Belgrano, un revolucionario de Mayo

Página/12 | Opinión

Por Juan Carlos Junio

belgrano La decisión del gobierno nacional que invoca el doble aniversario, decretando el “Año del General Manuel Belgrano” y recordarlo como un factor que pueda contribuir a la unidad nacional nos interpela a considerar, una vez más, su aporte histórico en aquellos tiempos de revolución y su notable legado hacia el futuro de la patria.

Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano nace en Buenos Aires, a pocas cuadras del Cabildo porteño. En España estudia la carrera de derecho en Salamanca y Valladolid, la que culminará en 1789, el año de la Revolución francesa.

Aquel extraordinario acontecimiento generó un efecto huracanado en todo el mundo y también en nuestro joven estudiante. Él mismo dirá que «como consecuencia de la Revolución en Francia, se apoderaron de mí las ideas de la libertad, igualdad, fraternidad, propiedad, y sólo veía tiranos en los que se oponían a que el hombre, fuese donde fuese, no disfrutase de unos derechos que Dios y la Naturaleza le habían concedido».

La figura de Belgrano ha generado un creciente sentimiento de respeto y valoración por su trascendente rol en la Revolución de Mayo y en las Guerras de Independencia contra los ejércitos restauradores del colonialismo que reaccionaron con furor ante el grito de libertad e independencia de los pueblos del continente.

Sin embargo, resulta necesario señalar que el intento permanente de que la vida y el papel de este personaje decisivo y crucial de nuestra historia se vea restringido al rol de “hombre abnegado y desinteresado y Padre de nuestra Bandera”. Ese esquema reduccionista se “completa” con la descripción heroica de sus triunfos en Salta y Tucumán, y las “tragedias” de Vilcapugio y Ayohuma.

No se debe restarle mérito al enorme simbolismo que significó la creación de una Bandera Nacional en un país que todavía no existía como tal. Por el contrario, hay que ubicarlo como un firme acto de rebeldía y una contribución política a forzar la marcha de la historia en aquellas circunstancias brumosas. Podemos interpretarla como una audaz intuición independentista frente a las corrientes inclinadas a retardar la ruptura con el viejo orden político y cultural. Los que «fernandeaban» al decir de Monteagudo. Sin embargo, Belgrano fue un hombre de una personalidad desbordante, apoyado en una cultura vasta y profunda, que incluía las lecturas en Europa de los libros prohibidos.

Antes de ser un político sagaz y un militar valiente y decidido, durante más de diez años luchó desde su sitial de secretario del Consulado para romper la rutina de siglos de una cultura primitiva y oscurantista. Fue Belgrano defensor e impulsor de una idea sustancial y revolucionaria para su tiempo.

En tal sentido, su idea era que la riqueza no se debe constituir del producto de la explotación de la mano de obra indígena y de la extracción de metales preciosos, sino del trabajo productivo de la tierra. De allí su constante inquietud por transformar el régimen de propiedad de la tierra, típico del colonialismo atrasado del feudalismo español. Crítico severo de “la importación de mercadería que impiden el consumo de las del país” condenaba a “los grandes monopolios que se ejecutan en esta capital”.

Señalaba con un profundo sentido crítico: «se han elevado entre los hombres dos clases muy distintas, la una que dispone de los frutos de la tierra, la otra es llamada solamente a ayudar con su trabajo (…) las unas se someten invariablemente a la mente de los otros». Se aprecia claramente que sus ideas estaban lejos del estereotipo del hombre moderado que algunos le endilgan.

En esta cuestión, fue Belgrano el primero que propuso una idea de reforma agraria, basada en la expropiación de las tierras baldías para entregarlas a los desposeídos. El vendaval de la Revolución lo une al núcleo de criollos que toman la determinación de constituir un gobierno propio, independiente, rompiendo en todos los sentidos con el colonialismo. Junto con Moreno, Castelli y San Martín va por el camino de la lucha. No dudará en actuar como jefe militar, diplomático, periodista, educador, jurista y cualquier otro oficio que hiciera falta.

Es interesante apreciar un rasgo de gran determinación en sus actos. En una carta a Moreno del 20 de octubre de 1810 le dice: «Deje a mi cuidado el dejar libre de godos al país (…) ellos han de ayudar a nuestros gastos. Por lo pronto he mandado a rematar la estancia de uno que se ha profugado a Montevideo». En la misma misiva, le cuenta a Moreno que el realista Vigodet es una «solemne bestia». Se despide del secretario de la Junta diciéndole «basta mi amado Moreno, desde las cuatro de la mañana estoy trabajando y ya no puedo conmigo».

Fue Belgrano un creyente sincero y consecuente con su fe cristiana: «Dios nos da la unión y con ella todo lo resistiremos». Esa era su convicción. Sin embargo, lo definitivo de su conducta fue la lucha política. No dudó entonces en ordenar la detención y remisión a Buenos Aires del obispo de Salta que conspiraba con los realistas.

Una de las facetas más valiosas de este gran constructor fue su convicción acerca de la necesidad de transformar radicalmente el sistema educativo colonial y de instruir al pueblo. Es este sentido fue Belgrano un fundador de una nueva educación para una nueva Patria: «Sin educación en balde es cansarse, nunca seremos más de lo que desgraciadamente somos».

Trabajó sobre los ámbitos más urgentes de la enseñanza primaria y secundaria creando escuelas principalmente para los núcleos más abandonados del sistema vigente: “los indios, los hombres de campo y las mujeres”. En la cuestión de la mujer, denunciaba que “las tenemos condenadas a las bagatelas, y a la ignorancia, a pesar del talento privilegiado que distingue a la mujer”. Defendió la igualdad de los pueblos indígenas asociado a la acción libertaria que cumplía en el alto Perú su primo Juan José Castelli.

Muchas liviandades e irrelevancias se han escrito sobre su vida. Basta decir que tuvo un hijo de su relación con María Ezcurra, que será adoptado por la familia Rosas, y crecerá con el nombre de Pedro Pablo Rosas y Belgrano. Más tarde, en Mayo de 1819, de su amor con la joven tucumana María Dolores Helguera nació su hija Manuela Mónica Belgrano.

Difícilmente nos podamos sustraer de la mejor opinión para finalizar esta breve reseña. Decía el General San Martín de nuestro ilustre patriota: «Belgrano es el más metódico de los que conozco en nuestra América, lleno de integridad y talento natural. No tendrá los conocimientos de un Moreau o un Bonaparte en punto a milicia, pero créame usted que es lo mejor que tenemos en América del Sud». Moría, aquel 20 de junio de 1820, pobre y abandonado en su casa de la calle Santo Domingo (hoy Belgrano).

Creó la Bandera, fundó escuelas, repartió tierras, blandió la espada, impartió justicia, fue amigo leal y sincero, amó y fue amado. Su ejemplo está incrustado en el corazón y la memoria del pueblo

Nota publicada en Página/12 el 19/06/2020

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Entre las plagas y la crisis económica, los aspirantes a ser los “vivos de siempre”

Minuto Uno | Opinión Por Juan Carlos

m1Faltando dos semanas para cerrar la reestructuración de la deuda externa, el Gobierno debe enfrentar duros desafíos en el ámbito nacional e internacional: el coronavirus, la crisis del petróleo, la recesión y ahora el conflicto local con un sector de los grandes productores de soja.

Todos los días llegan noticias de la evolución de la cantidad de damnificados por el coronavirus y el despliegue de crecientes y más severas medidas preventivas. El virus llegó a la Argentina con su impacto en la salud de la población, pero habrá también un impacto económico. China ha parado parte de su producción para combatir el virus, generando así una disminución en el comercio internacional. La correspondiente baja de precios en los commodities ya se está haciendo sentir, por ejemplo, en la soja y el trigo. Pero, sin duda, el mayor golpe lo sufrió el petróleo con una caída de más del 20% en el precio del barril, en el marco de una disputa de hegemonía entre los principales países productores.

Es apresurado pensar que una caída del precio nos beneficiaría como consumidores. Eso es difícil que ocurra. El petróleo es un bien estratégico, y sería lícito proteger las inversiones de shocks pasajeros en los precios. La mirada de mediano y largo plazo daría la razón a este proceder. No sería inteligente dejar que se paralice el sector pues, si en el futuro hay que importar, el crudo habrá que pagarlo con dólares que no tenemos. Por lo pronto, el Ministerio de Desarrollo Productivo dispuso la aplicación de licencias no automáticas para frenar la importación de petróleo, defendiendo la producción local.

De mantenerse estos precios, las ocho provincias productoras de petróleo enfrentarían una reducción de recursos, debilitando el empleo y las arcas fiscales.

El cimbronazo en las bolsas no solo genera una caída de las acciones de las corporaciones, sino que también desencadenó una serie de devaluaciones de las monedas de países que son nuestros socios comerciales como Brasil. Ello vuelve más empinada la posibilidad de vender nuestras exportaciones. A los efectos negativos en cantidades de productos exportadores y bajos precios, ahora se sumaría una desventaja por el tipo de cambio contra esas monedas. El valor del dólar está siendo sostenido por el gobierno con restricciones cambiarias y la intervención del Banco Central. Esta política ha sido muy positiva, ya que ha favorecido la estabilidad de la economía y la baja de la inflación.

En este delicado contexto en el marco de la negociación por la reestructración de la deuda externa -para lo cual es vital exhibir nuestra futura capacidad de pago compatible con crecimiento económico- un sector de los grandes productores agropecuarios desató un lockout, es decir un paro patronal.

Se trata de un sector minoritario, apenas el 26% de los productores sojeros que obstaculiza la llegada de alimentos por el normal abastecimiento. Todo indica que a este núcleo de grandes propietarios; la mayoría de ellos con patrimonios multimillonarios, sólo les importa sostener e incluso potenciar su tasa de ganancia.

Además resulta imprescindible recordar que cuando el gobierno de Macri les impuso retenciones por la exigencia del FMI, lo aceptaron pasivamente. Sin embargo ahora no toleran que suban 3% sólo a la soja para grandes productores, y particularmente cuando tiene como rasgo esencial redistribuirlo al resto del sector, en especial pequeños productores y economías regionales.

No debemos olvidar que ese sector de grandes productores y exportadores se beneficiaron con las sucesivas devoluciones macristas que acumularon un 500% en cuatro años. La situación en materia de alimentos es ya de por sí delicada, justamente porque este rubro es el que aún no cede en su ritmo inflacionario, aunque el motivo principal de este problema es la conducta abusiva de los oligopolios que forman los precios. Esos que el Presidente en varias oportunidades señaló como “los vivos que medran de los bobos”; que vienen a ser los ciudadanos del país.

Para la ciudadanía, la gran diferencia es política. Ahora hay un gobierno que favorece a las mayorías postergando a las minorías de los que quieren perpetrarse como los “vivos de siempre”.

Nota publicada en Minuto Uno el 12/03/2020

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La palabra presidencial: el valor y la potencia de la verdad frente a la inmoralidad de la derecha

Minuto Uno | Opinión

Por Juan Carlos Junio

retenciones-naTodavía resuenan las palabras que pronunció el Presidente de la Nación en la apertura de las sesiones ordinarias ante la Asamblea Legislativa. Si hay un eje que atravesó su exposición fue la apelación a la verdad, sobre todo después del gobierno saliente que, desde los discursos fundacionales del ex mandatario Mauricio Macri utilizó el engaño al electorado como sistema, prometiendo todo tipo quimeras que jamás cumpliría. Aquello de “pobreza cero” o “en mi gobierno ningún argentino pagará impuesto a las ganancias” ya son un símbolo de la utilización de la mentira al pueblo como un instrumento “normal” de la política. Alberto Fernández dejó en claro que está parado en la vereda opuesta de esa interpretación de Maquiavelo. Para avanzar hacia una democracia plena y verdadera se necesita la palabra franca del Príncipe como razón fundamental para construir voluntades duraderas. Una expresión auténtica del jefe de Estado sobre la situación resulta fundamental para interpelar a las grandes mayorías de la sociedad y lograr ampliar esfuerzos y apoyos colectivos.

Ante la crisis social y económica que vivimos, la prioridad es levantar el nivel de actividad del Estado recesivo y reducir la dinámica inflacionaria que horada los ingresos de los trabajadores, incorporando la premisa de hacerlo a través del consenso con los principales actores económicos.

Todo indica que se avanza decididamente en esa línea. El presidente Alberto Fernández ha estabilizado el valor del dólar, frenado la suba de las tarifas de los servicios públicos, bajado la tasa de política monetaria al 38% y consecuentemente de los créditos a pymes y personas, consensuando con los sindicatos elevar los ingresos de los que ganan menos y, a su vez, controlando su incidencia en la inercia inflacionaria. Sin embargo, una vez más, los grandes núcleos empresarios continúan subiendo los precios. Esto ha sido denunciado por el presidente al decir “Argentina no resiste más el abuso de quienes ‘preservan su rentabilidad a costa de consumidores condenados a pagar sus ‘excesos preventivos’”. Y a tal efecto adelantó: “estamos analizando las estructuras de costos de los eslabones de la producción para trabajar en las diferentes relaciones entre intermediarios, logística, canales de comercialización y evitar los abusos de posición dominante”. En esta primera cuestión, la experiencia histórica es irrevocable: las grandes empresas no escuchan invocaciones. Actúan en función de su objeto esencial: potenciar su tasa de ganancias.

El otro pilar del discurso que cimienta la gestión en esta etapa es “comenzar por los últimos para después llegar a todos”. Ello se debe a una decisión moral y política. No es posible ni deseable comenzar por otro sector que no sea el de los más vulnerables, millones de niñas, niños y adolescentes que están pendientes de comer o no comer cada día. A su vez, el equipo económico contempla que esos sectores tienen mayor predisposición a consumir, de forma tal que ayudarían a dinamizar la demanda y la producción del resto de la economía. Esa es la rueda que se está intentando mover para levantar el país. No la rueda de las finanzas y la especulación, ni las abusivas remarcaciones de precios.

Al respecto, los precios de los alimentos continúan mostrando subas por encima del nivel general. En un adelanto del índice de inflación de supermercados elaborado por el CESO se advierte que el incremento de los precios de la última semana de febrero contra el mismo período del mes anterior tuvo un incremento del 3,1%, mientras que los alimentos frescos subieron 4,6% y los secos 3,9%. Allí habrá que buscar a los formadores de precios a lo largo de una gruesa cadena donde al comienzo está la “Mesa de Enlace” y al final los supermercados. El gobierno actuará por los dos frentes. A lo supermercados les aplicará la ley de Góndolas, y al primer eslabón le subirá 3 puntos porcentuales las retenciones a la soja (un 10% más).

Cabe aclarar que ese incremento del 3% significa cerca de 500 millones de dólares y se usarán para compensar al resto del sector agropecuario, en especial a los pequeños productores, cooperativas, economías regionales y para productores alejados de los puertos que tienen alto costo de fletes. Es decir, ese esfuerzo extra reingresa al sector agropecuario. Se trata de un excelente ejemplo de política redistributiva, intrasectorial, que a la postre tiene impacto positivo sobre el resto de la población al contribuir a la baja del costo de los alimentos.

La verdad no ofende, defiende.

Nota publicada en Minuto Uno el 06/03/2020

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Ministro Guzmán: “Señores bonistas prepárense para una frustración”

Minuto Uno | Opinión Por Juan Carlos

mg Pisando marzo ya estamos entrando en la recta final del plazo que se puso el gobierno para resolver la reestructuración de la deuda externa. No hubo declaraciones oficiales de los encuentros entre el ministro Guzmán con los acreedores en Nueva York, pero trascendió que el funcionario les habría planteado a los bonistas que “se preparen para una frustración”. No fue un señalamiento intempestivo. El mes pasado, en Davos, el Premio Nobel Joseph Stiglitz, cercano a Guzmán, ya había dicho que los acreedores debían prepararse para “recortes significativos”.

Es que no se trata de una buena o mala voluntad del gobierno argentino. De hecho, es la misma lógica del mercado. El famoso riesgo país con el que nos intentan correr una vez más, es la diferencia de tasas de interés a la que tenemos que endeudarnos afuera, mucho más alta que la de Estados Unidos. ¿Por qué es esto? Porque se supone que los bonos del Tesoro norteamericano no tienen riesgo, entonces pagan una tasa de interés muy baja, en cambio Argentina es un país con riesgo de no pago, por tanto, a modo de compensación el mercado exige una tasa más alta como condición para prestarnos. Muy bien. Argentina se ha endeudado, de mala manera, con el gobierno de Macri. Lo que estamos señalando es que los bonistas no pueden hacerse los distraídos y pretender cobrar todo como si acá no hubiera pasado nada, como si fuéramos el Tesoro norteamericano libre de riesgos.

Si quieren cobrar todo sin quita, entonces tendrían que reintegrar las ganancias exorbitantes que tuvieron todos estos años por las tasas de interés que les pagamos porque nos calificaron de país riesgoso. O que la diferencia la tendría que pagar las calificadoras internacionales como Morgan Stanley, Standard & Poors y Moodys, quienes durante los tiempos macristas nos descalificaron para que les paguemos tasas carísimas. De allí que Stiglitz dijo que los acreedores “deberían haber sabido el riesgo”.

Así funciona el mercado. Un ejemplo palmario del tratamiento de los riesgos financieros lo está dando el coronavirus. El Banco Mundial venía financiando con bonos un programa mundial contra epidemias. Los bonistas cobraban una tasa muy lucrativa. Pero los prospectos de esos bonos tenían cláusulas que especificaban que en caso de epidemia no cobraban nada. Se trata de bonos que relacionan la cantidad de muertos con riesgo y tasas de interés. Ahora están a la espera que la Organización Mundial de la Salud defina la calificación de pandemia. Pero en este mundo tercerizado, es una empresa norteamericana con sede en Boston llamada AIR Worldwide la encargada de determinar si se pagan o no esos bonos. Bien, todo esto no es ciencia ficción, sino que es el capitalismo que desnuda sus esencias.

Cada uno sabe las reglas y los bueyes con los que está arando. Si el pueblo argentino está siendo convocado por el gobierno a realizar un esfuerzo, cada uno desde su lugar y posibilidad, cuidando a los que menos tienen, es de esperar que los bonistas de los grandes fondos extranjeros también sean compelidos a poner algo de lo que ganaron.

Además, tiene que quedar claro que estos bonistas no tendrían pérdidas propiamente dichas. Lo que se está proponiendo no implica pérdidas patrimoniales, sino que dejen de ganar tanto como pensaban. La frustración de la que habló el ministro tiene que ver con una fantasía de ganancias imaginarias, una expectativa que se ha alejado de la realidad mostrada por las altas tasas y el riesgo asociado.

¿Tendrán los fondos Blackrock, Templeton, Marathon y Fidelity tolerancia a la frustración? Una reestructuración madura sería una oportunidad para que la superen.

El país está en vilo esperando ordenar el frente externo para dinamizar la recuperación. El gobierno transita con determinación el camino de privilegiar a los afectados por la cultura del descarte, ya que “sin pan no hay democracia ni libertad”, como señaló el Presidente ante la Asamblea Legislativa.

Estos esfuerzos económicos para algunos son a su vez esfuerzos políticos que dan cuenta de la voluntad del Presidente de realizar transformaciones progresistas que mejoren la vida de trabajadores y clases medias.

Nota publicada en Minuto Uno el 27/02/2020

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La disputa con los prestamistas: “la sociedad argentina está primero”

Minuto Uno | Opinión

Por Juan Carlos Junio

mg La Argentina se encuentra en medio de una negociación crítica para reestructurar su deuda pública externa con los bonistas locales e internacionales y con el FMI, contraída por el gobierno de Mauricio Macri. El ministro Guzmán en el Congreso fue categórico sobre las prioridades “el gobierno no va a permitir que fondos de inversión extranjeros marquen la pauta de nuestra política macroeconómica”, “la sociedad argentina está primero”. Y emulando el Juicio a la Junta Militar de la dictadura, sentenció “Nunca más a los ciclos de sobreendeudamiento. Nunca más a ciclos que destruyen oportunidades”. Mientras tanto, un abogado de los fondos buitre que nos confiscó la Fragata Libertad en Ghana, empezó a trabajar con los ahora llamados benévolamente “bonistas”, que antes eran simplemente “prestamistas”.
El sector financiero internacional y el FMI tomaron nota de la posición argentina. Ambos eligieron la tribuna más calificada de los grandes especuladores internacionales del Financial Times para publicar su visión sobre la deuda de nuestro país. Obviamente el periódico se puso del lado de los bonistas. En una editorial muy dura contra Argentina comienzan reconociendo que lo recibido por el presidente Alberto Fernández de su predecesor Mauricio Macri “es tóxico” y destacando la existencia de “una profunda recesión, una de las tasas de inflación más altas del mundo y una deuda nacional que se acerca al 90% del PIB”. La mirada que tienen de nuestro país es coherente con la que tienen los ingleses desde el mismo nacimiento de la Patria. Señalan que nuestra economía “está bendecida con abundantes recursos naturales”, que tenemos que apoyarnos en “los sectores más competitivos como la agroindustria”, al tiempo que critican “los controles de precios y de cambio, los mayores impuestos a la exportación, la abundante impresión de dinero y que el aumento de las dádivas sociales no suman a la prosperidad”. En definitiva, se trata de un conservadurismo que repite las viejas y fracasadas zonceras del modelo agroexportador, apertura al flujo de capitales, y no intervención del Estado. Es la misma posición de la Sociedad Rural Argentina y del Foro de Convergencia; o sea, del gran empresariado local y extranjero asociados a los prestamistas internacionales.

Georgieva, la presidenta del FMI, sorprendió con una nota publicada también en el Financial Times, en la que admite que el enfoque del organismo no toma en cuenta características propias de los mercados emergentes. Como ejemplo señaló que la deuda de estos países está en dólares, lo que puede causar que el tipo de cambio resulte un amplificador de shock que incrementa los costos y pasivos de la deuda. A pesar de su lenguaje críptico, se trata de una crítica al libre movimiento de los flujos de capitales y las recetas monetarias y cambiarias del FMI. O sea que la directora del FMI critica al FMI. Surge entonces un interrogante obligado: ¿qué está pasando en la cima del FMI? Si bien registramos el aparente cambio de enfoque, lo que Georgieva dice es que ahora conviene enfocarse directamente en las políticas fiscales, es decir, el gasto público y la recaudación. Todo indica que el caso argentino es muy grave. La ortodoxia de Sturzenegger y Macri llevó al máximo la suba de tasas y, una vez más, fracasó rotundamente en bajar la inflación, atraer inversiones para terminar con una gran crisis de deuda. Ahora el FMI se propone discutir nuestro presupuesto.

Durante 2019 los salarios en blanco perdieron el 6,1% de poder adquisitivo contra la inflación. El mayor retroceso se dio desde la derrota de las PASO, es decir cuando se sabían perdedores y dejaron agravar la crisis con la devaluación, el cepo y el “default selectivo”. Se fueron fieles a su historia. En los cuatro años de Macri la pérdida del salario formal real fue de 19,5%.

En ese marco, mientras se negocia la deuda externa, el gobierno comienza por la recomposición de ingresos “de los últimos para después llegar a todos”, como dijo Alberto Fernández. Al ya otorgado aumento de los haberes previsionales y la gratuidad de los remedios del PAMI se suma un reintegro de hasta $700 en el IVA de los jubilados que cobran la mínima, manteniendo el congelamiento de tarifas y combustibles. El derrotero iniciado el 10 de diciembre muestra a un gobierno que cumple con su promesa electoral aprobada en las urnas por la mayoría de la sociedad.

Nota publicada en Minuto Uno el 20/02/2020

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De tierra de “oportunidades” a tierra “arrasada”

Minuto Uno | Opinión Por Juan Carlos Junio

m1 Un siglo atrás, más precisamente un 15 de abril de 1919, un periódico norteamericano de Nueva York publicaba una publicidad que decía: “Cuba, la tierra de las oportunidades”. Acababa de concluir la Primera Guerra Mundial, y Cuba se había transformado en el principal productor y exportador de azúcar. Sin embargo, con el fin de la guerra y el restablecimiento de los habituales canales de comercio, la demanda cayó, con ella se produjo una abrupta baja de los precios del monocultivo que había desplazado al café y crecido en base al desmonte rural. El resultado: beneficio para unos pocos terratenientes y para la poderosa United Fruit Company.
Por eso pareciera que la enajenación del patrimonio nacional se le ofreció nuevamente al primer mundo, pero ahora como farsa resulta inaceptable. Hace cuatro años el gobierno de Macri dio a conocer el prospecto para la emisión de deuda para pagarle a los fondos buitres bajo el lema: “Argentina, tierra de oportunidades”. A partir de allí, en un período récord, el anterior gobierno mutiló la estructura industrial, vapuleó el entramado social, cultivó una deuda que germinó como hierba mala y transformó a nuestro sistema productivo y al tejido social en la tierra arrasada sobre la que debemos transitar. En este caso las ganancias fueron a parar a unos pocos fondos de inversión y especuladores locales e internacionales, pero la historia en general no es muy distinta para los trabajadores y las trabajadoras y las mayorías de las clases medias.

La responsabilidad del anterior gobierno y del propio FMI deberá ser objeto de una investigación sobre lo hecho, como planteó recientemente Cristina Fernández. La problemática de la deuda pone al país en una situación extrema, ya que compromete el presente y el futuro. Sin un margen importante de tiempo no es posible disponer de recursos para atender las múltiples emergencias sociales y productivas. Tampoco es posible encarar de la mejor manera la construcción de un proyecto de país soberano que pueda usufructuar sus generosos recursos naturales y humanos. En este marco resulta imprescindible valorar el reciente anuncio de la incorporación de 1100 profesionales al CONICET, más un incremento de 25% en los subsidios dirigidos a la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica, que se suman a los aumentos del monto de las becas. Todo lo contrario de lo que hizo Cambiemos con su modelo de ajuste y endeudamiento. La experiencia propia e internacional demuestra que un país que aspira al desarrollo de su industria, debe invertir en ciencia y tecnología. Esto también es soberanía.

No está de más preguntar qué significa alcanzar un sendero sostenible. En principio, se trata de llegar a un acuerdo que permita que el país crezca. Va en línea con el pensamiento que acaba de transmitir el Presidente: “no puede ser que les pidamos a los sindicatos y jubilados que sólo aspiren a empatar este año y que los acreedores nos exijan siempre ganar y nos amenacen con ponernos al límite”. Una postura que explica la decisión reciente de reperfilar el bono AF20, exceptuando a los tenedores minoristas, dando un paso importante ya que postergó el pago de este bono, que dejó como “presente griego” el gobierno de Macri.

La corresponsabilidad de los acreedores es un argumento a tener en cuenta, tal como en su momento dijeron distintas personalidades como Joseph Stiglitz y ahora repuso con énfasis Cristina Fernández. El estatuto del FMI prohíbe prestar fondos que serán fugados, como ocurrió en nuestro caso, además de soslayar la imposibilidad de repago en los términos (plazo y tasas) establecidos. El descontento social que atraviesa a la región y los cambios que se están produciendo en el escenario geopolítico y comercial global, son aspectos que pesan a la hora de llegar a un mejor acuerdo. La determinación del gobierno argentino es clara, no se puede aceptar llegar a un arreglo con los acreedores externos rápido y a cualquier precio. En tal sentido, el ministro Guzmán fue contundente: “este gobierno no va a aceptar que la sociedad quede de rehén de los mercados financieros internacionales, ni favorecerá a la especulación sin el bienestar del pueblo”.

Es suma, no hay nada más prioritario que la enorme deuda social. Ese es el reto de la hora actual.

Nota publicada en Minuto Uno el 12/02/2020

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De la bendición del Papa, a la moratoria de Marcó del Pont

Minuto Uno | Opinión

Por Juan Carlos Junio

af La reunión en el Vaticano de nuestro ministro de Hacienda, Martín Guzmán, con el FMI como parte de las negociaciones por la deuda externa argentina puede a simple vista parecer una escena de realismo mágico. Pero lo cierto es que las expresiones del papa Francisco describen crudamente lo que pasa en el planeta.

En el encuentro titulado “Nuevas formas de Solidaridad” el Papa puso como premisa que “el mundo es rico”, que “el ingreso mundial de este año será casi 12.000 dólares per cápita, pero cientos de millones de personas están sumidas en la pobreza extrema, y carecen de alimento, vivienda, atención médica, escuelas, electricidad, agua potable y servicios de saneamiento adecuados e indispensables”, e inclusive habló de “nuevas formas de esclavitud”.

Puntualizó que cinco millones de niños menores de cinco años morirán en el 2020 a causa de la pobreza, y que 260 millones carecerán de educación. Lejos de ser un sermón religioso, las palabras de Francisco podían ser dichas por un dirigente social en uno de los tantos reclamos que demanda el Tercer Mundo.

Igual de sugestiva fue su indicación de que estos temas “no deben ser motivos de desesperación, sino de acción”. Pues “se trata de problemas solucionables, y no de ausencia de recursos”. Efectivamente los recursos existen. La siguiente “oradora” fue la presidenta del FMI quien señaló que el 8% del PBI mundial se evade. Claro que estamos hablando de la gran evasión de las finanzas globales, en las guaridas fiscales.

En este momento, nuestro país se encuentra en medio de la negociación para reestructurar su deuda externa. Con este propósito, el presidente Alberto Fernández armó una gira en la cual cosechó el apoyo de Israel, Alemania, Francia, España, mostrándose como un estadista regional. Lo interesante es que el Gobierno argentino no reestructura su deuda aceptando los tradicionales condicionamientos del FMI. Un buen ejemplo es el ofrecimiento de una moratoria para las deudas que las pymes tienen con el fisco. Se trata de una clara determinación para ayudar a salir de la recesión, opuesta a la ortodoxia fundamentalista.

En igual sentido puede tomarse la decidida baja de la tasa de interés de referencia que está llevando a cabo el Banco Central de la República Argentina. Todo el esfuerzo está encaminado a la reactivación productiva para salir de la recesión. Según el Indec, el Estimador Mensual de Actividad Económica de noviembre respecto a igual mes del año anterior dio -1,9%. El acumulado del 2019 respecto al 2018 fue -2,3%. En la variación anual, sectores importantes como industria, comercio y construcción se encuentran aún peor, con caídas de -4,8%, -5% y -6,7% respectivamente. En 2019 cerraron 48 empresas por día. En los últimos cuatro años, 25 mil.

Al anunciarse la moratoria a las pymes –que incluye también monotributistas, autónomos y entidades sin fines de lucro, como cooperativas o clubes de barrio- las autoridades señalaron que la deuda con la AFIP es mayor a 400.000 millones de pesos. La propia titular, Marcó del Pont, señaló que equivale al 80% de los créditos comerciales del sistema bancario argentino.

¿Tienen la culpa algunas pymes por haberse atrasado con el fisco? De ninguna manera. Lo que queda claro es que los cuatro años de retroceso en el nivel de actividad y las tasas de interés por las nubes hacían muy difícil cumplir con las obligaciones fiscales.

El ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, hizo mención a que las pymes se encuentran en una situación de ahogo financiero después de años de caída de la actividad, los salarios y el consumo, al mismo tiempo que hubo un aumento “monstruoso” en las tasas de interés. Las pymes generan más de la mitad del PBI y casi ¾ del empleo privado, y las principales damnificadas son las más chicas. Poco más del 90% de las empresas afectadas por la crisis son establecimientos que emplean hasta 10 trabajadores.

El plan de moratoria permitirá financiar a plazos de hasta 10 años toda deuda impositiva, aduanera y de la seguridad social. Incluye la condonación parcial de intereses y total de multas. De esta manera, las empresas gozarán de una quita promedio del 42% del total de sus deudas. Además, comenzarán a pagar a mediados de julio. Y sobre todo, se suspenden la acción penal y los embargos.

Ya tenemos la bendición del Papa, la moratoria de Marcó del Pont, las diversas políticas de reactivación de Alberto; falta que Kristalina y el FMI no hagan lo mismo de siempre.

Nota publicada en Minuto Uno el 06/02/2020

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Un mes de gobierno: fuerte transferencia hacia los sectores más postergados

Minuto Uno | Opinión

Por Juan Carlos Junio

afCerca de cumplir el primer mes de gobierno, pueden verse las principales definiciones de lo que se espera será la presidencia de Alberto Fernández. El mensaje fundamental de la campaña fue poner a la Argentina de pie empezando por los sectores más humildes. Claro que tras cuatro años de neoliberalismo aquel enunciado presidencial de “comenzar por los últimos para después llegar a todos” incluye a vastos sectores de la clase media: trabajadores con buenos ingresos, profesionales, pymes, etcétera.

Macri dejó una economía en recesión, con inflación descontrolada, endeudada y con una fragilidad externa en materia de divisas que lo llevó a un default parcial y a la reposición del control de cambios. Ante tamaño descalabro, lejos de aplicar un plan ortodoxo el presidente Alberto Fernández tomó rápidas medidas para fortalecer los ingresos de vastos sectores postergados e ir dinamizando el mercado interno.

Uno de los notables contrastes con el inicio de la gestión macrista es que no asumió el gobierno disparando el dólar oficial, sino que administró los controles de cambio de manera selectiva para no perjudicar la recuperación industrial y evitar la consabida suba de los precios. Se desalienta la utilización de dólares para ahorrar en dicha divisa, así como el turismo y compras en el exterior. Cabe aclarar que este gasto de bienes y servicios no están prohibidos, simplemente salen más caros.

Este agujero de las cuentas externas que dejó el neoliberalismo al ensayar una apertura irresponsable no se buscará cerrar con nueva deuda. Por el contrario, de hecho, Alberto Fernández instruyó a no tomar la última cuota pendiente del acuerdo con el FMI.

Así mismo, en vez de seguir apretando el torniquete con el dogma de la restricción monetaria, la tasa de interés de referencia bajó en forma sustancial, dando claras señales a la producción de transitar un camino de baja de las tasas de interés.

Otra medida que se diferencia con el gobierno anterior fue el fin de la política del tarifazo permanente. Alberto Fernández congeló las tarifas de luz, gas y de transporte por 180 días. Vencido ese plazo se descuenta que las tarifas estarán desdolarizadas.

Por otro lado, se extendió el programa de Precios Cuidados tomando más y mejores productos, y se bajó la tasa de interés del programa Ahora 12. A través del ANSES se pondrán en marcha una línea de créditos no bancarios a tasas subvencionadas para comprar herramientas o bienes de capital.

La ley de emergencia aprobada por el Congreso vino a poner en práctica los elementos redistributivos prometidos en la campaña. A los impuestos al dólar ya mencionados, se agrega la recuperación de las alícuotas del impuesto bienes personales, que en el mundo se conoce como impuesto a la riqueza, con un agregado más fuerte a los capitales que fueron blanqueados; y se incrementaron moderadamente las retenciones agropecuarias contemplando situaciones de economías regionales. Con estas medidas, el mayor peso contributivo caerá en los que más tienen. Por eso se dispuso también una amplia moratoria a las pymes respecto a sus deudas con el fisco y la seguridad social.

Respecto al empleo, el gobierno dispuso el pago de doble indemnización por seis meses para desalentar despidos en el sector privado. También consensuará un aumento por decreto de los salarios de los trabajadores, tanto públicos como privados.

Esta política de incrementos de ingresos no solo alcanza a los trabajadores del sector formal, sino que se otorgarán bonos a jubilados y a beneficiarios de la AUH. Todas las jubilaciones recibieron el último ajuste de la movilidad, mientras que la gran mayoría están recibiendo un bono de 10 mil pesos, mitad en diciembre y mitad en enero, y en marzo recibirán otro aumento.

Por su parte, los titulares de la AUH recibieron un bono de 2000 pesos además de una tarjeta alimentaria que va de 4.000 a 6.000 pesos, y la devolución del IVA que ellos conservan. Aquí hay que decirlo: este gobierno no subió el IVA, como han titulado algunos medios, sino que se terminó la baja excepcional y generalizada que había ensayado de forma desesperada el macrismo al haber perdido las PASO. Solo les mantiene la baja a los sectores que realmente están pasando hambre, haciendo más eficiente la política en la materia.

Como puede verse, en apenas un mes de gobierno se ha puesto en marcha un rumbo firme de recuperación económica en base a la progresividad, con la mira puesta en transitar un camino “con dignidad, rumbo al desarrollo con justicia social”.

Nota publicada en Minuto Uno el  04/01/2020

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Los retos de la transición hacia otro proyecto político

Minuto Uno | Opinión

Por Juan Carlos Junio

alberto-20cristinaYa es un hecho; de confirmarse en las elecciones generales el resultado de las PASO, la Argentina ingresará en la transición. El Pueblo argentino ha rechazado mayoritariamente al liberalismo, después de la experiencia negativa de los últimos cuatro años. Como si quedaran dudas, al otro lado de la cordillera se agitan las sombras de las llamas ardientes del modelo chileno, diseñado por los Chicago Boys y tan mentado por los liberales criollos. Se les quemaron los papeles. Sin embargo, en nuestro país la transición no estará libre de todo tipo de obstáculos. Restaría cerca de un mes y medio hasta el traspaso de mando. Una eternidad, sobre todo en esta fase donde la crisis ya tiene una dinámica propia.

Uno de los problemas estructurales más graves es la inflación. Macri dijo que nuestro país es “como un alcohólico recurrente con la inflación”. Sin embargo es el Presidente quien ha descorchado la inflación más alta desde los años de la hiper. Sorprende también que haya dicho: “no podemos resignarnos a no tener nuestra moneda”, cuando en su gestión dolarizó las tarifas de los servicios públicos, los combustibles, los alimentos y los medicamentos. A su vez, con sucesivos shocks cambiarios y la persistencia de tasas de interés muy elevadas, fue generalizando el proceso dolarizador al resto de los bienes y servicios. También se refirió a “la incapacidad de tener una moneda sana”, usando la expresión de uno de los informes del llamado “Plan Prebisch” de los golpistas de 1955, “Moneda sana o inflación incontenible”.

El gran empresario Ratazzi aprovechó para opinar nuevamente: “hay inflación porque estamos enfermos”, y ya que estaba, hizo gala de su ignorancia sobre la historia argentina al decir que el golpe del 30 “fue raro, semicivil y semimilitar”, para pasar a protestar por la creación de las juntas de granos, de carne y del Banco Central. Es decir, todas las instituciones por las cuales el Estado puede intervenir en la regulación de precios vitales para la vida ciudadana. Pero sus fallidos históricos no implican que desconozca que es inminente en la Argentina un verdadero cambio de época y entonces intentan resistir a perder sus privilegios, entre ellos la “libertad” para formar los precios a “piacere”, para conservar su principio sagrado: la tasa de ganancia.

Desde la derrota en las PASO, el gobierno ha dejado una zona liberada para que se ajusten los precios a la alza. Primero Macri dejó volar el dólar para castigar a los votantes “culpables”. Ahora, tras las elecciones, las cadenas de supermercado advierten que sus proveedores están confeccionando nuevas listas de precios para anticiparse al congelamiento que podría surgir en el próximo gobierno. Se habla de un 15% promedio.

Mientras tanto se conoció la variación del IPC de septiembre que fue de 5,9% con relación al mes anterior. Pero algunos rubros como Salud subió 8,3%, y prendas de vestir y calzado 9,5%. En CABA una familia debe ganar cerca de 35.000 pesos para no ser pobre. Mientras que la canasta de indigencia se ubicó en $ 17.164,45, acumulando un incremento anual del 57,9%. Pero el empobrecimiento recae sobre otros sectores. Una familia de clase media, para ser considerada como tal por el instituto de estadísticas de la Ciudad, necesita superar los $ 54.338,79 por mes. Siempre y cuando sea propietaria de la vivienda. Si ese no es el caso, debe sumarse de alquiler entre 15.000 y 25.000 pesos. Así que estamos hablando de un ingreso superior a los 70.000 pesos para no caer en la pobreza. Otro testimonio de este deterioro de ingresos de la clase media es la pérdida de 250 mil alumnos de los colegios privados en CABA y provincia de Buenos Aires debido al aumento de las cuotas y matriculas los establecimientos.

Fracasada la política de ajuste monetarista para controlar la inflación, ahora todos reconocen la necesidad de un pacto verdadero de precios, porque el “pacto de caballeros” de Dujovne quedó en la nada; ni pacto ni caballeros. Claro que un acuerdo de tal envergadura no puede realizarlo un gobierno en retirada. El Ministro Dante Sica declaró temerariamente que “estamos administrando una economía kirchnerista por obligación”.

A este raid de declaraciones sin sentido ni destino, propias de fin de ciclo, se sumó el canciller Jorge Faurie. Se refirió al levantamiento del pueblo chileno contra el gobierno derechista del amigo presidencial Sebastián Piñera con sorna, hablando de “brisa bolivariana”. Más que brisa, lo que hay allí es un huracán contagioso que se propone correr el andamiaje neoliberal del Continente, abriendo paso a una nueva época, democratizando la riqueza y en la que los pueblos sean soberanos de su destino.


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Lo prioritario y urgente es la deuda social

af-hambreSi algo resulta inapelable en nuestro país en estos días es que estamos ante un inminente cambio de época. Una vez más nos identificamos con aquella canción que inmortalizó Mercedes: “y así como todo cambia, que yo cambie no es extraño”.

Más allá de que aún faltan los comicios definitivos, el resultado de las PASO desató un clima de fin de ciclo del proyecto macrista. Ello se ve reflejado en la campaña de los candidatos: mientras Macri intenta apelar infructuosamente a una épica micro militante tardía arengando a un puñado de vecinos para revertir lo imposible, Alberto Fernández viene de realizar una gira mundial digna de jefe de Estado y acaba de lanzar un ambicioso plan contra el hambre con una amplia representación social.

La expectativa de un cambio de modelo económico está descontada. En los pronunciamientos de los Fernández y sus voceros económicos más cercanos, queda claro que se termina la etapa de especulación financiera y dominio de un núcleo minúsculo de grandes empresarios, para dar lugar a una economía de producción y empleo, en base a un mercado interno vigorizado vía aumento de los salarios y las jubilaciones. El punto radica en pensar cómo será el tránsito hacia una democratización de nuestras riquezas y sobre quiénes recaerá el mayor peso del esfuerzo para redistribuir los ingresos generados por la sociedad.

En los gobiernos liberales -sin ir más lejos, el que está yéndose-, es común que se proponga la consabida teoría del derrame, es decir, primero llenar la copa de los ricos para que después rebalsen los beneficios hacia los de abajo. Lo cierto es que lo primero siempre ocurre, en cambio, lo último nunca se cumple. Deberíamos preguntarnos qué clase de modelo de sociedad nos vuelven a proponer que nos remite al estado de naturaleza primitiva sustentado en el predominio de los más fuertes y luego, si queda algo, comen los más débiles. Esa lógica de la prepotencia del más fuerte es la ética de un capitalismo desatado.

Actualmente, a pesar de su envoltorio, el argumento es que la manada debe premiar a los cazadores más vigorosos (la meritocracia). Ellos serían luego los que conseguirán alimento para el resto. Trasladar este comportamiento al mundo social conlleva no solo renunciar a los preceptos civilizadores más elementales de la vida en comunidad, sino que implica una mirada sobre la economía que pierde de vista que es una ciencia social y que su sentido esencial es beneficiar a la sociedad. Por eso salud, educación, acceso a bienes públicos, inclusión y niveles de participación ciudadana, no deben ser concebidos como gastos, sino como una verdadera inversión que redunda en un mejor país para todos.

Con Macri, las mieles fueron siempre hacia los sectores más poderosos. Por ejemplo, el presupuesto presentado el año pasado para este 2019 ya contemplaba que el pago de intereses de deuda crecería 10%, mientras que los desembolsos para seguridad social de los jubilados y pensionados apenas un 1%. Esas proporciones serán revertidas en el nuevo gobierno. Macri arrasó la caja de las jubilaciones. Como señala el periodista Alfredo Zaiat, recibió el Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) con activos por 67 mil millones de dólares y hoy tras las duras devaluaciones auto inflingidas apenas llegan a 22 mil millones. Así, en cuatro años perdió casi 70% en dólares. Se trata entonces de identificar claramente a los ganadores y perdedores del modelo que culmina. Alberto Fernández ya se ha referido críticamente a la especulación financiera. Un buen lineamiento inicial sería obtener recursos de los sectores económicos que han tenido rentas extraordinarias, el financiero es uno de ellos, pero también cabrá revisar los balances y contratos de las empresas de servicios públicos privatizadas, incluyendo el sector energético, las mineras, los grandes agroexportadores y otros.

Respecto a los sectores más humildes, ahora ampliamente empobrecidos, las diferencias entre Alberto Fernández y Macri surgen con nitidez. Mientras que para el presidente actual la pobreza es sólo un slogan de campaña, que lejos de llevarla a 0 llegó al 35,6% y a fin de año estará cerrando en torno al 40%, Alberto Fernández lanzó el “Plan Argentina sin Hambre” convocando a una vasta red de organizaciones, cámaras empresariales, y distintos niveles de gobierno para lo cual se sancionarán leyes y destinarán fondos muy importantes. Un plan de esta envergadura da cuenta de la utilización plena de las capacidades del Estado para priorizar y dar solución al flagelo inmoral del hambre de nuestros niños y adolescentes en el país de la producción de los alimentos para medio mundo.

En suma, lo esencial es salir al encuentro prioritariamente y en forma urgente de la deuda social con nuestro propio pueblo: asalariados y jubilados despojados en sus ingresos, pymes y clases medias atacadas por tarifazos y créditos a tasas usurarias, jóvenes universitarios y científicos abandonados por un estado negador de su rol social. Todo cambiará.

Nota publicada en Minuto Uno el 11/10/2019

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