso la figura del empresario inglés Lewis, el amigo de Macri, resuma mejor que nadie la concentración económica del capital extranjero que excluye a los ciudadanos de su entorno ambiental, bloqueando sólo para sí el Lago Escondido.

Ya el año pasado Alberto Fernández se había referido a la usura para denunciar el préstamo ruinoso con el que el FMI endeudaba al pueblo argentino para salvar la candidatura presidencial de Macri. Esas son las definiciones que esperamos y ponderamos de un presidente. Con esa voluntad política podremos encarar el enorme desafío de los tiempos por venir luego del 27 de octubre.

Nota publicada en Minuto Uno el 04/10/2019


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“No le pediré permiso al Fondo Monetario Internacional”

Minuto Uno | Opinión

Por Juan Carlos Junio

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A un mes de las elecciones presidenciales el pesado carro de Macri es tirado lastimosamente por la yunta de bueyes, que bien podrían llamarse “Fracaso y Decepción”. La derrota está descontada, más aun con la memorable negación del Presidente al decir “la elección no ocurrió”. Es cierto que desde el propósito principal del gobierno no puede hablarse de equívocos, desvíos o yerros, respecto a los objetivos de un neoliberalismo ortodoxo que se propuso cambiar la matriz distributiva de la Argentina y su inserción en el “mundo”. En este sentido, en cierta medida fue exitoso. El desempleo alcanzó los dos dígitos arrastrando a dos millones de personas a esa indignidad. Los precios sensibles como los alimentos y la energía han sido dolarizados empujando al 35% de los argentinos a la pobreza, se desarticuló el entramado productivo de la industria nacional y nos dejan enredados en una deuda impagable con el FMI y diversos prestamistas.

Pero donde ha fallado con creces este proyecto es en su durabilidad. Apenas le bastó cuatro años para agotar un ciclo de endeudamiento y crisis. En los propios términos de la propuesta política neoconservadora, el gobierno de Macri se retira irreconocible: intentando poner algunos controles de precios, bajando el IVA a la canasta básica, congelando tarifas, defaulteando parte de la deuda e imponiendo control de cambios; y ahora estatiza 330 kilómetros de ruta que estaban concesionados a privados. Claro que estas medidas las hace en contra de sus propias convicciones, y su único objetivo es terminar el mandato. El fracaso está en que el proyecto político del gran capital concentrado era sostener su gobierno neoliberal por una década, para tornar irreversibles los cambios. En ese sentido arrecia la decepción del establishment contra Macri; le reprochan que chocó la calesita y los sectores populares están por tomar, no ya la sortija, sino la calesita entera.

Por otra parte, el Frente de Todos hizo público un documento donde se plantean los lineamientos generales que regirán su gobierno. En materia económica se indica un claro rumbo en favor de la producción nacional y la mejora sustancial de las condiciones de vida del pueblo argentino. Se trata de un cambio del modelo económico social que deje atrás la especulación financiera y se oriente a dinamizar la producción y el consumo y a una justa redistribución de la riqueza a favor de las grandes mayorías.

La legitimidad sustentada en los votos será muy sólida y la capacidad industrial instalada, está. Tal como se pronunció el candidato Alberto Fernández, Macri ha apagado la economía, por lo tanto de lo que se trata es de prenderla para que vuelva a funcionar y cobrar un nuevo dinamismo. Aunque en el medio haya que enfrentar escollos del tamaño de la deuda con el Fondo, ese objetivo es posible con la contrapartida política del caudal electoral y el acuerdo amplio alcanzado por el Frente de Todos con vastos sectores del capital y el trabajo.

A partir de aquí el punto central pasa por precisar qué sectores del capital y el trabajo darán cuerpo a ese pacto social, y qué intereses tocarán dichos acuerdos. El desarrollo nacional bien entendido ya no puede limitarse, como en el pasado, en beneficio de grandes corporaciones, esperando el derrame a los sectores populares. Ese capitalismo ya fracasó. Garantizar grandes tasas de ganancias al capital concentrado nos ha alejado del desarrollo, de la producción y de los estándares de vida dignos de la condición humana. Esa experiencia política ha sido rechazada en las urnas.

Las fuerzas productivas no se recobran liberalizando, sino distribuyendo riqueza y regulando en favor del crecimiento de la producción y el trabajo. Para ello se necesita fortalecer el consumo a través de un shock de ingresos en salarios y jubilaciones; la desdolarización de tarifas de naftas y servicios públicos; y la baja de tasas de interés que apoyen el crédito productivo de las pymes. Para estos fines, Alberto Fernández fue claro: “no le pediré permiso al FMI”. Estas medidas implican controlar los márgenes de ganancias del capital concentrado, del sector financiero especulativo y a los formadores de precios, como declaró Cristina Fernández en La Matanza. En la Argentina esa discusión distributiva no puede aplazarse ya que tanto los trabajadores, desde los más humildes como los de buenos ingresos, al igual que gran parte de las clases medias, están sufriendo descarnadamente las consecuencias de este modelo. En tal sentido, Cristina hizo una invocación “a favor de los millones” que apenas pueden sobrevivir.

Como en otros momentos dramáticos, desde la política, sustentando una democracia que tenga como norte la igualdad social y cultural, podremos mirar al futuro con una perspectiva esperanzada.

Nota publicada en Minuto Uno el 27/09/2019

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Devaluación e inflación: un propósito cumplido del presidente Macri

Minuto Uno | Opinión

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Hace un mes largo que sabemos cuál es la inflación de septiembre, porque la sufrimos cada día cuando vamos a hacer las compras. Pero el jueves el Indec publicó su dato fatídico. El IPC dio en promedio 6,5% mensual. La anual ya está en 40,5%. Los precios regulados, o sea los servicios donde el gobierno habilita los tarifazos, tuvo un incremento anual del 52,5%. La inflación núcleo, la que ellos dicen que es “la posta” porque no toma en cuenta los tarifazos dio 7,6%, peor que el IPC. Mirando los rubros, los alimentos subieron 7% en promedio. La ropa 9,8% pero en el GBA subió más: 13,1%. El transporte 10,4% en septiembre, pero en términos anuales se incrementó 58,8%.

Lo de los alimentos es inhumano, en septiembre el pan aumentó 16,7%, la harina 11,7%, el arroz 16,3%, fideos guiseros 20,1%, carne picada 7,7%, pollo 15,8%, hamburguesas 20,4%, leche 8,4%, yerba 9,5%, pañales 15,6%. En el año el pan subió 65,8%, fideos 68,8%, pollo 50%, huevos 76% y aceite 66%. Aquí ya podríamos finalizar la nota, con el consabido “sin palabras”, lo cual resultaría verdadero.

Sin embargo, ante esta realidad vale la pena preguntarse, ¿cuál fue la razón, por la que el gobierno se negó terminantemente a incorporar cláusulas gatillo en las paritarias? Ahora se corrió el velo y se aprecia la realidad. El gobierno tenía pensado hacer una fuerte devaluación y una fuerte inflación, con lo cual licuaron el gasto público del Estado y los salarios a las empresas privadas. Única manera de seguir profundizando el ajuste, porque con los tarifazos no era suficiente para el FMI. Igualmente no para: esta semana subió nuevamente el transporte y ya se anunció nueva suba en prepagas. Otro dato dramático: en un año las jubilaciones ya perdieron 16% del poder adquisitivo, es como si los jubilados ganaran un 16% menos. De aquí surge una triste paradoja: en la época de la Alianza I, Patricia Bullrich era la ministra de Trabajo y les recortó el 13% a los jubilados y trabajadores estatales. Ahora en vez de 13 les bajaron 16. Y la que era ministra de Trabajo ahora es ministra de Seguridad, preparándose para actuar.

Surge otro interrogante crucial: ¿la inflación fue buscada por el gobierno o se desbordó? Todo indica que fue una acción política deliberada. Primero que nada para hacer el ajuste, y el segundo propósito propagandístico: poder mostrar el año que viene -en la recta final de la elección presidencial-, que la inflación será menor a la de este año. Por eso los precios mayoristas volaron en septiembre, dieron 16% de incremento en un mes. La variación anual está entre los 74% y 78%, según el índice que se tome. Los precios mayoristas son insumos para producir los bienes que luego llegan a la góndola. Por ello es preocupante, porque inevitablemente se trasladarán al minorista

A pesar de estos resultados la mayoría de la corporación mediática defiende al gobierno, sin embargo los capitalistas del mundo, “los Wall Street” ya hablan de “hiperinflación en Argentina”. Y no lo dicen porque sean tirabombas, sino por el contrario, se trata de un concepto técnico. La norma dice que es hiperinflación si en tres años sumados supera el 100%. Muchas de esas multinacionales operan en Argentina, y allá ponen en sus balances que estamos en hiper, aunque acá se queden callados y aplaudan al gobierno en los coloquios y ante las cámaras.

Si alguien faltaba era la CEPAL, que recalculó sus estimaciones de crecimiento para la Argentina. Hasta hace poco decía que este año caíamos –0,3%, pero ahora dice que caeremos –2,8%, una muy gradual corrección. Y el año que viene caeremos –1,6%.

Ahora el punto político central es el presupuesto anterior al dólar a 40, sobre todo en el acuerdo con el FMI que se cocinó en Washington. Primero lo elaboran en aquella metrópoli y luego se lo acercan a nuestros parlamentarios para que levanten su mano.

De afuera nos ven sin las anteojeras de la corporación mediática. El Foro Económico Mundial hace un ranking anual de 140 economías. En “estabilidad económica”, que básicamente mide inflación y deuda, estamos en el puesto 136, es decir, somos de las peores economías del planeta. Para completar la escena discepoliana, el ministro Nicolás Dujovne dijo solemnemente: “a la inflación, yo la estoy viendo bajar”.

Nota publicada en Minuto Uno el 24/10/2018

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Un presupuesto inverosímil y de ajuste crónico a la sociedad

Minuto Uno | Opinión

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La semana pasada, el ministro Nicolás Dujovne presentó ante el Parlamento el proyecto de Presupuesto Nacional para 2019. Dado que es una gestión poco afecta a comunicar sus acciones de gobierno con un Presidente que nos dice “tranquilos, tranquilos, lo peor ya pasó” resulta necesario repasar y ponderar las asignaciones de las partidas presupuestarias, ya que no creemos que lo peor pasó, sino lo contrario.

En principio no es una tarea sencilla porque este gobierno también se ha caracterizado por poner variables inverosímiles en las proyecciones del presupuesto. Por ejemplo, el año pasado habían dicho que íbamos a crecer 3,5% y resulta que ahora nos dicen sueltos de cuerpo que se equivocaron, que en realidad caeremos a -2,4%. O sea, una diferencia abismal de 6 puntos del PBI, al mismo tiempo que anticipan que para 2019 el crecimiento será 0%. Recordemos que el presidente Mauricio Macri llegó al poder prometiendo acabar con la inflación y ahora anuncian que para fin de año será del 45%, mientras nos ofrecen como “alternativa” lo mismo que Domingo Cavallo en 2001: “Déficit 0″.

A tres meses del acuerdo no pudieron cumplirle al FMI las metas, entonces ahora le piden más y prometen metas aún más difíciles de cumplir, pero dejando afuera el pago de los intereses de la deuda, que el año que viene crecerán 48% según el presupuesto. Como vemos, pagarles a los banqueros internacionales es lo único sagrado.

¿Qué más planifican? El consumo total va a ser -2%, el consumo privado –1,6%, el consumo público –3,4%, la inversión –9,7%, casi menos 10, como en el Chinchón.

Ellos dicen que en 2020 las cuentas vuelven a dar positivas. Con esa perspectiva y saña contra el gasto público, es difícil imaginar que la economía vuelva a crecer en el corto plazo. En suma, nos prometen una recesión prolongada.

Otra de las proyecciones que nadie cree es que el dólar va a estar clavado en 40 pesos durante todo el año. Recordemos los recientes dichos de Elisa Carrió asegurando que no subiría de 23 pesos. Acerca de la inflación, que le yerran todos los años, esta vez dicen que el promedio de 2019 será 34,8%, aunque a fin del año será 23%. Si así fuera, estarían dejando la inflación igual que como la dejó el gobierno anterior, cuando Macri decía que venía a combatirla. En realidad no la van a bajar porque es la principal herramienta para el ajuste, ya que casi todas las partidas del gasto crecen por debajo de la inflación promedio, salvo intereses de la deuda. Claro que hay partidas más castigadas que otras, como Educación y Cultura, que subirán 21,3%, Trabajo 17,5% y Vivienda y Urbanismo 11,5%, con una inflación de 34,8%. Pero hay otras que incluso caerán en términos nominales, como Energía –4,1% y Transporte –11,8% (quiere decir que seguirán profundizando la quita de subsidios). Las Transferencias Corrientes subirán apenas 9,4%, afectando a las provincias y los municipios. Esto es el ajuste del FMI: hay riesgos de epidemias y nosotros sin Ministerio de Salud. Tenemos desempleo de dos dígitos y eliminaron el Ministerio de Trabajo.

Otro tema sensible es el Impuesto a las Ganancias: ahora piensan quitar exenciones sobre algunos ítems de forma que trabajadores, jubilados, mutuales y cooperativas pasen a pagarlo. Recordemos aquel apotegma del candidato Macri: “en mi gobierno ningún trabajador pagará impuesto a las ganancias”. ¿Qué ocurrió?: En 2015 pagaban 1.190.000 personas, ahora pagan 2.028.000; o sea 838.000 más.

Celebran que el dólar se frenó, que los capitales norteamericanos están comprando las acciones argentinas por ganga, que bajó el riesgo país mientras se prendieron fuego todas las variables reales: el PBI, el empleo y la pobreza.

En el segundo trimestre de este año la tasa de desocupación fue de 9,6%, cuando un año atrás había sido de 8,7%. Es un aumento alarmante que en el Conurbano alcanzó el 12,4%. Si sumamos a la gente que tiene empleo pero busca un trabajo extra hay que sumar otro 16%. Y si tenemos en cuenta a los que trabajan pocas horas pero buscan más (subocupación demandante) hay que agregar otro 7,7%. En definitiva, el 33,3% del mercado laboral está buscando trabajo y no lo encuentra.

La “novedad” de los Precios Cuidados resultó un fiasco: tiene solo dos frutas y verduras: papa y manzana. Y solo dos cortes de carne: picada y espinazo. A este gobierno la única idea que se le prende es la del ajuste. Tranquilos, tranquilos…¿lo peor ya pasó?

Nota publicada en Minuto Uno el 26/09/2018

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Participación Pública-Privada: de Thatcher a Macri

Minuto Uno | Opinión

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La conocida expresión “todos los caminos conducen a Roma” nunca estuvo más vigente como en la Argentina de hoy. En el antiguo Imperio Romano se construyeron más de 400 vías para comunicar su capital con las provincias más alejadas. La actualidad de la gestión de Cambiemos guarda similitudes con el viejo Imperio.

Y si hablamos de caminos, veremos que el mejor ejemplo es la novedosa política del gobierno de construirlos a través de los contratos de Participación Público Privada (PPP), cuyo objetivo principal es asegurarle fuertes ganancias a las grandes corporaciones empresarias. Resulta imprescindible recordar que la inspiradora y fundadora de esta gran iniciativa fue Margaret Thatcher.

La normativa afirma que entre el Estado Nacional y las empresas privadas rige: “el equitativo y eficiente reparto de aporte y riesgos”.

Se evidencia en esta Ley que, dado que el Estado Nacional es el único que tiene solvencia absoluta, se depositarán en él todos los riesgos, eximiendo a los capitales privados de cualquier ulterioridad. O sea, inversión privada sin riesgo empresario.

Pero además, hace pocos días se modificó, a través de un decreto presidencial, la ley que rige los novedosos PPP, que de “nuevos” no tienen nada. Se agregaron tratamientos impositivos especiales para “abaratar costos” de las empresas participantes. Se incorporó también la anacrónica decisión de establecer jurisdicciones extranjeras “como mecanismo de solución de controversias”.

No es casual que estos Decretos se hayan firmado casi en paralelo a la celebrada visita del presidente del gobierno de España, Mariano Rajoy. Sin embargo, los europeos dejaron en claro que para volver a invertir en Argentina necesitan que se avance en el control de la inflación, reducción de déficit fiscal y comercial, y tener la seguridad de que, con vistas a las elecciones de 2019, no se modifiquen las actuales condiciones económicas. Es decir: somos muy amigos, pero por ahora plata no ponemos.

Paradójicamente en la propia España este sistema fue un fracaso. Justamente en enero pasado, Rajoy anunció que rescataría las autopistas de peaje quebradas, que estaban siendo gestionadas bajo contratos de PPP. El Estado español tuvo que desembolsar entre 2000 y 4500 millones de euros para ello. Claro que el fracaso no fue sólo español, situaciones similares ocurrieron en Grecia, Irlanda, Gran Bretaña, Colombia y otros países. Para completar la escena de tragedia Griega, en el país de Esquilo y Sófocles, el costo por kilómetro de tres autopistas auditadas fue un 70% más que lo contratado.

Entre las deficiencias que se demostraron surgieron también la “baja relación calidad-precio”, la “escasa transparencia” y un “fuerte desequilibrio en los niveles de riesgo”.

Pero volviendo a nuestro país, el modo en el que se plantea la normativa de PPP no difiere demasiado de lo que fueron las privatizaciones menemistas.

Un ejemplo de ello es que antes de recibir los sobres de las ofertas de licitación de las autovías, el gobierno del presidente Mauricio Macri dispuso un aumento de peajes para garantizar los flujos futuros de las empresas privadas contratantes.

La lógica política que da sustento a los cuestionados y desmesurados aumentos tarifarios es muy similar. Lo explicó sin ningún pudor el ministro Nicolás Dujovne en una entrevista brindada al diario La Nación: “Necesitamos que baje el gasto público”. Luego aclaró que “como hay un componente de gasto social que está legislado” son cuatro los temas en que se puede recortar: “los subsidios económicos, los salarios del sector público, el gasto en universidades y el gasto destinado a infraestructura”. Como broche de oro remató: “repartimos esa baja (del gasto) entre una baja del déficit y una baja de impuestos”.

Sus dichos “sinceros” constituyen una verdadera confesión: les bajaremos los impuestos a los empresarios y ajustaremos a trabajadores y clases medias. Queda clarísimo quienes son los ganadores y quienes los perdedores.

Otro de los sectores que tiene que soportar los costos del modelo aperturista y antimercado interno, es el de las Pymes.

En un comunicado publicado por la Asamblea de Pequeños y Medianos Empresarios (APYME) se cita lo expresado por el propio secretario de Emprendedores y Pymes del gobierno nacional, Mariano Mayer: “sólo en 2017 sufrieron embargos 250 mil Pymes”.

El universo Pyme en nuestro país es de entre 700 mil y 900 mil empresas y, como es reconocido, provee el 70% del empleo en Argentina.

El comunicado de APYME concluye: “el Gobierno admite la ola de embargos, pero no actúa sobre las causas”. Ciertamente, la gestión de Macri ya demostró que más allá de los títulos de algunos proyectos de ley, las Pymes no son su prioridad, por lo tanto formarán parte de los perdedores del proyecto político macrista.

Nota publicada en Minuto Uno el 25/04/2018

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Entre los elogios del FMI y los sueños presidenciales

Minuto Uno | Opinión

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Podría haber parecido que Christine Lagarde, directora del Fondo Monetario Internacional (FMI), vino a nuestro país a hacer turismo: vio un partido de polo, luego un superclásico (con la camiseta de River), ya que estaba se fue a las Cataratas con el marido (volvió bronceada) y coronó su tour bailando tango en Buenos Aires. Pero no, su visita coincidió con la reunión de los ministros de finanzas y presidentes de bancos centrales del G-20. Como era de esperar, los popes de las finanzas mundiales nos dejaron un recetario que no hace más que poner en palabras la política que lleva en el país el gobierno de Mauricio Macri, como si fueran ellos mismos quienes gobernaran.

En el comunicado oficial reivindican el libre comercio, lo cual resulta inevitable ya que ese es su dogma de época, sin embargo no pudieron evitar expresar su preocupación por el riesgo que implica la “creciente volatilidad de los mercados”. Piden reformas estructurales drásticas, aunque a su vez, celebran el gradualismo, asumiendo que tienen una contradicción entre su objetivo estratégico y su táctica coyuntural de no radicalizar aún más sus políticas.

Mientras tanto, durante esa semana el Banco Central de la República Argentina se la pasó vendiendo reservas para tratar de que el dólar no siga engordando los colchones justo cuando había visitas de la Casa Central. Y para peor advierten: “Nos abstendremos de devaluaciones competitivas”, aunque esta aseveración no goza de credibilidad.

También reparan sobre el aumento de los niveles de deuda, justo cuando el Indec anunciaba que la deuda externa argentina había crecido 52.000 millones de dólares en 2017 y que el Ministro Luis Caputo había vuelto de Nueva York diciendo que ya no nos íbamos a endeudar más en el exterior. De hecho, los datos indican que se pinchó la entrada de capitales especulativos. En febrero se registró la cifra más baja en siete meses, ocho veces inferior al nivel alcanzado en septiembre. El diario La Nación aprovechó para considerarlo un mérito, algo así como el fin de la bicicleta financiera por haber bajado un “pelito” la tasa de interés, pero la realidad es que los mismos especuladores de la bicicleta son cada vez más reacios a venir a nuestras playas.

Otro gran tema es la sequía. Las nuevas estimaciones indican que perderemos 3.400 millones de dólares. Tampoco el ministro de Hacienda Nicolás Dujovne quiere traer su patrimonio que radica en el exterior del país, al igual que sus congéneres del gabinete.

Mientras el Banco Central quemaba reservas para frenar la fiebre verde, el presidente Macri sintió que debía comunicar a la población su pensamiento. Después de haberle dicho a los granaderos que Rivadavia trajo los restos de San Martín cuando el vilipendiado primer Presidente ya había partido de este mundo; dijo que en su primer año la inflación fue 35%, cuando el Indec oficializó 40,5%. Eso sí, confesó que “está bajando pero menor a lo que imaginé y soñé”. Se aprecia que, en materia de precios, los sueños del Presidente no se cumplen.

Continuando con las realidades imaginarias, Macri dijo que las offshore, o sea las guaridas fiscales, son para organizar inversiones y que un funcionario público no puede andar dando explicaciones, ya que si no enloquece.

El Presidente insiste también con el tema turístico. En tal sentido, podría pensarse que si quiere fomentar el turismo podría decirle a su amigo inglés Joe Lewis que devuelva el lago Escondido, así todos lo visitarían e ingresarían más dólares al país.

A pesar que el PBI creció 2,9% en 2017, la economía no levanta. La balanza comercial de febrero mostró un déficit récord de 903 millones de dólares, 1.872 millones en el primer bimestre. En enero, las ventas en shopping subieron 4% respecto al año anterior, pero las de supermercados cayeron 3,1%. Eso muestra a las claras que el (magro) crecimiento es para los más pudientes, no para los que sólo pueden ir de shopping al supermercado.

Y se vienen las Pascuas. Los productos que se consumen en estas fiestas llegan con aumentos muy superiores a la meta del 15% que le piden a los salarios: pescado 44%, rosca de pascua 50%, huevitos de Pascua 60%. Encima vienen con sorpresa: en abril suben el gas, el colectivo y los trenes.

No faltará quien asocie todo esto a una suerte de vía crucis, pavimentado de tarifazos y ayunos obligados.

Nota publicada en Minuto uno el 28/03/2018

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No baja la inflación ni el déficit fiscal - Bajan jubilaciones, salarios y subsidios

Minuto Uno | Opinión

Tras las elecciones quedó claro que el gobierno no viene a terminar con la inflación ni a reducir el déficit fiscal. Viene a apropiarse de los ingresos de los trabajadores y la clase media a favor de las grandes empresas.

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“No queremos seguir tomando deuda y obligar a nuestros hijos y nietos a pagarla”. La frase fue pronunciada por el presidente Mauricio Macri el pasado 1° de enero. Tres días después, se anunciaba en el Boletín Oficial la autorización para tomar deuda por 30.000 millones de dólares, que se intentará tomar en mayor medida en pesos, y el resto en dólares. Pero el tema fue exprimido para sacarle más jugo aún: se festejó la tasa del 6,95% como “la más baja de la historia”. Este artilugio publicitario seguramente lo realizaron confiados en que nadie reparará en nuestra historia. Se trata de una tasa superior a aquella tristemente célebre del primer empréstito de la Baring Brothers, que fue del 6%. Hecha la aclaración histórica, queda señalar lo obvio: la palabra presidencial duró sólo tres días.

Es sabido que el actual Gobierno goza de una protección mediática sin precedentes, que le permite presentar las malas noticias como buenas: aquello de transformar el error en virtud. Quizás el primer caso de puesta en práctica de ese sofisma fue la devaluación y el ajuste de Alfonso Prat-Gay, al que bautizaron amablemente “sinceramiento”; aunque luego se desató una brutal demarcación de precios.

Así se entiende que el anuncio del tarifazo en el transporte haya sido presentado como una reducción de la tarifa. Claro que para eso, la corporación mediática repitió hasta el hartazgo simulaciones con combinaciones estrambóticas para mostrar cómo un incremento de la tarifa de casi 70% puede llevar a que un ciudadano pague menos que antes. Es cierto que el sistema multimodal es una modernización útil, pero fue utilizada como distracción para disfrazar el tarifazo. La gran mayoría de los usuarios no toma tres medios de locomoción (solo el 20% lo hace). Y si hablamos de los porteños, la quimera de los tres tristes transportes se diluye. Lo que más tomamos es subte, y es lo que más aumentó. Está claro que en este caso ni siquiera se puede decir: “todo bien, porque subió pero bajó”.

Las grandes protestas callejeras de fin de diciembre, hermanadas con las calles de marzo, contribuyeron a que se corran las brumas y se pueda ver más claramente que el modelo va profundizando su rumbo. Ahora se desnuda que el gobierno no ha venido a terminar con la inflación y a reducir el déficit fiscal como dice. En la realidad, en estos dos años tras ese discurso se justificó el avance hacia sus verdaderos objetivos: la apropiación de ingresos de los trabajadores y las clases medias; a favor de grandes empresarios y millonarios diversos que encarnan, vía baja de salarios, jubilaciones y subsidios. ¿Cómo interpretar sino la conferencia de prensa del 28 de diciembre, el Día de los Inocentes, cuando la plana mayor a cargo de economía y finanzas de la Nación anunció que se subiría la meta de inflación? Justo al día siguiente el dólar salió de su letargo. Es decir que en realidad estaban anunciando una devaluación. Y, simultáneamente, hacen todo para que la inflación suba, o sea los precios que pagamos todos los ciudadanos.

Ahora los aumentos de los combustibles tomarán nota del nuevo valor del dólar, y el costo de transporte quedará de nuevo desfasado. A ello se suman los calendarios de tarifazos ya anunciados en los servicios públicos, las prepagas, celulares, y peajes. También es dudoso hasta dónde les interesa realmente bajar el déficit fiscal. Si fuera así, hubieran cerrado todas las canillas del erario público. Sin embargo, lo que hacen es cerrar algunas y abrir otras. Hay una ingeniería presupuestaria, por la cual deciden a qué sector de la sociedad beneficiar y a cuál perjudicar. Se anunció una nueva quita gradual de retenciones a la soja que reclamaba la Sociedad Rural Argentina, pero redujeron casi a la extinción el reintegro de los 300 pesos de IVA a los jubilados que compraban con tarjeta; y elevaron de 200 dólares a 500 dólares el monto de mercancía libre de impuestos que pueden entrar al país los argentinos que vienen del exterior.

Tampoco importa reducir el déficit externo: el año que acaba de terminar marcó el más grande en un siglo, mientras el supuesto aliado, Estados Unidos, ratificó el arancel prohibitivo al biodiésel argentino. ¿Saben por qué lo hacen? Ellos lo dicen: “no permitiremos que nuestra industria salga perjudicada”. Mientras aquí nos abrimos cada vez más perjudicando a nuestra industria nacional.

En suma, 2018 será un año en que el gobierno intentará aplicar a rajatabla su plan de desmonte del Estado y transferencia de ingresos. Y claro, seguramente chocará con el rechazo de los ajustados: la gran mayoría de los ciudadanos.

Nota publicada en Minuto Uno el 12/01/2018

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